
En la comunidad El Salao, Nelquin Cardozo lidera un proyecto familiar que apuesta por variedades como Catuaí rojo y Arábica, con manejo totalmente orgánico, sin quemas y con técnicas sostenibles que mejoran la productividad y preservan el medio ambiente



En la comunidad El Salao, ubicada en el municipio de El Torno, se encuentran los cafetales de Doña Felipa, un proyecto familiar que comenzó hace 15 años y que hoy se consolida como un ejemplo de perseverancia y trabajo sostenible, con grandes frutos y planes de expansión.
Nelquin Cardozo, encargado del Cafetal Doña Felipa, explicó que existen muchas variedades de café en el mundo, pero que en su finca se enfocan principalmente en la producción de Catuaí rojo, con pequeñas proporciones de Catuaí amarillo y Arábica.
El especialista detalla que el Catuaí no es una especie distinta, sino una variedad híbrida del café Arábica, resultado del cruce entre Mundo Novo y Caturra, desarrollado para combinar la resistencia de una variedad con el alto rendimiento de la otra. Por su parte, el Arábica es una de las especies más reconocidas y cultivadas a nivel mundial, conocida por ofrecer sabores suaves, delicados y aromáticos. En cambio, el Catuaí destaca entre sus subvariedades por su perfil de sabor complejo y versátil, cualidades que lo hacen muy apreciado por los amantes del buen café.
“La diferencia es que los granos son más grandes, por ejemplo, el Catuaí rojo es mucho más grande que las otras variedades, y la diferencia también se puede distinguir en el sabor: el Catuaí tiene más sabor, más cuerpo. En el manejo es todo por igual porque aquí en la propiedad los tenemos mezclados”, explicó Cardozo mientras mostraba los cafetales que crecen bajo la sombra de árboles nativos.
El encargado resaltó que todo el manejo del cafetal es completamente orgánico. En Doña Felipa no se utilizan agroquímicos para el control de plagas ni fertilizantes sintéticos, sino que se recurre a prácticas tradicionales y sostenibles, aprovechando recursos naturales y materiales caseros para nutrir las plantas.
“Utilizamos cal, azufre cálcico, utilizamos también desechos de los animales como abono, utilizamos cenizas para dar mayor nutrición a la planta, utilizamos urea también para el abono”, señaló.

“Hasta hace 15 años se realizaban quemas para limpiar, pero uno con el tiempo va aprendiendo. Preparamos el terreno donde haya árboles porque en estos sectores el café debe tener sombra, ya que el sol castiga mucho al café”

Uno de los aspectos más importantes que destaca Nelquin es que para establecer las plantaciones no realizaron ningún tipo de quema del terreno, una práctica que todavía persiste en algunas zonas rurales.
“Hasta hace 15 años se realizaban quemas para limpiar, pero uno con el tiempo va aprendiendo. Preparamos el terreno donde haya árboles porque en estos sectores el café debe tener sombra, ya que el sol castiga mucho al café”, explicó, refiriéndose a la importancia del microclima y la protección natural para el buen desarrollo del cultivo.
Para la producción de plantines, utilizan tierra negra y técnicas de germinación, lo que les permite proyectar la expansión de nuevas áreas de cultivo. Actualmente, la finca alcanza una producción de hasta 8 quintales en dos hectáreas de café, un rendimiento que esperan incrementar con el tiempo y la mejora de sus prácticas agronómicas.
Cardozo advirtió que es importante evitar sembrar café junto a árboles frutales, ya que estos pueden atraer plagas que posteriormente afectan al cafetal. En este momento, las plantaciones presentan una combinación de plantas en fruto y otras en floración, y se prevé que la cosecha principal se realice entre los meses de abril y mayo.
Entre las plagas más comunes que enfrentan los cafetales de la zona, mencionó a la roya, el eliminador y el ojo de gallo, siendo la primera la de mayor incidencia.
“Mayormente es la roya la que nos ataca mucho, y la combatimos con caldos elaborados con azufre cálcico y cal”, explicó.
El trabajo en el Cafetal Doña Felipa refleja un modelo de producción sostenible, respetuosa con el medio ambiente y basada en la experiencia adquirida con los años, demostrando que la tradición cafetalera puede convivir con prácticas ecológicas que preservan el suelo, la biodiversidad y la calidad del café boliviano.
Fuente: Nelquin Cardozo
Redacción: Publiagro













