
Agrónomos destacan la importancia del monitoreo, el control preventivo y el uso de enemigos naturales para garantizar productividad

El tema de plagas agrícolas es dinámico y cambia constantemente. Cada año surgen nuevas especies con importancia económica significativa, lo que obliga a los agricultores a mantenerse atentos mediante monitoreos periódicos para identificar qué organismos afectan sus cultivos y cuáles representan la mayor amenaza.
La ingeniera agrónoma Jovanna Vargas explica que la realización de estos monitoreos es fundamental para garantizar el éxito en el control de plagas, constituyendo la base del programa de manejo integrado de plagas (MIP).
“Conocer a la plaga, saber su taxonomía y en qué etapa del cultivo atacan es fundamental para después encararla con cualquier herramienta de este edificio de control que tenemos”, señala Vargas.
Plagas de mayor incidencia
Entre las plagas que hoy representan un desafío crítico para los agricultores se encuentran:
- Ácaros: considerados una de las plagas más importantes en diversas zonas de producción debido a su rápida reproducción y capacidad de adaptación.
- Spodoptera frugiperda: históricamente relevante en maíz, sorgo y gramíneas, pero que ahora también afecta significativamente la producción de soya, causando pérdidas económicas importantes.
- Pegador de hoja: algunas moléculas químicas que antes eran altamente efectivas han perdido eficacia, lo que obliga a implementar otras estrategias de manejo.
- Trips: especies como Frankliniella y Caliothrips se han visto favorecidas por inviernos más secos en los últimos años, incrementando su impacto negativo en los cultivos.
“Estas plagas son las que tienen mayor incidencia en el campo, pero el agricultor todavía tiene formas de controlar las otras plagas que también son importantes, pero lastimosamente las que hemos mencionado están resistentes a las aplicaciones”, explica la ingeniera.

«Conocer a la plaga, saber su taxonomía y en qué etapa del cultivo atacan es fundamental para después encararla con cualquier herramienta de este edificio de control que tenemos”


Estrategias de control
El combate efectivo de las plagas requiere un conocimiento profundo de las características físicas y químicas de los productos disponibles, así como del momento óptimo para su aplicación. Los controles deben ser preventivos, apoyados por monitoreos constantes para maximizar la eficiencia.
“No solo se debe pensar en el control químico, sino también en otras herramientas de manejo”, enfatiza Vargas. Entre estas estrategias, los cultivos de servicio juegan un papel importante: proporcionan refugio y alimento para los enemigos naturales de las plagas, contribuyen con nutrientes al suelo y ayudan a mantener un equilibrio ecológico que reduce la presión de plagas.
Retos actuales: resistencia y manejo oportuno
Algunas plagas muestran ya síntomas de resistencia a los productos químicos tradicionales, especialmente en parcelas donde los controles preventivos no se realizan correctamente. La falta de aplicaciones oportunas puede derivar en reducciones significativas en el rendimiento del cultivo.
“El control de una plaga depende de muchos factores: el clima, la logística del agricultor para hacer aplicaciones, el momento de aplicación, y el tema de la resistencia”, comenta la ingeniera. Quienes mantienen monitoreos constantes y aplican medidas preventivas logran un control más eficiente, minimizando el impacto económico.
Datos investigativos relevantes
Estudios recientes en la región muestran que el manejo integrado de plagas (MIP) puede reducir las pérdidas por plagas entre un 15% y 40%, dependiendo del cultivo y la plaga involucrada. Asimismo, se ha evidenciado que la combinación de control biológico (enemigos naturales), cultural (rotación y cultivos de servicio) y químico de manera estratégica es la forma más eficiente de prevenir daños severos.
Investigaciones en cultivos de soya y maíz indican que la Spodoptera frugiperda puede provocar hasta un 30% de pérdida de rendimiento si no se gestiona adecuadamente, mientras que los ácaros y trips pueden reducir la productividad entre un 10% y 15% en condiciones de infestación elevada.
Con la aplicación de un MIP bien estructurado, los agricultores pueden minimizar la dependencia de productos químicos, mantener la rentabilidad y reducir impactos negativos en el medio ambiente, contribuyendo a una agricultura más sostenible y resiliente.
Redacción: Publiagro














