
La planificación forrajera y la conservación del pasto como pilares de una producción eficiente, rentable y sostenible

La pastura constituye la base alimenticia de la ganadería extensiva y semiintensiva, siendo un recurso natural fundamental para el desarrollo del sector pecuario. Su adecuado manejo y conservación no solo inciden directamente en la productividad del hato, sino que también desempeñan un rol crucial en la preservación de los ecosistemas y el uso eficiente del suelo. En un escenario marcado por la degradación de tierras, la variabilidad climática y la creciente presión sobre los recursos forrajeros, se vuelve indispensable implementar estrategias que permitan “optimizar el aprovechamiento de las pasturas, fomentar su regeneración natural o asistida, y asegurar su disponibilidad a lo largo del año, especialmente en épocas críticas como la sequía o el invierno”.
Una gestión eficiente de las pasturas comienza con una planificación forrajera integral, que abarque desde el largo plazo con un enfoque estratégico, hasta el mediano plazo con una visión táctica, y finalmente, planes operacionales que guíen el manejo diario de la hacienda. Esta planificación debe considerar variables como la nutrición animal, la capacidad de carga del sistema, el costo de producción de los forrajes, la preparación del suelo, el análisis de fertilidad y la implementación de sistemas de pastoreo rotacional o racional. Todo esto con el objetivo de mejorar la oferta de alimento, conservar la cobertura vegetal y evitar el sobrepastoreo.
En este contexto, el especialista Leonardo Comastri, gerente de producción de forraje de Totalpec, aporta una visión práctica y técnica del manejo de especies forrajeras.
“En el manejo de pasturas se puede trabajar con diferentes géneros de gramíneas, como las brachiarias brizanthas y decumbens, o los panicums como el mombaza”, y a partir de estos ejemplos se puede estimar cuánta materia seca produce cada hectárea y cuánta es realmente consumida por los animales. Esto permite calcular “si hay un superávit o un déficit de forraje en la propiedad”, y así tomar decisiones más acertadas respecto al manejo de carga animal y la conservación de excedentes.

“Existen muchos sistemas de cría, por lo que la etapa de utilización es fundamental. Es necesario conocer las tasas de ocupación, la capacidad de soporte de una pastura y cómo cosechar eso a través de un sistema de manejo adecuado”


Según Comastri, “es importante tomar en cuenta esas cuentas para que se puedan preparar mejor su propiedad, producir mejor el número de animales y los que tenemos que preparar mejor para la sequía y en períodos de agua”. Este enfoque permite anticiparse a épocas críticas, como el invierno o los períodos secos, donde la producción de pasto natural se reduce drásticamente y puede comprometer la eficiencia reproductiva y de engorde del ganado.
Un aspecto que Comastri considera clave es la forma en que se utiliza o cosecha la pastura que se ha producido.
“Existen muchos sistemas de cría, por lo que la etapa de utilización es fundamental. Es necesario conocer las tasas de ocupación, la capacidad de soporte de una pastura y cómo cosechar eso a través de un sistema de manejo adecuado”. La capacidad de carga del sistema (cuántos animales por hectárea puede sostener el forraje disponible) debe ser compatible con el crecimiento del pasto, para evitar degradación y pérdida de cobertura.
El experto señala que “todo productor debería empezar con su planificación forrajera, ahí está la base de todo sistema productivo”. Las pasturas —añade— son una de las formas más viables económicamente de producir carne y leche, por lo que una planificación eficiente es indispensable. Esta planificación implica conocer cuántos animales hay en la hacienda, realizar la división de potreros para facilitar la rotación y el descanso del forraje, y también “entrenar la mano de obra de la que se dispone”, ya que un manejo eficiente exige conocimiento, monitoreo constante y aplicación de buenas prácticas.
Además de estas consideraciones, la conservación del forraje juega un papel fundamental para asegurar la alimentación en los meses de escasez. Técnicas como el ensilado, la henificación y el uso de bancos forrajeros permiten conservar el exceso de pasto en épocas de abundancia, reduciendo así la necesidad de suplementos costosos o la sobrecarga de potreros durante la estación seca.
Estudios recientes indican que una buena planificación forrajera puede aumentar hasta en un 30% la eficiencia productiva de una finca, y reducir en más del 40% los riesgos de pérdida de condición corporal del hato durante épocas críticas. Asimismo, contribuye a la sostenibilidad ambiental, ya que protege el suelo de la erosión, promueve la infiltración del agua y conserva la biodiversidad del agroecosistema.
En conclusión, el manejo de pasturas no es solo una tarea agronómica, sino una decisión estratégica que define el futuro de la productividad ganadera. La conservación y uso racional de este recurso es clave para enfrentar los desafíos climáticos, optimizar los recursos disponibles y avanzar hacia una producción más rentable, resiliente y sostenible.
Fuente: Leonardo Comastri
Redacción: Publiagro













