
El control integral de las principales enfermedades en las etapas de crecimiento y engorde permite optimizar la salud animal, reducir pérdidas económicas y garantizar la eficiencia en la producción porcina

El manejo sanitario en las diferentes etapas de la producción porcina representa un aspecto decisivo para preservar la salud animal, optimizar los resultados productivos y garantizar la rentabilidad del sistema. En las fases conocidas como Sitio II (crecimiento) y Sitio III (engorde o finalización), los cerdos atraviesan períodos críticos en los que son especialmente vulnerables a diversas enfermedades que pueden afectar su desarrollo, incrementar los costos de producción y reducir la eficiencia alimenticia.
Según el doctor Héctor Ramón Sanguinetti, consultor y profesor en Argentina, estas etapas están marcadas por la aparición de las principales enfermedades que afectan a los lechones después del destete. Esto ocurre tanto en criaderos convencionales como en pequeñas explotaciones donde los cerdos se crían en dos fases: “el ciclo II, que sería una recría desde el destete hasta los 70 días, es decir, de los 21 días a los 70 días, y luego pasan a los engordes hasta su venta, que se produce alrededor de los 180 días”.
El Dr. Sanguinetti destaca que los sistemas de producción porcina han evolucionado en los últimos años hacia modelos más modernos y eficientes. “Más modernamente, los criaderos grandes utilizan el sistema denominado ‘destete-venta’, en el cual, después del destete, los lechones van a unos galpones donde permanecen todo el tiempo hasta su venta, con la particularidad de que ese lugar debe estar acondicionado para cumplir la función de cuidado que cumple la etapa II del criadero tradicional: esto incluye calor, ventilación, alimentación especial y todo lo necesario para su desarrollo correcto”.
Este sistema de “destete-venta” se ha consolidado especialmente en Estados Unidos, país que faena aproximadamente 210 millones de cerdos por año bajo este esquema. El especialista señala que ahora tanto en Argentina como en Bolivia se está difundiendo porque los criaderos grandes ya están utilizando estos sistemas, que buscan mejorar la bioseguridad, reducir el estrés animal y minimizar los riesgos de transmisión de enfermedades.

“El técnico veterinario que visita la granja debe observar, no solo enfocarse en la enfermedad en sí, sino también en el entorno, la alimentación, el manejo que realizan, cómo está la instalación, verificar los comederos, porque todo induce a enfermedad”


El Dr. Sanguinetti enfatiza que el trabajo del técnico veterinario en estas granjas debe ir más allá de la simple observación de signos clínicos. “El técnico veterinario que visita la granja debe observar, no solo enfocarse en la enfermedad en sí, sino también en el entorno, la alimentación, el manejo que realizan, cómo está la instalación, verificar los comederos, porque todo induce a enfermedad”. Es decir, las enfermedades no solo son consecuencia de la presencia de agentes patógenos, sino también de fallas en el manejo, en la nutrición, en la ventilación o en el bienestar de los animales.
En estas etapas, los cerdos son propensos a enfermedades respiratorias y digestivas causadas por diversos agentes primarios. Entre las enfermedades respiratorias más comunes se encuentran las infecciones por Mycoplasma hyopneumoniae, Actinobacillus pleuropneumoniae y el Circovirus Porcino tipo 2 (PCV2), mientras que en las enfermedades digestivas destacan las infecciones por Escherichia coli, Salmonella spp. y Lawsonia intracellularis, causante de la ileítis porcina.
El manejo sanitario debe contemplar no solo la identificación y diagnóstico preciso de estos agentes, sino también la realización de chequeos clínicos periódicos dentro de la población porcina. Estos chequeos permiten detectar síntomas tempranos, evaluar la eficacia de las vacunas aplicadas y tomar decisiones rápidas para reducir los impactos sanitarios y económicos. Tal como explica el Dr. Ramón, es crucial tenerlas en cuenta, identificarlas y saber cómo hacer los chequeos clínicos dentro de la población porcina para luego determinar las causas de muerte.
Otro aspecto importante que resalta el especialista es la existencia de enfermedades subclínicas que, aunque no siempre presentan síntomas evidentes, pueden generar importantes pérdidas económicas. Estas infecciones silenciosas provocan una baja en la eficiencia productiva de los animales, afectando su conversión alimenticia, su ganancia de peso y su tiempo de finalización, lo que se traduce en menores ingresos para el productor. De hecho, se estima que enfermedades subclínicas pueden reducir hasta un 10-15% la productividad general de un lote sin que el productor lo perciba de forma inmediata.
Por esta razón, el manejo sanitario en Sitio II y III no solo debe ser reactivo ante la presencia de enfermedades, sino que debe ser preventivo, integral y sostenido en el tiempo, incorporando protocolos de bioseguridad, vacunación adecuada, control ambiental, manejo nutricional y seguimiento clínico continuo. Este enfoque integral permite reducir las pérdidas, mejorar el bienestar animal y asegurar que los animales lleguen en óptimas condiciones al mercado.
Fuente: Héctor Ramón Sanguinetti
Redacción: Publiagro













