
ANAPO lidera el desarrollo de variedades resistentes y promueve el uso de biotecnología para enfrentar sequías, enfermedades y mejorar la productividad en el país

Según la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO), la historia del trigo en Bolivia ha estado marcada por un objetivo constante: alcanzar la autosuficiencia alimentaria y promover prácticas agrícolas sostenibles que garanticen la productividad sin comprometer el medio ambiente. A partir de la década de 1990, ANAPO impulsó el Primer Plan Triguero Nacional, una iniciativa estratégica que buscaba reducir la dependencia de las importaciones de trigo, un producto básico en la dieta de los bolivianos.
Este esfuerzo no solo se limitó al aumento de la producción, sino que también involucró la adopción de tecnologías agrícolas innovadoras. ANAPO ha liderado la implementación de siembra directa y rotación de cultivos, dos prácticas clave que permiten conservar la fertilidad de los suelos, reducir la erosión y disminuir el uso de agroquímicos, contribuyendo así a un manejo más responsable de la tierra y a la sostenibilidad ambiental a largo plazo.
La biotecnología ha sido otro de los pilares en la evolución del cultivo de trigo en Bolivia. Gracias a ella, los productores han podido enfrentar los crecientes desafíos climáticos, como sequías prolongadas y la aparición de nuevas enfermedades, al tiempo que se ha logrado mejorar los niveles de productividad en el campo.
En este contexto, Diego Baldelomar, técnico de trigo en ANAPO, informó que “a nivel nacional se tiene un área de siembra de 80 mil hectáreas y unos 20 mil en la zona de los valles cruceños”, reflejando el peso que este cultivo tiene en distintas regiones del país. Sin embargo, los rendimientos varían considerablemente en función de las condiciones climáticas.
“El año pasado se tuvo rendimientos de hasta media tonelada, pero este año se espera superar la tonelada”, explicó Baldelomar, quien también destacó que la disponibilidad de lluvias será crucial para alcanzar este objetivo. “Viendo las condiciones prolongadas de sequías, esperamos una lluvia para buenos rendimientos”, señaló con optimismo.

“Como ANAPO ya se está trabajando para traer los materiales y empezar a hacer los trabajos de riesgo con el Viceministerio de Medio Ambiente”


Uno de los principales retos fitosanitarios que enfrenta el trigo en Bolivia es la presencia de piricularia (Pyricularia grisea), una enfermedad emergente que afecta a los cultivos y puede causar severas pérdidas si no se controla adecuadamente.
“En el caso de la maleza de piricularia, es emergente y eso dependerá mucho de las condiciones”, explicó Baldelomar, subrayando que la presencia de esta enfermedad está estrechamente ligada a factores climáticos. Recordó que “nosotros en el 2014 comenzamos con el manejo, se presentó por primera vez en nuestros campos y desde entonces el inóculo está en el campo”. A pesar de los avances, aún se cultivan materiales susceptibles, por lo que, si no se aplica un manejo adecuado, la piricularia puede “generar pérdidas en la ganancia que tenemos ya en porcentaje por toneladas”.
Gracias al trabajo conjunto entre ANAPO, instituciones internacionales y organismos gubernamentales, se han logrado importantes avances en la selección de variedades locales más resistentes a la piricularia, lo que ha permitido a los agricultores bolivianos contar con herramientas efectivas para enfrentar este desafío fitosanitario. “Ya con las instituciones internacionales y gubernamentales se ha trabajado y ya se tiene seleccionadas las variedades locales con las que se hace frente a cualquier situación adversa que se viene con la enfermedad de la piricularia”, aseguró Baldelomar.
Dentro de las nuevas tecnologías que están generando expectativas positivas en el sector triguero se encuentra la Tecnología HB4, una innovación biotecnológica que ofrece resistencia a condiciones extremas, especialmente a la sequía. “La tecnología HB4 da bastantes luces en cuanto a resistencia, sobre todo en sequía, un pedido que la producción está pidiendo y que va a ayudar en lo que es la sequía y la salinidad”, explicó Baldelomar. Esta tecnología, que ya ha sido implementada con éxito en otros países de la región, podría representar un avance decisivo para garantizar la estabilidad de la producción de trigo en Bolivia ante los efectos cada vez más frecuentes del cambio climático.
“Como ANAPO ya se está trabajando para traer los materiales y empezar a hacer los trabajos de riesgo con el Viceministerio de Medio Ambiente”, añadió, destacando la importancia de la colaboración institucional para asegurar que la introducción de estas nuevas tecnologías cumpla con la normativa ambiental vigente y sea beneficiosa para el productor boliviano.
A través de estas acciones, ANAPO reafirma su compromiso con el desarrollo sostenible del cultivo de trigo, apostando por la innovación tecnológica, la investigación y el trabajo conjunto como herramientas clave para alcanzar la autosuficiencia alimentaria y enfrentar los desafíos productivos y climáticos que afectan al país.
Fuente: Diego Baldelomar
Redacción: Publiagro













