El control efectivo de malezas comienza desde el suelo, literalmente. Uno de los principales desafíos para los productores agrícolas es el manejo del banco de semillas de malezas, es decir, la reserva natural de semillas viables que permanece en el suelo a la espera de condiciones favorables para germinar. Este banco, acumulado a lo largo de años, puede convertirse en una fuente inagotable de presión si no se aborda con estrategias agronómicas bien planificadas.

En este contexto, el uso de herbicidas preemergentes y postemergentes se vuelve clave para reducir el impacto de estas poblaciones no deseadas. Gerónimo Ortiz, consultor externo e ingeniero agrónomo, explica cómo los preemergentes actúan antes de que las malezas germinen o emerjan, formando una barrera química en la capa superficial del suelo, mientras que los postemergentes se aplican una vez que las malezas ya han brotado y están visibles, afectando directamente su desarrollo.

Sin embargo, más allá del uso puntual de productos, el manejo exitoso requiere una comprensión profunda del comportamiento del banco de semillas, los momentos críticos del ciclo de cultivo y las características de los herbicidas aplicados. Tal como señalan los expertos, «la clave no es solo matar la maleza que se ve, sino evitar que nazca la que aún no ha salido.»

Enfoque desde el banco de semillas

“El enfoque principal está en el banco de semillas”, señala Ortiz. “Los productos preemergentes tienen que ir al suelo y actuar sobre la semilla en el momento en que estas estén germinando. La otra es la de postemergente, que ya es una consecuencia que deberíamos estar planificando para evitar cualquier problema de escape, cuando el porcentaje de control no es el suficiente a lo que requerimos, porque muchas veces están condicionadas por las condiciones ambientales”.

“Los productos preemergentes tienen que ir al suelo y actuar sobre la semilla en el momento en que estas estén germinando. La otra es la de postemergente, que ya es una consecuencia que deberíamos estar planificando para evitar cualquier problema de escape, cuando el porcentaje de control no es el suficiente a lo que requerimos, porque muchas veces están condicionadas por las condiciones ambientales”

Foto: Publiagro
Foto: Publiagro

Antes de aplicar cualquier producto, es esencial conocer qué especies de malezas están presentes en el lote y cuál es su ciclo de vida. Esto se puede hacer mediante monitoreos de campo y análisis del historial del lote.

“Nos enfocamos en el banco de semilla, le damos las condiciones adecuadas, nos aseguramos de tener infestaciones. Entonces, la recomendación es tener una buena cama de siembra, sin presencia de malezas vivas; puede haber rastrojo, cobertura, pero cobertura muerta. Se procede a la siembra de la soya y luego a la aplicación de los productos emergentes, que debe ser lo más próximo a la siembra.”

Esto se debe a que el productor generalmente siembra cuando hay buena humedad en el suelo, y la humedad es un requerimiento fundamental para cualquier tipo de herbicida preemergente.

Residualidad y factores condicionantes

Otro aspecto clave es la residualidad, es decir, el período de tiempo que el producto permanece activo en el suelo. Aunque esto varía de un producto a otro, también está condicionado por factores como el tipo de suelo, la presencia de determinadas malezas, y la actividad microbiana, ya que todos los herbicidas utilizados son biodegradables.

“Cuando hay mucha actividad microbiana, eso se degrada más rápidamente”, advierte Ortiz.

Además, la residualidad está sujeta a factores climáticos, especialmente las precipitaciones. Por ejemplo, puede ocurrir lixiviación, cuando los herbicidas penetran demasiado en el perfil del suelo, perdiendo efectividad. También puede suceder el arrastre superficial, considerado uno de los efectos más negativos, ya que puede desplazar el herbicida fuera del área objetivo.

Fuente: Geronimo Ortíz
Redacción: Publiagro