«Los departamentos son Santa Cruz en las provincias Ichilo, Sara, Santiestevan, Warnes, A. Ibañez, Guarayos, Ñuflo de Chávez Velasco, Chiquitos, Sandoval, Busch y Cordillera; además de Yacuma, Vaca Diez, Mamoré, Moxos, Marbán, Cercado e Itenez del Beni», explica la alerta naranja emita por el Senamhi.
Ese comunicado señala que estas temperaturas se mantendrán hasta este viernes.a
“Las quemas solo son la punta del iceberg”, dice Oswaldo Maillard, analista espacial y satelital del Observatorio Bosque Seco Chiquitano, acerca de la coyuntura de incendios y otros problemas medioambientales en el departamento cruceño, que en esta época cobran mayor protagonismo.
Maillard elogia la medida de la pausa en la autorización y ejecución de quemas, emitida por la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), pero dice que el problema es más profundo que eso.
A las constantes noticias de quemas e incendios se suman dos informes poco alentadores del Observatorio del Bosque Seco Chiquitano (OBSC), que se enfocan únicamente en la deforestación, sin entrar en el tema del fuego.
El primer estudio aborda la pérdida de cobertura natural en el departamento de Santa Cruz, y el segundo aterriza específicamente en los daños en las áreas protegidas (AP).
“Las quemas solo son la punta del iceberg”, dice Oswaldo Maillard, analista espacial y satelital del Observatorio Bosque Seco Chiquitano, acerca de la coyuntura de incendios y otros problemas medioambientales en el departamento cruceño, que en esta época cobran mayor protagonismo.
Maillard elogia la medida de la pausa en la autorización y ejecución de quemas, emitida por la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), pero dice que el problema es más profundo que eso.
A las constantes noticias de quemas e incendios se suman dos informes poco alentadores del Observatorio del Bosque Seco Chiquitano (OBSC), que se enfocan únicamente en la deforestación, sin entrar en el tema del fuego.
El primer estudio aborda la pérdida de cobertura natural en el departamento de Santa Cruz, y el segundo aterriza específicamente en los daños en las áreas protegidas (AP).
“En conclusión, los dos informes dicen que si continúan las tendencias actuales de deforestación, en 30 años Santa Cruz perderá 12 millones de hectáreas de cobertura natural, de las cuales cinco millones se encuentran en áreas protegidas. Dicho de otra manera, el departamento puede perder en las tres décadas siguientes una extensión equivalente a Corea del Norte, con impacto en el incremento de las temperaturas, sequías y fuego”, explicó Huáscar Azurduy, responsable de Estudios del Bosque Seco Tropical, de la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC).
Los estudios toman como punto de partida el año 1986, del que rescataron imágenes satelitales en mejor calidad, y finalizan en 2019, gestión que quedó en la memoria colectiva por la catástrofe en la Chiquitania, que si bien detonó por los incendios, ya venía arrastrándose desde antes.
“Hicimos las proyecciones hasta el año 2050, no en base a algo subjetivo, sino a evidencias de las tendencias actuales”, dijo Maillard, que mapeó la deforestación de 1986, de 2010, luego 2018, también 2019, y finalmente en 2050.
Datos puntuales
De acuerdo a los estudios, entre 1986 y 2019, las áreas modificadas por acción humana (antrópicas) se incrementaron de un millón de hectáreas a 6,2 millones.
“De continuar esta tendencia, la proyección indica que el incremento de áreas modificadas por el hombre llegará a 20,4 millones de hectáreas el año 2050, lo que implica poco más de 14 millones de ha. de incremento. Sobre el bosque, en 1986 Santa Cruz tenía una extensión de 29,8 millones de hectáreas; a 2019, se ha reducido a 25,1 millones, lo que significa que cerca de cinco millones de ha. fueron deforestadas en ese periodo de tiempo. Si esta tendencia se mantiene, se espera que en 2050 la extensión boscosa se reduzca a 12,8 millones de hectáreas”, augura el informe departamental, el más general de los dos.
Hasta el año pasado los cinco municipios con mayor deforestación eran Pailón, San Ignacio de Velasco, San Julián, Charagua y Cuatro Cañadas, en ese orden, mientras que los últimos de la lista eran los de los valles cruceños.
“Pailón es área agrícola de producción de oleaginosas, hay las colonias menonitas grandes; San Julián tiene una historia como la de Cuatro Cañadas, más de colonos que se dedicaron a la soya; San Ignacio es tierra de ganadería. Nuestros gráficos de municipios y hectáreas no solo muestran deforestación, también hubo pampas que se convirtieron en zonas ganaderas”, explicó Maillard.
Los mapas del Observatorio Bosque Chiquitano muestran la incidencia de las actividades humanas en las áreas. Queda claro que en 1986 el énfasis estaba en el Norte Integrado, “se concentraba en lo que es la llanura entre los ríos Grande y Piraí, se ven unas manchitas además por la zona de San Julián”, dice Maillard.
Con los años, el impacto de las labores productivas se extendió a la Chiquitania. “Sabemos que las personas necesitan cultivar y tener ganado, el problema está en la forma en que se lo hace. Uno ve en el mapa y ve gente que desmontó hasta el mismo borde del río y hay normas que dicen que deben mantenerse ciertas distancias, las consecuencias son que los ríos se secan, etc. Al final las mismas personas que ocasionan el daño son las que sufren con las sequías y la desertificación de los suelos”, dijo.