Expertos destacan la importancia del control oportuno, el uso combinado de herbicidas y la integración de prácticas culturales y tecnológicas para garantizar rendimientos y sostenibilidad

La presencia de malezas en los cultivos de soya representa uno de los mayores desafíos para los productores, ya que no solo afecta el desarrollo de las plantas, sino que también incrementa los costos de producción y dificulta las labores mecanizadas de siembra, control y cosecha.

En este contexto, el manejo eficiente de malezas debe basarse en un enfoque integrado que combine prácticas culturales, preventivas, mecánicas, químicas y, en los últimos años, también tecnológicas. Esto incluye la aplicación de sistemas de precisión e inteligencia artificial capaces de detectar y tratar áreas específicas con herbicidas, optimizando así los recursos y minimizando los impactos negativos sobre el ambiente.

“El éxito en la producción de soya depende en gran medida de un control oportuno y planificado de las malezas”, afirman Modesto Roque, consultor e ingeniero agrónomo, quien destaca que la sostenibilidad del sistema productivo requiere reducir la dependencia exclusiva de agroquímicos e incorporar prácticas más responsables con el suelo y el medioambiente.

Roque explica que las malezas afectan los cultivos de manera directa e indirecta, pudiendo reducir los rendimientos entre un 30 y 70 % dependiendo de la especie. Añade que “en segundo lugar, es fundamental controlar las malezas dentro de los 45 días en el cultivo de soya; a partir de ese período, los daños son irreversibles”.

«El éxito en la producción de soya depende en gran medida de un control oportuno y planificado de las malezas”

 

Foto: Internet
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“Nuestra encuesta realizada en 2023, y que ahora sirve para comparar el comportamiento de las diferentes malezas, encontró más de 14 especies difíciles de controlar, siendo el Amaranthus hybridus (chiori) la principal maleza”, señaló Roque. Entre las demás especies de mayor incidencia se encuentran la golondrina, la coniza y la yerba caliente, muchas de ellas con cierto grado de resistencia a herbicidas.

El experto informó que se han desarrollado múltiples trabajos de investigación, tanto en barbecho como en preemergencia y postemergencia de cultivos de soya. Para cada especie de maleza existen recomendaciones específicas, ya que su comportamiento y susceptibilidad a herbicidas varía considerablemente.

En términos generales, las malezas suelen presentarse mezcladas entre hoja ancha y gramíneas. Por ello, es necesario combinar distintos herbicidas, entendiendo cuáles actúan de manera sinérgica y cuáles son antagonistas. Además, Roque destaca la importancia de incluir cultivos de cobertura, especialmente para controlar malezas con semillas fotoblásticas positivas, es decir, aquellas que requieren luz para germinar.

“Las coberturas controlan estas malezas al impedirles la exposición a la luz necesaria para su desarrollo”.

El especialista también explicó la relevancia de las condiciones del suelo y la humedad para la efectividad de los herbicidas preemergentes.

“Cuando son herbicidas preemergentes, necesitan humedad para que puedan funcionar. Si llueve después de la aplicación, ya hay un éxito. En lugares secos hay herbicidas que tienen baja solubilidad; en estos casos no aplicarlos y usar aquellos con mayor solubilidad. Además, cuando hay coberturas muertas en el suelo, algunos herbicidas no se pueden aplicar porque se adhieren y quedan retenidos, mientras que otros sí pueden actuar correctamente”.

Finalmente, Roque indicó que existe una lista de herbicidas clasificados según sus características físico-químicas, lo que permite al agricultor seleccionar la opción más adecuada para cada situación. “Eso está disponible en el manual de ANAPO”, concluyó.

Redacción: Publiagro