Expertos destacan la importancia de identificar la cepa, reforzar las medidas sanitarias y aplicar vacunas en el levante para reducir pérdidas y mejorar la productividad avícola

Foto: Publiagro
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Los micoplasmas son bacterias muy pequeñas y peculiares que carecen de pared celular, una característica que las hace especialmente resistentes a algunos antibióticos comunes. En la avicultura, estas bacterias son responsables de enfermedades respiratorias crónicas que afectan tanto la salud como la productividad de las aves.

En el caso de los pollos, las infecciones por micoplasmas pueden manifestarse con síntomas como dificultad para respirar, tos, reducción en el consumo de alimento y disminución en la producción, lo que genera pérdidas económicas significativas para los productores. Su transmisión puede ser rápida y silenciosa, ya que pasa de aves infectadas a sanas tanto a través del contacto directo como por vía vertical, es decir, de la madre al pollito.

John Alexander Gaete, gerente de marketing para Mxinoba Sudamérica, explicó que es fundamental evaluar herramientas de control más allá del uso exclusivo de tratamientos antibióticos. “Es muy importante el diagnóstico de la entidad para poder entender cuál es la cepa que nosotros tenemos en campo; entendiendo la cepa podemos entender cuál sería la mejor forma para manejar el problema de micoplasma a nivel de campo y podemos avanzar con una vacuna viva que nos vaya desplazando esa cepa de campo virulenta para poder ir colonizando las aves y que en un futuro, en un trabajo con vacunación, podamos erradicar la cepa”, indicó.

Diagnóstico

El diagnóstico debe estar respaldado por varias pruebas. Según Gaete, “ideal [es] el monitoreo por medio de serología, ideal si puede hacer la aglutinación en placa, o si no ir acompañado con la prueba de Elisa y el PCR, que ya las secuenciaciones existen, eso es una herramienta que ya está a la mano y se puede utilizar fácilmente”.

“Es muy importante el diagnóstico de la entidad para poder entender cuál es la cepa que nosotros tenemos en campo; entendiendo la cepa podemos entender cuál sería la mejor forma para manejar el problema de micoplasma a nivel de campo y podemos avanzar con una vacuna viva que nos vaya desplazando esa cepa de campo virulenta para poder ir colonizando las aves y que en un futuro, en un trabajo con vacunación, podamos erradicar la cepa”
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Bioseguridad

La presencia del micoplasma en las granjas se relaciona principalmente con fallas en las medidas de bioseguridad. “Por eso hay que tener un enfoque en todos los parámetros que debemos tener para el control de enfermedades y ello es en tema de bioseguridad”, enfatizó Gaete.

En el caso de las ponedoras, el micoplasma suele ingresar porque la cepa que circula en el campo es invasiva y agresiva, y muchas veces no se respetan los tiempos de descanso adecuados dentro de las granjas. Tampoco se da la correcta separación entre lotes jóvenes y lotes en producción, lo que facilita la migración del microorganismo. Gaete explicó: “Un lote adulto de 65 semanas que es positivo pasa [el micoplasma] a un lote de 13 semanas y, según estudios, el micoplasma es capaz de mantenerse en cabello durante casi 3 días; se puede mantener en material de cama casi 4 días, entonces digamos que la forma de transmisión es la persistencia que tiene”.

Este microorganismo, debido a su capacidad de latencia y persistencia en el ave, puede permanecer mucho tiempo, lo que refuerza la importancia de la vacunación. Esta estrategia permite evitar que el virus de campo colonice las células hospederas.

Separación del levante

Cuando en una misma granja se realizan las fases de levante y producción, el manejo debe ser muy estricto. Gaete reconoció la dificultad de modificar infraestructuras productivas: “Yo sé que pretender cambiar una granja de un sistema productivo no es muy fácil porque el tema de diseño de granjas [es] muy complicado de manejar, pero sí tengo que ser capaz de definir una programación exacta cuando yo recibo los lotes, dónde se va [a] tener los galpones de levante, cómo será el manejo de los animales en esa fase y separar un poco el tema de producción”.

Para lograrlo, recomendó crear unidades sanitarias independientes, con accesos diferenciados para cada fase productiva. Esto implica “crear toda una cadena de bioseguridad que me ayude a [un] mejor control de micoplasma”, especificó, señalando que el ingreso a las instalaciones debe realizarse primero a los lotes jóvenes y luego a los más viejos para reducir la transmisión.

Vacunación

La vacunación debe realizarse durante el levante, antes de que los animales se positivicen, para lo cual es esencial un monitoreo constante mediante las pruebas diagnósticas mencionadas. Según Gaete, lo ideal es que las primeras aplicaciones se realicen en la quinta o sexta semana, y en caso de utilizar bacterinas, estas pueden aplicarse a la semana 12 para lograr un refuerzo que prolongue la protección.

Fuente: John Alexander Gaete
Redacción: Publiagro