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El confort térmico, determinante para el desarrollo y la productividad de las aves

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Temperatura, humedad y aire: el equilibrio que necesita el pollo/ Foto: Internet
Temperatura, humedad y aire: el equilibrio que necesita el pollo/ Foto: Internet

Gabriela Pereira, gerente técnico de Plasson de Brasil, explica por qué el control de la temperatura, la humedad y la velocidad del aire es fundamental para prevenir el estrés térmico y aprovechar el potencial genético de los pollos

El manejo del ambiente dentro de los galpones es uno de los factores que inciden directamente en el desarrollo de las aves y en los resultados económicos de la producción avícola. Mantener una temperatura adecuada no es suficiente: también es necesario controlar la humedad relativa y la velocidad del aire para garantizar que los pollos permanezcan dentro de su zona de confort térmico.

Así lo explica Gabriela Pereira, gerente técnico de Plasson de Brasil, quien señala que las necesidades térmicas cambian durante las distintas etapas de vida de las aves, desde el pollito bebé hasta las gallinas ponedoras. Cada fase requiere condiciones ambientales específicas para favorecer el desarrollo de los órganos, la formación de los huesos y el crecimiento muscular.

“Ese control térmico, de verdad, va a proporcionar el desarrollo del pollo de la manera correcta”, afirma Pereira, al destacar la importancia de mantener condiciones adecuadas durante todo el ciclo productivo.

La temperatura no es el único factor

Uno de los aspectos centrales del confort térmico es comprender que la sensación que experimenta el ave no depende exclusivamente de la temperatura registrada dentro del galpón. La humedad relativa y la velocidad del aire también modifican la forma en que el animal percibe el ambiente.

“Cuando hablamos de confort térmico, siempre tenemos una relación con la humedad relativa. Estamos acostumbrados muchas veces a fijarnos solo en un único número, que es la temperatura”, explica la especialista.

En sistemas que utilizan ventilación para controlar el ambiente, la velocidad del aire adquiere una importancia adicional, porque influye en el intercambio de calor del ave con su entorno. Por ello, Pereira advierte que evaluar únicamente la temperatura puede conducir a decisiones de manejo equivocadas.

“El ave va a sentir la temperatura, la humedad y la velocidad de aire. Entonces, siempre es un conjunto de situaciones del entorno que genera el confort del ave”, sostiene.

Este enfoque requiere que los productores ajusten los equipos de climatización y las prácticas de manejo de acuerdo con las condiciones reales de cada galpón, en lugar de aplicar parámetros aislados sin considerar el comportamiento conjunto de las variables ambientales.

El estrés térmico afecta el rendimiento productivo

Las consecuencias de un manejo térmico inadecuado pueden manifestarse en distintas etapas de la producción. Tanto el exceso de calor como las bajas temperaturas pueden alterar el equilibrio fisiológico de las aves, reducir el consumo y ocasionar pérdidas económicas.

Según Pereira, el estrés por calor puede provocar desequilibrios electrolíticos y minerales, además de afectar el desempeño de las reproductoras y el desarrollo de las aves en recría.

En las reproductoras, estas alteraciones pueden ocasionar problemas en la calidad de la cáscara del huevo. En las aves de recría, también pueden comprometer el desarrollo testicular y repercutir posteriormente en la persistencia de la producción.

“A veces copiamos tecnología de otros lugares, de otro país, de otros continentes e intentamos hacerlo y no nos va, porque nuestra realidad es diferente”

La cama caliente y la climatización adecuada favorecen el desarrollo del pollito/ Foto: Publiagro
La cama caliente y la climatización adecuada favorecen el desarrollo del pollito/ Foto: Publiagro

“Tenemos miles de problemas cuando tenemos un estrés por calor, igual tenemos cuando tenemos un estrés por frío”, advierte.

Aunque el estrés por calor suele recibir mayor atención porque puede provocar la muerte de las aves con rapidez, la especialista recalca que el frío también genera efectos negativos que deben prevenirse mediante un manejo adecuado.

Por ello, recomienda trabajar dentro de los límites de confort térmico para evitar que las aves sufran alteraciones que comprometan su desempeño y la rentabilidad de la granja.

La cama debe calentarse hasta el piso

Otro punto importante para el manejo de los pollitos durante los primeros días es la preparación de la cama. Pereira señala que no basta con medir la temperatura de la superficie, ya que es necesario comprobar que el calor llegue hasta el piso del galpón.

“La cama tiene que estar a 31, 32 grados al piso”, precisa.

Para conseguirlo, recomienda abrir la cama y medir la temperatura directamente en el piso, especialmente cuando el material tiene varios centímetros de espesor. Este procedimiento permite comprobar que el calor no se concentre únicamente en la superficie.

La especialista explica que, si solo se calienta la parte superficial, el primer ciclo de ventilación mínima puede retirar parte del calor acumulado y dejar el piso a una temperatura inadecuada para los pollitos.

Por esta razón, el calentamiento debe alcanzar la base de la cama para proporcionar condiciones térmicas apropiadas durante el inicio de la crianza.

Calefacción por aire y radiación

En cuanto a los sistemas de calefacción, Pereira explica que tanto el calentamiento del aire como la radiación pueden ofrecer buenos resultados, siempre que exista un manejo adecuado de los equipos.

La diferencia está en la forma en que cada sistema transfiere el calor. La calefacción del aire requiere calentar el ambiente para que el calor llegue hasta el piso y contribuya a elevar la temperatura de la cama. En cambio, la radiación transmite el calor directamente hacia la superficie, lo que puede hacerla más eficiente para calentar la cama.

“Los dos funcionan bien, pero la radiación se va de frente a la cama, entonces es un poco más eficiente para hacer calefacción de cama”, explica.

Sin embargo, aclara que la elección del sistema debe considerar las características de cada instalación y las condiciones de manejo, porque ambos pueden funcionar satisfactoriamente cuando se utilizan de manera correcta.

Adaptar la tecnología a cada granja

Pereira también destaca que las tecnologías y prácticas utilizadas en otros países no siempre ofrecen los mismos resultados cuando se aplican sin modificaciones en diferentes regiones. Las condiciones climáticas, la infraestructura, el tipo de galpón y las características de las aves deben formar parte de las decisiones técnicas.

“A veces copiamos tecnología de otros lugares, de otro país, de otros continentes e intentamos hacerlo y no nos va, porque nuestra realidad es diferente”, señala.

En ese sentido, recomienda adaptar los equipos, el manejo, la nutrición y la sanidad a las necesidades particulares de cada establecimiento, en lugar de replicar sistemas sin evaluar su pertinencia.

La especialista concluye que la climatización constituye una herramienta fundamental para aprovechar las inversiones realizadas en genética, nutrición y sanidad. Mantener a las aves dentro de su zona de confort térmico permite que expresen mejor su potencial productivo y contribuye a proteger el rendimiento de la explotación.

“Que trabaje siempre para el bienestar del ave, con buen control de los galpones. La climatización en realidad es lo que nos garantiza que toda la inversión que hacemos de sanidad, de genética y de nutrición sean totalmente aprovechadas”, recomienda Pereira.

Fuente: Gabriela Pereira

Redacción: Publiagro