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Inteligencia artificial en ganadería: tecnología para anticiparse a los problemas y mejorar la gestión

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Juan Camilo Narváes señala que la IA abre nuevas posibilidades para procesar la información y convertirla en un apoyo para la gestión diaria / Foto: Publiagro
Juan Camilo Narváes señala que la IA abre nuevas posibilidades para procesar la información y convertirla en un apoyo para la gestión diaria / Foto: Publiagro

Juan Camilo Narváes, gerente de operaciones de Estancias Valdés, explicó en el Seminario Alimenta cómo la inteligencia artificial puede agilizar el análisis de datos, optimizar procesos y respaldar decisiones productivas. Su recomendación para el ganadero es comenzar con problemas concretos, probar soluciones y medir sus resultados

La competitividad de la ganadería depende cada vez más de la capacidad para interpretar información y actuar oportunamente. En un establecimiento ganadero se generan datos sobre el comportamiento de los animales, los pesos, la alimentación, la reproducción y los costos, pero aprovecharlos requiere tiempo, organización y herramientas adecuadas.

La inteligencia artificial (IA) abre nuevas posibilidades para procesar esa información y convertirla en un apoyo para la gestión diaria. Este fue uno de los ejes de la exposición de Juan Camilo Narváes, gerente de operaciones de Estancias Valdés y emprendedor en el área tecnológica, quien participó en el Seminario Alimenta como invitado de Unión Agronegocios para disertar sobre el “Uso de la Inteligencia Artificial en Ganadería”.

Durante la entrevista con la multimedia Publiagro, el especialista explicó que la IA permite acelerar tareas de análisis que, mediante procedimientos convencionales, podrían demandar días o incluso meses, dependiendo de su complejidad. Su utilidad está en organizar información, encontrar patrones y presentar resultados de manera más clara para facilitar el trabajo del productor.

En la práctica, estas herramientas pueden ayudar a revisar registros productivos, analizar situaciones que afectan el desempeño del ganado y orientar la búsqueda de posibles soluciones. No obstante, las respuestas generadas deben contrastarse con información confiable y con el criterio de los profesionales, especialmente cuando se trata de decisiones sanitarias o de manejo animal.

El valor está en la información, no solamente en los equipos

Collares inteligentes utilizados en lecherías, caravanas electrónicas, balanzas digitales y drones son algunas de las tecnologías que ya permiten recopilar información en los establecimientos pecuarios. El desafío consiste en aprovechar esos datos para mejorar la gestión, en lugar de acumular registros que después no se utilizan.

Narváes sostuvo que el productor debe identificar qué información necesita y cómo puede emplearla para resolver dificultades concretas. Por ejemplo, si una estancia enfrenta pérdidas en una etapa de su producción, el análisis de sus registros puede contribuir a reconocer dónde se encuentra el problema y qué alternativas conviene evaluar.

Desde esta perspectiva, incorporar inteligencia artificial no significa necesariamente realizar una gran inversión desde el principio. El primer paso puede ser ordenar los registros disponibles y comenzar a utilizar herramientas accesibles para analizar la información.

La tecnología adquiere valor cuando permite ahorrar tiempo, comprender mejor lo que sucede en el establecimiento y tomar decisiones con mayores elementos de juicio.

 “La inteligencia artificial no cría vacas, ayuda a decidir mejor”

El productor ya cuenta con registros, pero no los usa / Foto: Publiagro
El productor ya cuenta con registros, pero no los usa / Foto: Publiagro

Empezar por el problema antes de comprar la solución

Uno de los errores que el especialista recomendó evitar es adquirir equipos por su novedad o por las prestaciones que ofrece un vendedor, sin comprobar si realmente responden a las necesidades de la estancia.

Un dron de última generación, un sensor o un sistema digital pueden resultar atractivos, pero su utilidad depende de las condiciones del establecimiento, de los objetivos que se persiguen y de la capacidad del personal para operarlos.

Por ello, Narváes planteó una estrategia gradual: primero, registrar la información; después, identificar la principal dificultad o pérdida económica; y, finalmente, implementar una prueba piloto que permita evaluar si la solución genera beneficios antes de extenderla al resto de la operación.

Este procedimiento ayuda a reducir riesgos y a determinar si la inversión se justifica. También permite ajustar la herramienta a las condiciones reales del campo antes de comprometer mayores recursos.

La tecnología necesita personas capacitadas

La adopción de inteligencia artificial también implica un cambio en la forma de trabajar. Narváes señaló que el temor a las nuevas tecnologías, especialmente ante la posibilidad de ser reemplazado o supervisado, puede dificultar su incorporación.

Frente a esta situación, recomendó involucrar desde el principio al personal que estará a cargo de utilizar los equipos y sistemas. Su participación permite identificar necesidades prácticas, evaluar la facilidad de uso y determinar qué capacitación hace falta.

El especialista insistió en que el productor debe considerar las condiciones de funcionamiento antes de comprar una solución: cuánto cuesta, dónde se almacenan los datos, cuáles son sus limitaciones, si necesita conexión a internet y quién brindará asistencia cuando se presente una falla.

Este último punto es particularmente importante para las operaciones rurales, donde una interrupción puede limitar el aprovechamiento de la inversión. Contar con soporte técnico y conocer las condiciones de mantenimiento forma parte de una decisión de compra responsable.

La IA orienta, el productor decide

Incorporar tecnología no significa delegar las decisiones del negocio.

La inteligencia artificial puede aportar información para evaluar cuándo vender animales, analizar una inversión o comparar alternativas de manejo, pero no conoce por sí sola todas las condiciones que rodean a cada establecimiento. La decisión final continúa en manos del productor, que debe considerar los resultados, los costos, los objetivos de la empresa y la realidad de su operación.

Para Narváes, el ganadero no necesita transformar toda su estancia de inmediato. Puede comenzar con registros ordenados, familiarizarse con herramientas sencillas y comprobar su utilidad en una necesidad específica.

Su recomendación fue directa: perder el miedo, animarse a experimentar y avanzar paso a paso. En una actividad donde cada decisión puede repercutir en los costos y la productividad, aprender a utilizar la información disponible representa una oportunidad para fortalecer la gestión ganadera.

La inteligencia artificial no sustituye la experiencia del productor ni el conocimiento técnico de su equipo. Bien utilizada, puede convertirse en una herramienta para trabajar con mayor agilidad, detectar oportunidades de mejora y decidir con más información.

Redacción: Publiagro