martes, septiembre 15, 2026
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Avispas parasitoides: pequeñas aliadas contra los pulgones

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Utiliza pulgones como hospederos/ Foto: Internet
Utiliza pulgones como hospederos/ Foto: Internet

Las hembras introducen sus huevos dentro del cuerpo del pulgón, donde la larva se desarrolla hasta formar una “momia” de la que posteriormente emerge la avispa adulta

Avispas parasitoides convierten a los pulgones en “momias” y aportan al control biológico. Estos pequeños himenópteros depositan sus huevos dentro de los pulgones, donde sus larvas se desarrollan hasta matar al hospedero. La aparición de pulgones endurecidos y adheridos a las hojas es una señal visible de que este enemigo natural está actuando en el cultivo.

En medio de una colonia de pulgones puede estar ocurriendo una de las estrategias más eficientes de control biológico de plagas. Las avispas parasitoides, especialmente especies de grupos como Aphidius, Lysiphlebus y Diaeretiella, utilizan a estos insectos como hospedero para completar su desarrollo y, finalmente, los convierten en pequeñas estructuras conocidas como “momias”.

El proceso comienza cuando la hembra localiza una colonia de pulgones. Con su ovipositor, deposita un huevo dentro del cuerpo del insecto. A diferencia de un depredador que consume inmediatamente a su presa, el parasitoide permite que el pulgón continúe vivo durante parte del proceso.

El pulgón puede seguir desplazándose y alimentándose de la savia de la planta mientras, en su interior, se desarrolla la larva de la avispa. Esta comienza a consumir progresivamente los tejidos internos del hospedero hasta completar sus etapas larvarias. En especies como Aphidius, el desarrollo comprende huevo, larva, pupa y adulto.

La transformación en una “momia”

Uno de los signos más llamativos de este proceso aparece cuando la larva del parasitoide está próxima a completar su desarrollo. El pulgón finalmente muere y su cuerpo cambia de aspecto: se hincha, adquiere una consistencia más rígida y desarrolla una cubierta seca y endurecida.

El resultado es la denominada “momia de pulgón”, que puede presentar tonalidades marrones, doradas, amarillentas o negras, dependiendo del grupo de parasitoide involucrado. En el caso de varias especies de Aphidius, las momias suelen adquirir tonalidades marrón, dorada o beige.

Dentro de esa estructura aparentemente inerte continúa desarrollándose el parasitoide. La larva completa su transformación y pasa a la fase de pupa antes de convertirse en adulto.

Finalmente ocurre una señal característica: la avispa adulta perfora un orificio generalmente redondeado en la momia y emerge al exterior, dejando evidencia visible de que el pulgón fue parasitado.

«Dentro de esa estructura aparentemente inerte continúa desarrollándose el parasitoide. La larva completa su transformación y pasa a la fase de pupa antes de convertirse en adulto»

Los convierten en pequeñas estructuras conocidas como “momias”/ Foto: Internet
Los convierten en pequeñas estructuras conocidas como “momias”/ Foto: Internet

Un enemigo natural de gran importancia

Las avispas parasitoides constituyen uno de los grupos de enemigos naturales utilizados en el manejo integrado de pulgones. Entre los hospedadores de diferentes especies de Aphidius se encuentran el pulgón verde del duraznero, el pulgón del melón y el pulgón del guisante, entre otras especies.

En condiciones favorables, su ciclo puede ser relativamente rápido. Para especies de Aphidius, desde la postura del huevo hasta la aparición de un adulto reproductivo puede transcurrir aproximadamente dos semanas durante temperaturas de verano, permitiendo varias generaciones a lo largo del año.

Además, los adultos son diminutos: algunas especies de Aphidius miden 3 milímetros o menos, por lo que muchas veces el productor no observa directamente a la avispa y descubre su presencia a través de las momias adheridas a las hojas.

Una señal de vida dentro del cultivo

La presencia de estas pequeñas estructuras puede convertirse, por tanto, en una señal positiva dentro de una estrategia de manejo integrado. La aparición de momias demuestra que existe actividad de parasitoides y que una parte de la población de pulgones está siendo atacada por enemigos naturales. De hecho, cuando las condiciones son favorables, las poblaciones de parasitoides pueden contribuir a reducir significativamente la presencia de pulgones en una o dos semanas.

Para conservar esta acción natural es importante evitar el uso innecesario de insecticidas de amplio espectro y persistentes, debido a que pueden afectar tanto a las plagas como a sus enemigos naturales. También se recomienda favorecer fuentes de néctar y polen para los adultos y controlar las hormigas, que pueden proteger las colonias de pulgones frente a sus enemigos naturales.

Así, detrás de un pequeño pulgón endurecido sobre una hoja existe una historia biológica compleja: una diminuta avispa encontró a su hospedero, depositó un huevo, desarrolló su descendencia en su interior y finalmente emergió para continuar el ciclo. Un proceso casi invisible para el productor, pero de gran importancia para el control biológico y la protección de los cultivos.

Redacción: Publiagro