
En medio del crecimiento urbano de Cotoca, donde pequeños espacios de tierra muchas veces parecen destinados al olvido, una fruta exótica está demostrando que no se necesita una gran extensión para construir una oportunidad productiva. En la urbanización Tabaguazú, parcelas de menos de una hectárea están dando paso al cultivo de pitahaya, con resultados que sorprenden por su productividad y que alimentan el sueño de consolidar una cadena capaz de llegar a mercados nacionales e internacionales.
En un terreno de apenas 6.000 metros cuadrados, productores han logrado alcanzar una producción aproximada de 20 toneladas de pitahaya al año, convirtiendo un espacio ubicado en plena área urbana en una muestra del potencial que puede tener este cultivo para pequeños productores.
Jorge Yale, presidente de la Asociación de Productores de Pitahaya de Bolivia, considera que esta experiencia demuestra que existen oportunidades incluso en aquellos pequeños terrenos que muchas familias tienen disponibles.
“Mucha gente tiene desperdiciando un pedacito de terreno en su casa o en su mini quinta. Y, imagínese, aquí tenemos 6.000 metros cuadrados en área urbana y estamos produciendo 20 toneladas de pitahaya anualmente. Es una gran oportunidad de negocio”, destacó.
La organización busca que esta experiencia se replique en otros municipios y departamentos del país, con la mirada puesta en incrementar significativamente la producción. Sin embargo, el objetivo no es únicamente producir más, sino construir un mercado sólido que permita comercializar la fruta, industrializarla y, a futuro, conquistar mercados internacionales.
“Nos interesa engrosar mucho, mucho, mucho la producción de pitahaya, que no nos vaya a ocurrir como con otros cultivos, que no hay mercado. Necesitamos que Santa Cruz reviente produciendo pitahaya para poder vender afuera, para poder industrializar, para que nos vaya bien. En eso estamos”, afirmó Yale.
Un cultivo que busca crecer unido
Actualmente, la asociación cuenta con alrededor de 15 socios, aunque existe expectativa de incorporar a nuevos productores mediante las redes sociales y otras herramientas de difusión.
La intención es ampliar la presencia de la organización y establecer vínculos con productores de diferentes provincias y municipios del país. Para Yale, la unión será fundamental para dar el siguiente paso: exportar.
“La idea es exportar y para exportar tenemos que estar juntos”, sostuvo.
Esta visión plantea la necesidad de construir una cadena productiva que involucre no solo a quienes cultivan la fruta, sino también a quienes puedan aportar en procesos de comercialización, industrialización, transformación y exportación.



Una vitrina para mostrar el potencial de la pitahaya
Con el objetivo de dar a conocer las características y posibilidades de este cultivo, los productores también preparan su participación en Feria Vida, prevista para octubre en Fundacruz.
En el evento se proyecta implementar una parcela demostrativa donde los visitantes podrán conocer diferentes formas de producción de pitahaya, desde sistemas intensivos hasta métodos tradicionales. También se trabaja en la creación de un jardín de variedades destinado a mostrar la diversidad de esta fruta.
Yale explicó que la pitahaya tiene una característica particular frente a otros cultivos presentes en este tipo de espacios: es una especie perenne, lo que abre la posibilidad de desarrollar actividades y experiencias relacionadas con su ciclo productivo y sus períodos de floración.
La organización incluso proyecta realizar actividades posteriores a la feria, como encuentros y campamentos durante las noches de floración, con el propósito de acercar al público a un cultivo que, además de su potencial económico, posee un atractivo particular por la belleza de sus flores y frutos.
Más allá de producir: construir una cadena
Para los productores, el desafío ahora es conectar todos los eslabones necesarios para que la pitahaya pueda convertirse en una actividad sostenible y con proyección internacional.
“Lo que nosotros queremos ahora es conocer gente, hacernos conocer con gente, no solamente que produzca pitahaya, sino que le interese industrializar, que le interese exportar, que le interese comercializar”, explicó Yale.
La búsqueda apunta a establecer alianzas con empresarios, productores, comercializadores e industrias que permitan desarrollar una cadena de valor capaz de acompañar el crecimiento de la producción.
Un mercado local que todavía tiene espacio
Aunque la mirada está puesta en la exportación, el mercado nacional todavía representa una oportunidad importante. Según Yale, la demanda local tiene capacidad para absorber una mayor producción y la oferta disponible aún no logra cubrir completamente las necesidades del consumidor.
El dirigente explicó que existen períodos en los que se registran picos de producción y los precios pueden disminuir temporalmente. Sin embargo, señaló que esta situación cambia rápidamente debido a que la oferta nacional continúa siendo insuficiente.
“Hay picos de producción, sí, baja un poquito el precio, pero muy rápido se dispara, no cubrimos. Y la prueba es que también ingresa fruta de otros países”, manifestó.
La experiencia de Tabaguazú refleja así una realidad que comienza a ganar terreno: la pitahaya puede convertirse en una alternativa productiva para pequeños espacios y, al mismo tiempo, en una oportunidad para diversificar la agricultura boliviana.
Fuente: Jorge Yale
Redacción: Publiagro


















