miércoles, septiembre 2, 2026
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El manejo de la reproductora pesada exige mayor precisión

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La uniformidad marca el éxito en la reproductora pesada/ Foto: Publiagro
La uniformidad marca el éxito en la reproductora pesada/ Foto: Publiagro

Los avances genéticos elevan la eficiencia de las aves, pero también demandan un control riguroso del peso, uniformidad, nutrición e iluminación

Más genética, mayor precisión en el manejo de reproductoras/ Foto: Publiagro
Más genética, mayor precisión en el manejo de reproductoras/ Foto: Publiagro

Los avances genéticos alcanzados en la avicultura han permitido obtener aves de mayor eficiencia productiva, especialmente en parámetros como la ganancia diaria de peso y la conformación corporal. Sin embargo, estas características también han incrementado el desafío para el manejo de las aves reproductoras pesadas, que requieren mayor precisión durante las etapas de recría y producción.

Jimmy Joaquín Añazco, asesor técnico de Avícola Sofía, explicó que el mejoramiento genético orientado principalmente al pollo de engorde también genera mayores exigencias en el manejo de las reproductoras, por lo que alcanzar buenos resultados depende de un conjunto de factores.

“Un ave reproductora es más difícil de manejar, más difícil de obtener buenos resultados”, señaló Añazco, quien destacó la importancia de trabajar con aves sanas, realizar un manejo adecuado, disponer de instalaciones bien equipadas y contar con personal capacitado.

El especialista remarcó que los resultados productivos no dependen de una sola persona, sino del trabajo coordinado de todo el equipo que interviene en la crianza y producción.

Uniformidad, un factor determinante

Uno de los principales aspectos que debe controlarse durante la recría es la uniformidad del peso del lote. Añazco explicó que un coeficiente de variación (CV) del 12% refleja una población bastante desuniforme, mientras que el objetivo debe ser mantener las aves lo más parejas posible.

“Nosotros estamos alimentando una población. Entonces la respuesta va a ser mejor si las aves que estamos alimentando tienen conformaciones similares y necesidades nutricionales similares”, explicó.

En este sentido, señaló que una reproductora puede alcanzar idealmente un CV cercano al 6%, lo que permite trabajar con un lote más uniforme y facilitar el manejo nutricional.

La iluminación permite controlar el inicio de producción

La iluminación también constituye una herramienta fundamental para controlar el momento en que las reproductoras comienzan su producción de huevos. De acuerdo con Añazco, la edad recomendada para iniciar la producción se encuentra alrededor de las 24 a 25 semanas, con un inicio ideal a las 24 semanas.

El objetivo es que, al alcanzar esa edad, el ave haya desarrollado adecuadamente sus reservas corporales, tanto de músculo como de grasa. Esto contribuye no solo a alcanzar un buen pico de producción, sino también a mantener la persistencia productiva.

El especialista explicó que los sistemas modernos de galpones permiten crear condiciones artificiales de iluminación durante la crianza, utilizando días cortos e intensidades de luz bajas para mantener una alta fotosensibilidad en las aves.

Posteriormente, cuando se busca inducir la madurez sexual, se incrementan las horas y la intensidad de luz, generando una respuesta más predecible de las reproductoras.

“Nosotros estamos alimentando una población. Entonces la respuesta va a ser mejor si las aves que estamos alimentando tienen conformaciones similares y necesidades nutricionales similares”

requieren un manejo integral desde la recría hasta el inicio de producción/ Foto: Publiagro
requieren un manejo integral desde la recría hasta el inicio de producción/ Foto: Publiagro

Nutrición ajustada a cada etapa

Respecto a la alimentación durante la recría, Añazco indicó que existen tablas y guías nutricionales proporcionadas para cada línea genética, las cuales sirven como referencia para establecer los programas de alimentación.

Sin embargo, aclaró que estas recomendaciones deben complementarse con la evaluación de la respuesta del lote, permitiendo realizar los ajustes necesarios de acuerdo con el comportamiento y desarrollo de las aves.

Ante la posibilidad de elegir entre una hembra excesivamente pesada y una demasiado liviana durante la recría, el especialista consideró que, dentro de determinados rangos, una ligera desviación por encima del peso objetivo representa un mal menor frente a una condición de bajo peso excesivo.

Selección y descarte

La selección de las aves también forma parte del manejo de la reproductora pesada. Añazco explicó que el descarte se realiza tomando como referencia determinados puntos de corte establecidos en función del peso promedio del lote.

Como ejemplo, señaló que las aves que se encuentran aproximadamente 20% por debajo del peso promedio pueden ser consideradas para descarte, debido a que presentan una desviación importante respecto al objetivo.

Sin embargo, destacó que un buen trabajo durante la recría permite reducir considerablemente la cantidad de aves que deben ser descartadas.

Transferencia a producción

Finalmente, Añazco explicó que el traslado de las reproductoras desde la granja de recría hacia producción se realiza alrededor de las 22 semanas. Esta etapa coincide con el ingreso al galpón de producción y el inicio del estímulo lumínico.

El manejo de la reproductora pesada, por tanto, requiere un seguimiento permanente desde la recría hasta el inicio de producción, con especial atención al peso, uniformidad, nutrición, iluminación, sanidad e infraestructura. El control preciso de estos factores permite preparar a las aves para expresar su potencial productivo y alcanzar mejores resultados en la etapa de producción.

Fuente: Jimmy Joaquín Añazco

Redacción: Publiagro