La alimentación sobre flores y granos en formación comienza a generar alertas y refuerza la importancia del monitoreo temprano y el manejo integrado

Lo que durante varias campañas fue considerado un insecto de presencia ocasional o de importancia secundaria, hoy comienza a ocupar un lugar de atención dentro de los lotes de sorgo. Se trata de Astilus variegatus, conocido comúnmente como “siete de oro”, una especie cuya mayor presencia en esta campaña está generando preocupación entre técnicos y productores debido a su aparición masiva sobre las panojas y su potencial impacto sobre el rendimiento del cultivo.

De acuerdo con Jovanna Vargas, jefe de Desarrollo de Rainbow, el comportamiento observado esta campaña muestra un incremento en las poblaciones del insecto, particularmente en etapas reproductivas del sorgo, cuando el cultivo define gran parte de su rendimiento final.

La especialista explicó que los adultos de Astilus variegatus se alimentan principalmente de flores y granos en formación, interfiriendo en el proceso de llenado y reduciendo el potencial productivo del cultivo.

“Muchos lotes están mostrando niveles de presencia superiores a los habituales. Este escenario obliga a prestar atención porque cuando una plaga secundaria encuentra condiciones favorables puede pasar rápidamente a tener importancia económica”, señaló.

El sorgo es uno de los cultivos estratégicos dentro de los sistemas agrícolas por su adaptabilidad a condiciones de menor disponibilidad hídrica y su importancia para alimentación animal, industria y producción de granos. Sin embargo, su estabilidad productiva depende de mantener el equilibrio entre nutrición, ambiente y sanidad.

En este contexto, especialistas explican que el denominado siete de oro pertenece al grupo de escarabajos florícolas y suele encontrarse naturalmente en distintos ambientes agrícolas alimentándose de polen y tejidos reproductivos. Históricamente no fue considerado una plaga principal debido a que sus poblaciones permanecían reguladas por factores ambientales y enemigos naturales.

No obstante, cuando las condiciones cambian, su comportamiento también puede modificarse.

“Muchos lotes están mostrando niveles de presencia superiores a los habituales. Este escenario obliga a prestar atención porque cuando una plaga secundaria encuentra condiciones favorables puede pasar rápidamente a tener importancia económica”

Cuando una plaga secundaria deja de ser secundaria/ Foto: Internet
Cuando una plaga secundaria deja de ser secundaria/ Foto: Internet

Entre los factores que estarían favoreciendo el aumento poblacional del insecto se encuentran las altas temperaturas registradas durante el ciclo agrícola, episodios de estrés ambiental en los cultivos y alteraciones en el equilibrio biológico del sistema.

Los técnicos advierten además que el uso repetitivo o indiscriminado de productos poco selectivos puede reducir poblaciones de insectos benéficos —como depredadores y parasitoides— que normalmente ayudan a mantener bajo control a especies oportunistas.

Como resultado, algunas plagas que antes pasaban desapercibidas encuentran condiciones ideales para multiplicarse y establecerse sobre el cultivo.

La presencia del siete de oro suele observarse directamente sobre las panojas, donde grandes concentraciones de adultos permanecen alimentándose durante la etapa de floración y formación de grano. Aunque el daño puede parecer inicialmente limitado desde el punto de vista visual, una presión elevada durante etapas críticas puede traducirse en menor llenado, reducción del peso de grano y pérdidas de productividad.

Frente a este escenario, los especialistas remarcan que el monitoreo temprano se convierte en una herramienta clave.

El seguimiento periódico del cultivo permite identificar incrementos poblacionales antes de alcanzar niveles que generen daño económico y tomar decisiones más precisas respecto al manejo.

Desde Rainbow recomiendan fortalecer estrategias de Manejo Integrado de Plagas (MIP), un enfoque que combina monitoreo, conservación de enemigos naturales, evaluación técnica del umbral de daño y uso racional de herramientas de control.

Este sistema busca evitar intervenciones innecesarias y mantener el equilibrio biológico del lote.

La advertencia principal para esta campaña es clara: las plagas secundarias no deben subestimarse.

Cuando coinciden condiciones ambientales favorables, estrés del cultivo y pérdida de regulación natural, especies consideradas de bajo impacto pueden transformarse rápidamente en una amenaza real para el rendimiento agrícola.

Por ello, especialistas insisten en que observar el comportamiento del cultivo y actuar con base técnica será determinante para sostener la productividad del sorgo en los próximos ciclos.

Fuente: Jovanna Vargas – Rainbow

Redacción: Publiagro