La destrucción de 15 toneladas de productos infestados en Potosí expone el peligro del ingreso ilegal de plagas y el impacto en la producción nacional

La reciente destrucción de más de 15 toneladas de productos de origen vegetal en Villazón, Potosí, por parte del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (SENASAG), ha puesto en evidencia un problema crítico que trasciende el contrabando: el riesgo fitosanitario que enfrenta Bolivia.

Los productos decomisados, que pretendían ingresar desde Argentina sin certificación sanitaria, presentaban infestación de gorgojos, lo que los hacía no aptos para el consumo humano. Sin embargo, el mayor peligro radica en su potencial para introducir plagas al territorio nacional, afectando directamente la producción agrícola.

El ingreso ilegal de productos vegetales rompe los controles sanitarios establecidos y abre la puerta a plagas cuarentenarias, es decir, organismos que no están presentes en el país y que pueden propagarse rápidamente. Una vez establecidas, estas plagas son extremadamente difíciles de erradicar y obligan a los productores a incrementar el uso de agroquímicos, elevando los costos de producción y reduciendo la rentabilidad.

Cultivos estratégicos para Bolivia como la soya, el maíz, la papa y diversas hortalizas pueden verse gravemente afectados por este tipo de amenazas. En otros países, la introducción de plagas ha generado pérdidas millonarias, afectando tanto la producción como la exportación de alimentos.

“El ingreso de productos sin control sanitario no solo afecta la salud pública, sino que pone en riesgo la producción agrícola, genera desorden fitosanitario y millonarias pérdidas económicas”

Además, este tipo de ingreso irregular genera un desorden fitosanitario, ya que los productos no cuentan con trazabilidad ni control técnico, dificultando la vigilancia epidemiológica y la capacidad de respuesta ante posibles brotes. Esto debilita el sistema sanitario nacional y pone en riesgo la seguridad alimentaria.

A esto se suma la competencia desleal que enfrentan los productores formales, quienes cumplen con normativas sanitarias y estándares de calidad, frente a productos que ingresan sin ningún tipo de control ni costos regulatorios.

Las acciones de decomiso y destrucción realizadas por el SENASAG, en coordinación con otras instituciones del Estado, son fundamentales para contener estas amenazas. No obstante, el desafío persiste debido a la constante presión del contrabando en las zonas fronterizas.

La sanidad vegetal es un pilar clave para el desarrollo del agro boliviano. Protegerla no solo implica resguardar la producción, sino también garantizar alimentos seguros, sostenibles y competitivos para el país.

Redacción: Publiagro