El correcto manejo del huevo define la supervivencia y la calidad de las crías

Las salas de incubación de avestruces constituyen una de las fases más delicadas y determinantes dentro del sistema productivo de estas aves exóticas. En estos ambientes especialmente acondicionados se define, en gran medida, el éxito reproductivo, ya que los huevos requieren un manejo técnico preciso y constante. El control riguroso de la temperatura, la humedad y la ventilación, así como la correcta manipulación de cada huevo, inciden directamente en el desarrollo del embrión, en los índices de eclosión y en la vitalidad de los pichones al nacer.

Área de incubación

La granja de Alfonso Montenegro cuenta con un área de incubación diseñada para cumplir con todos estos requerimientos técnicos. El proceso comienza desde el momento mismo del recojo de los huevos en los corrales de reproducción. Esta tarea debe realizarse utilizando guantes o bolsas que cubran las manos, con el objetivo de evitar la transferencia de bacterias y microorganismos que puedan contaminar la cáscara y comprometer la viabilidad del embrión.

Una vez recolectados, los huevos pasan a una sala de limpieza, donde son cuidadosamente lavados y cepillados. Este paso es fundamental, ya que la cáscara del huevo de avestruz posee poros microscópicos que facilitan la adherencia de bacterias. Si no se realiza una limpieza adecuada, estos agentes pueden penetrar el interior del huevo y provocar la muerte del embrión incluso antes de que inicie su desarrollo.

Tras la limpieza, los huevos son trasladados a un cuarto de incubación con una temperatura aproximada de 14 grados centígrados. En este ambiente permanecen entre cinco y siete días, período previo a su ingreso a la incubadora. Antes de colocarlos en la incubación propiamente dicha, se realiza una primera ovoscopia, procedimiento que permite verificar el estado interno del huevo y descartar aquellos que no presentan condiciones favorables.

“La ovoscopia se realiza mediante un equipo especial con luz ultravioleta, que permite observar el interior del huevo. Cuando el embrión se está desarrollando correctamente, el huevo se llena de venas sanguíneas visibles, señal clara de que el proceso avanza de manera saludable”

Foto: Publiagro
Foto: Publiagro

Ovoscopia

Superada la primera etapa, los huevos ingresan a la incubadora, donde permanecen alrededor de 40 días. Durante este tiempo, el control de la humedad es clave y debe mantenerse en niveles mínimos, mientras que el frío del ambiente externo ingresa de manera regulada al equipo. Entre los días 11 y 15 se lleva a cabo una nueva ovoscopia, con el fin de confirmar que el embrión se encuentra en pleno desarrollo. Los huevos que no muestran signos de progreso son retirados, mientras que aquellos con embriones sanos continúan el proceso.

La ovoscopia se realiza mediante un equipo especial con luz ultravioleta, que permite observar el interior del huevo. Cuando el embrión se está desarrollando correctamente, el huevo se llena de venas sanguíneas visibles, señal clara de que el proceso avanza de manera saludable.

Al finalizar el período de incubación, los huevos son trasladados a la nacedora, una especie de jaula especialmente diseñada, donde permanecen durante aproximadamente dos días. En esta fase, los pichones completan el proceso de nacimiento y se secan completamente antes de ser manipulados.

La fase de nacimiento es particularmente interesante desde el punto de vista biológico. Aproximadamente a los cinco días de incubación, dentro del huevo se forma una pequeña burbuja de aire ubicada en uno de sus extremos. Esta cámara de aire cumple una función vital, ya que cuando el embrión alcanza los 40 días rompe la membrana interna y respira por primera vez. Ese primer oxígeno le proporciona la fuerza necesaria para estirar las alas y las patas, romper el grueso cascarón y completar su salida de manera natural.

Una vez nacidos, los pichones son trasladados a una habitación con temperatura controlada, donde también se supervisa cuidadosamente la alimentación durante los primeros días de vida. Esta etapa inicial es clave, ya que es cuando se requiere mayor atención y cuidado. Sin embargo, una vez que los avestruces alcanzan el segundo mes de vida, pueden integrarse a la tropa, y a partir de ese momento la mortalidad se reduce drásticamente, siendo prácticamente inexistente.

Según la experiencia productiva, la mayor parte de las pérdidas en avestruces se produce dentro de la incubadora, antes de que el embrión llegue a desarrollarse completamente. Estas fallas suelen estar asociadas a un manejo inadecuado del huevo, lo que refuerza la importancia de una correcta manipulación, limpieza y control ambiental en las salas de incubación. En este sentido, el manejo técnico y responsable de esta etapa se convierte en la base para garantizar una producción exitosa y sostenible de avestruces.

Redacción: Publiagro

Las incubadoras tienen capacidad para 200 huevos/ Foto: Publiagro
Las incubadoras tienen capacidad para 200 huevos/ Foto: Publiagro
Área de limpieza y desinfección de los huevos/ Foto: Publiagro
Área de limpieza y desinfección de los huevos/ Foto: Publiagro