Thiago Neves Texeira expone cómo consorcios forrajeros con Brachiaria y Panicum y prácticas de integración mejoran rendimiento, salud del suelo y retornos a mediano y largo plazo

Lo mas usado es la integración pasturas con maíz / Foto: Internet
La integración forestal también es una opción para el bienestar animal / Foto: Internet

En una charla ofrecida en el salón de Asocebu durante el seminario Alimenta, Thiago Neves Texeira planteó la integración agrícola-ganadera como una estrategia visionaria pero fundamentada, que combina producción de granos, forrajes y la componente animal. Este sistema no se reduce a rotar cultivos; se trata de insertar pasturas forrajeras dentro del ciclo agrícola para que los animales participen del sistema y, con ello, potenciar beneficios múltiples.

¿Qué han mostrado los estudios recientes?

  • Un estudio de Embrapa “Brachiaria and Panicum maximum in an integrated crop-livestock system …” demuestra que el uso de pasturas forrajeras como Brachiaria spp. y Panicum maximum, implantadas durante la etapa terminal de la soja (etapa R6-R7), aportan biomasa significativa, mejor ciclo de nutrientes y, al proteger el suelo, elevan los rendimientos de soja en años de sequía o déficit hídrico.
  • Otro trabajo encontró que sistemas de integración entre cultivos y forrajes incrementan la acumulación de carbono orgánico del suelo en comparación con secuencias agrícolas convencionales. Además, estos sistemas reducen la volatilidad económica y riesgos en contextos climáticos adversos.
  • En ambientes tropicales arenosos, se evidenció que cultivos intercalados de maíz con Urochloa (sinónimos de Brachiaria) o Panicum maximum permiten mantener altos rendimientos de maíz sin grandes pérdidas de nutrientes, lo cual beneficia tanto al componente agrícola como al forrajero.

Estrategias prácticas sugeridas

Thiago Neves propuso varias prácticas que podrían adaptarse al contexto boliviano:

  1. Introducción de forrajeras resistentes como Brachiaria spp. y Panicum maximum, especialmente variedades tolerantes al estrés climático, que puedan establecerse con buena cobertura y producir forraje de calidad incluso en periodos secos.
  2. Consorcios o siembras intercaladas: sembrar forrajes durante los cultivos agrícolas o inmediatamente después de cosechas, para aprovechar los nutrientes remanentes, controlar malezas, y acortar periodos sin cobertura vegetal.
  3. Componente ganadero real: no basta tener pastos; se necesita contar con animales que consuman ese forraje, para cerrar el ciclo productivo y económico; esto implica ajustar densidades de ganado, cercamientos, movilidad, infraestructura mínima.
  4. Uso de prácticas de conservación: siembra directa, cobertura mulch/forrajera, reducción del laboreo para incrementar materia orgánica, proteger suelo, mejorar infiltración de agua. Esto coincide con los hallazgos de Embrapa de que ILP bajo no-laboreo tiene mejores resultados de carbono orgánico del suelo y de productividad.
  5. Planificación a largo plazo: los beneficios de sistemas integrados no se ven inmediatamente, sino en varios años; es necesario pensar en inversiones que paguen dividendos en biodiversidad, salud del suelo y mitigación de riesgos climáticos.

“Introducir forrajeras dentro de sistemas agrícolas con componente animal no solo mejora la productividad de granos durante años de estrés hídrico, sino que favorece estabilidad económica, nutricional y ambiental”

Retos que debe enfrentar el productor

Neves también señaló obstáculos típicos: logística para mover ganado, falta de infraestructura (cercas, manejo de agua, sombra, coberturas), insuficiente número de animales para explotar eficientemente el potencial forrajero en grandes extensiones, y riesgos de competitividad entre cultivos y forrajes si no se manejan bien los tiempos y las dosis.

La integración agrícola-ganadera, como expone Thiago Neves, constituye más que una estrategia alternativa: es una vía probada hacia la sostenibilidad productiva frente al cambio climático, al agotamiento del suelo y a los altibajos de los mercados. Estudios recientes respaldan que introducir pastos forrajeros con Brachiaria o Panicum, combinados con manejo ganadero adecuado y prácticas de conservación, no sólo mejora los rendimientos agrícolas, sino que estabiliza ingresos, salud del suelo y resiliencia del sistema. Para los productores que están dispuestos a invertir mirando años adelante, esta integración representa una apuesta segura para un agro más fuerte, equilibrado y fructífero.

Redacción: Publiagro