
La Dra. Olimpia Barbato explica qué es, qué la causa, cuánto impacta y cómo los productores pueden prevenirla para asegurar crías sanas y ganancias sostenibles




La mortalidad embrionaria en búfalas es uno de esos problemas que no siempre se ven, pero que dejan huella en la rentabilidad. Así lo explica la doctora Olimpia Barbato, profesora asociada del Departamento de Medicina Veterinaria de la Universidad de Perugia, Italia, quien ha dedicado gran parte de su trabajo a estudiar este fenómeno.
“Se trata de la muerte del embrión en las primeras semanas de gestación, cuando todavía el productor ni siquiera ha confirmado el embarazo”, señala. Ese carácter silencioso convierte a la mortalidad embrionaria en un verdadero “enemigo invisible”, pues los animales aparentan estar gestando, pero al cabo de poco tiempo la preñez se pierde sin dar señales claras.
Las causas son múltiples y van desde problemas sanitarios hasta desequilibrios nutricionales, pasando por factores hormonales, ambientales e incluso genéticos. “Un manejo deficiente en la dieta, el estrés por calor o un mal momento para el transporte pueden desencadenar estas pérdidas”, advierte la especialista.
La magnitud del problema no es menor. Estudios internacionales estiman que, en promedio, alrededor del 7 al 10 % de las gestaciones en búfalas pueden perderse por esta causa, aunque el número varía según las condiciones de cada sistema productivo. Y mientras en las vacas algunos productores optan por descartar animales con antecedentes de pérdidas repetidas, Barbato sugiere un enfoque más cuidadoso en los búfalos: “Antes de pensar en retirar un ejemplar, hay que investigar las causas y corregir lo que se pueda, porque el valor genético de estos animales es muy alto”.

“La pérdida embrionaria temprano es uno de los principales retos reproductivos en búfalas, muchas veces imperceptible, pero con efectos acumulativos que pueden reducir hasta un 10 % de la eficiencia reproductiva si no se aborda con buen manejo sanitario, nutricional y genético”

La receta para enfrentar el problema pasa por un trabajo integral: reforzar la sanidad con controles permanentes, asegurar dietas equilibradas con los minerales y vitaminas necesarios, monitorear la salud reproductiva y minimizar situaciones de estrés en los hatos. “Si se quiere crecer en productividad, el productor debe cuidar los pequeños detalles que, sumados, marcan la diferencia”, remarca la experta.
En definitiva, la mortalidad embrionaria en búfalas no es una sentencia inevitable, pero sí un desafío que exige atención. Prevenirla no solo significa más crías nacidas, sino también un paso firme hacia una ganadería más competitiva y sostenible.

Redacción: Publiagro














