
Especialistas del INTA de Argentina recorrieron parcelas en San Julián y Cuatro Cañadas junto a técnicos de BASF e Interagro para evaluar estrategias de control químico y resistencia genética frente a la maleza parásita que amenaza la producción de girasol en Bolivia


La presencia del jopo (Orobanche cumana), una maleza parásita que ataca directamente las raíces del girasol, se ha convertido en una seria preocupación para los productores de Santa Cruz. En este contexto, dos técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina visitaron la región para conocer de primera mano la problemática y compartir experiencias internacionales de control.
La delegación argentina, integrada por Miguel Ángel Cantamuto y Daniel Álvarez, recorrió parcelas en los municipios de San Julián y Cuatro Cañadas, epicentro de la infestación, junto a especialistas bolivianos como Pablo Franco de BASF y Mario Zankis de Interagro. El objetivo fue observar la magnitud de la expansión del jopo, analizar las alternativas químicas y genéticas en desarrollo y reforzar el trabajo conjunto entre ambos países.
Según Pablo Franco, de BASF, la tecnología Clearfield ha demostrado ser una herramienta clave para el control, al permitir el uso de herbicidas como Imazapir y Arsenal, antes limitados en girasol. “Este sistema ofrece la posibilidad de complementar aplicaciones en preemergencia y postemergencia, lo que prolonga la protección del cultivo y frena la propagación del parásito”, explicó.
Por su parte, Mario Zankis, de Interagro, destacó que desde que se reportó la maleza en 2023, el sector reaccionó con rapidez implementando aplicaciones químicas en parcelas experimentales y comerciales. “El uso de Arsenal ha mostrado buenos resultados, pero sabemos que el control debe ser integral. Por eso estamos probando híbridos con resistencia genética y evaluando su adaptación a los ambientes cruceños”, afirmó.

«El jopo, parásito radicular que afecta al girasol, se expande en Santa Cruz y motiva la cooperación científica entre Bolivia y Argentina para frenar su avance y mitigar pérdidas en el rendimiento”


Desde Argentina, Miguel Ángel Cantamuto subrayó la importancia de la alerta temprana. Recordó que en Europa y Asia el jopo lleva más de un siglo causando estragos, y advirtió que la alta capacidad reproductiva de la maleza —capaz de generar millones de semillas por ciclo— exige medidas inmediatas para evitar su expansión. “Confinar el área afectada y evitar la dispersión es hoy el gran desafío”, sostuvo.
En la misma línea, Daniel Álvarez valoró la organización del denominado “Comité del Jopo”, que reúne a empresas y técnicos en Bolivia para enfrentar el problema. “Este esfuerzo conjunto se asemeja a consorcios internacionales que han logrado contener plagas en otras regiones. Lo que vimos aquí es un trabajo serio, con avances en control químico y resistencia genética, que puede marcar la diferencia”, apuntó.
Aunque en Argentina el jopo aún no está presente, los técnicos del INTA consideran inevitable que en algún momento pueda cruzar fronteras, dadas las intensas relaciones comerciales y el intercambio de maquinaria agrícola. Por ello, destacaron la relevancia de esta visita como experiencia de prevención y transferencia de conocimientos.
En Santa Cruz, la expansión del jopo se estima ya en varios miles de hectáreas, generando alarma en los productores. Sin embargo, los ensayos realizados y la cooperación internacional abren una ventana de esperanza para que el girasol siga siendo una alternativa rentable dentro del mosaico agrícola boliviano.
Visita de técnicos argentinos a Bolivia por el jopo del girasol

Redacción: Publiagro














