
El manejo de galpones climatizados para gallinas ponedoras requiere un control permanente de las condiciones ambientales, especialmente de la temperatura, la humedad y la ventilación. Estos tres factores son determinantes para mantener el bienestar de las aves, alcanzar los parámetros productivos de cada línea genética y garantizar la rentabilidad de las unidades avícolas.
Fernando Fernández, gerente técnico de Avícola Modelo y médico veterinario zootecnista, explicó que la zona de confort de las gallinas ponedoras debe evaluarse considerando tanto las condiciones en las que se encuentran las aves como su desempeño productivo.
“La zona de confort es muy amplio para intentar describirlo en solo un par de palabras, pero tenemos que tomar en cuenta que para la gallina la zona de confort va a ser donde se sienta cómoda, donde esté produciendo bien, donde consuma lo que debe consumir y, obviamente, nos dé la rentabilidad que nosotros necesitamos”, señaló.
Temperatura, humedad y ventilación bajo control
Fernández identificó tres puntos críticos que no deben descuidarse en los galpones climatizados: la temperatura, la humedad y el movimiento del aire, condiciones que deben mantenerse dentro de los rangos adecuados para las aves.
“Los puntos críticos vamos desde temperatura, manejo de temperatura, que es algo crítico hablando de galpones cerrados, galpones climatizados. Ahí sí o sí tenemos que tener ventilación, tenemos que tener humedad y también buen movimiento de aire. Son cosas que no pueden fallar. Esas tres no pueden fallar”, afirmó.
Para mantener estos parámetros, recomendó que los productores se guíen por las tablas técnicas y los rangos establecidos por las casas genéticas, debido a que cada línea de aves cuenta con requerimientos específicos de manejo.
“Todas las líneas genéticas tienen tablas, tienen parámetros. Eso está muy al alcance de todos. Pero siempre manejarnos en los rangos que las casas genéticas nos piden y que nos dicen que de este rango a este todo va a funcionar y va a estar correcto, manejarnos eso, no irnos a ningún extremo. Las consecuencias pueden ser catastróficas si erramos en eso”, advirtió.
El seguimiento de estos parámetros permite identificar desviaciones y realizar ajustes oportunos en los sistemas de climatización, evitando que las condiciones ambientales afecten el consumo de alimento, el desempeño productivo y el bienestar de las aves.


La capacitación del personal, un factor determinante
Además de contar con equipos adecuados, el manejo eficiente de un galpón climatizado depende de la preparación técnica de las personas responsables de su funcionamiento. Fernández sostuvo que la capacitación debe ser una prioridad para los productores, especialmente cuando se trata de instalaciones que requieren supervisión constante y decisiones oportunas.
“El desafío, sobre todo, creo que al final también comentaba algo de eso, yo creo que es la capacitación que tiene que tener el personal. El personal que está a cargo, también mencionaba en charlas anteriores, que no podemos dejar responsabilidades tan grandes en personas que no tienen capacidad o que carecen de ciertas capacidades. Tienen que tener todo el conocimiento técnico para poder explotar un galpón caro y convertir en un galpón rentable”, manifestó.
El especialista remarcó que el personal debe conocer el funcionamiento de los sistemas de ventilación y climatización, interpretar los parámetros ambientales y actuar de manera oportuna ante cualquier anomalía. Estas capacidades son importantes para aprovechar la infraestructura instalada y evitar que una falla operativa afecte los resultados de la producción.
Las fallas pueden reducir la productividad y provocar mortandad
La falta de control sobre las condiciones ambientales puede generar pérdidas económicas incluso cuando la producción continúa. Según Fernández, una granja puede mantener su actividad sin alcanzar los resultados esperados para la línea genética utilizada, lo que repercute en la eficiencia productiva.
“Pérdida diaria. Podemos seguir produciendo, pero producimos y no llegamos a alcanzar los resultados óptimos de la línea”, explicó.
Sin embargo, las consecuencias pueden ser mayores cuando se presentan variaciones bruscas de temperatura y no se toman medidas a tiempo. En estos casos, las aves pueden sufrir afectaciones que van desde pérdidas parciales hasta episodios de mortandad que comprometan a un galpón completo.
“Podemos tener mortandades, ya sea mortandades chicas o mortandades muy grandes, hablando de galpones enteros”, advirtió.
Por ello, el manejo de galpones climatizados exige combinar infraestructura, monitoreo permanente y personal capacitado. La revisión de los parámetros ambientales y la aplicación de los protocolos técnicos de cada línea genética son herramientas fundamentales para sostener la producción de huevos, proteger el bienestar de las aves y reducir las pérdidas durante el ciclo productivo.
Fuente:Fernando Fernández
Redacción: Publiagro


















