Cada 1 de octubre, el aroma del café tiene una fecha para ser celebrado. El Día Internacional del Café reconoce a uno de los cultivos que durante generaciones ha acompañado la vida de miles de familias productoras y que, en Bolivia, ha encontrado en las montañas de La Paz, los valles y zonas tropicales de Cochabamba, los bosques de Santa Cruz y otros territorios del país diferentes escenarios para desarrollar una producción marcada por la calidad y, en muchos casos, por el manejo orgánico. La Organización Internacional del Café estableció esta fecha como una jornada para poner en valor al sector y a los agricultores que viven de este cultivo.
La historia cafetalera boliviana tiene en los Yungas y Caranavi, en el departamento de La Paz, su principal punto de referencia. Durante años, estas zonas construyeron una identidad alrededor del café de altura, producido en pequeñas parcelas y reconocido en mercados especializados por sus características de aroma y sabor.
Los datos más recientes muestran la dimensión de ese liderazgo. Un estudio del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), elaborado con información productiva, señala que Bolivia cultivó café en más de 25.000 hectáreas en 2023. De esa superficie, el 96% correspondió a La Paz, mientras Santa Cruz representó el 2,5%; Cochabamba, Beni, Pando y Tarija completaron la superficie restante. La producción nacional superó las 23.600 toneladas, con un rendimiento promedio de 920 kilos por hectárea.
La Paz mantiene así el liderazgo productivo, especialmente en los Yungas y Caranavi. Publiagro ha documentado que más del 95% del café boliviano proviene del altiplano yungueño, en zonas situadas aproximadamente entre los 1.400 y 2.300 metros sobre el nivel del mar. Caranavi aparece como uno de los principales centros de esta actividad y como una región donde predomina el café producido bajo sistemas orgánicos.
Pero la historia del café boliviano ya no se escribe únicamente desde los Yungas.
En Cochabamba, municipios como Villa Tunari, Shinahota, Chimoré, Puerto Villarroel y Entre Ríos fueron consolidando sus propias experiencias. Publiagro registró que más de 600 familias se dedicaban a la producción en unas 300 hectáreas en la zona tropical del departamento, mientras productores locales comenzaron a trabajar en calidad, transformación y posicionamiento del grano.
El crecimiento también comenzó a tomar forma en Santa Cruz, donde la caficultura pasó de ser una actividad de menor escala a convertirse en una alternativa productiva que gana espacio en distintas comunidades.
Santa Cruz encuentra su propia identidad cafetalera
En 2013, Santa Cruz registraba alrededor de 498,5 hectáreas cultivadas de café. Para 2021, la superficie había llegado a 700 hectáreas y la producción alcanzó 500,4 toneladas, frente a las 273,2 toneladas registradas en 2013. El rendimiento también mejoró, al pasar de 669 a 715 kilos por hectárea.
La geografía cafetalera cruceña se fue extendiendo alrededor del entorno del Parque Nacional Amboró. Yapacaní, San Carlos, Buena Vista, Porongo, El Torno, Samaipata y Mairana aparecen entre las principales zonas productoras. En 2023, Publiagro reportó más de 3.400 productores vinculados a estas cuencas, aunque también señaló que buena parte de la producción tenía como destino el mercado interno y que los productores enfrentaban dificultades relacionadas con asistencia técnica, fertilización, sequía y plagas.
El crecimiento territorial continuó. Un estudio presentado en 2024 por el Instituto Cruceño de Estadística identificó 1.213 hectáreas dedicadas al café en la provincia Ichilo, con productores de localidades como San Carlos y Yapacaní entre los protagonistas de esta expansión.
Y en abril de 2026, durante el lanzamiento de la cosecha de café cruceño, la Federación de Cafetales ASPAGRO informó que cerca de 1.300 familias se dedicaban a esta actividad en el departamento, con más de 1.000 hectáreas cultivadas. La campaña también mostró un mayor interés por el café de especialidad, producido bajo sistemas agroforestales y con características orientadas a mercados de mayor exigencia.


El avance de Santa Cruz también tiene una particularidad. En las zonas cercanas al Amboró, algunos productores han construido su propuesta alrededor de una producción amigable con el medio ambiente. En Buena Vista, por ejemplo, productores entrevistados por Publiagro explicaron que trabajan con variedades de café arábica y métodos permitidos dentro de la producción orgánica, además de desarrollar actividades que abarcan desde la producción de semillas y plantines hasta la asistencia técnica.
Un café que sale de Bolivia
La evolución productiva también se refleja en el comercio exterior. En 2024, Bolivia exportó casi 2.500 toneladas de café por un valor superior a los 15 millones de dólares, de acuerdo con datos del IBCE basados en información del INE. Ese año, La Paz concentró el 99,7% del valor exportado y Estados Unidos fue el principal destino por volumen, seguido por Bélgica-Luxemburgo, Francia y Alemania.
En 2025, las ventas externas volvieron a crecer en valor. Según datos del IBCE difundidos por ABI, Bolivia exportó 2.169 toneladas de café por más de 17 millones de dólares. Estados Unidos concentró el 31% de las ventas, Bélgica el 17% y Francia el 13%, dentro de un total de 28 países de destino. El café sin tostar y sin descafeinar representó el 99,3% de las exportaciones.
La producción orgánica forma parte de esta historia, particularmente en las regiones cafetaleras de La Paz. Sin embargo, las estadísticas oficiales de comercio exterior no cuentan con una partida arancelaria exclusiva para identificar cuánto del café exportado corresponde específicamente a producción orgánica. Por ello, el dato debe entenderse como una característica de una parte importante de la oferta cafetalera boliviana y no como un porcentaje exacto de las exportaciones totales.
La calidad, además, se ha convertido en una carta de presentación. Publiagro ha documentado la participación de cafés bolivianos en mercados de Estados Unidos, Europa y Asia, así como la evolución de las subastas y torneos nacionales de calidad, donde muestras procedentes de La Paz y Cochabamba han conseguido altas puntuaciones y precios diferenciados.
Incluso desde territorios que recién comienzan a construir una historia exportadora aparecen experiencias particulares. En 2024, Publiagro relató el caso de un productor de Magdalena, Beni, que envió pequeñas cantidades de café ecológico Itonama a Virginia, Estados Unidos, como parte de un proceso todavía incipiente de apertura de mercados para esta producción.
Así, mientras La Paz conserva el liderazgo y Cochabamba mantiene una tradición propia en el trópico, Santa Cruz amplía sus áreas y familias dedicadas al cultivo, y Beni comienza a mostrar experiencias particulares de cafés diferenciados.
La historia del café boliviano, entonces, se construye en distintas geografías. Está en las parcelas de altura de los Yungas, en las fincas tropicales de Cochabamba, en las comunidades próximas al Amboró y en nuevas zonas que buscan convertir al grano en una alternativa económica.
Este 1 de octubre, el Día Internacional del Café encuentra a Bolivia con una cadena que todavía tiene una producción relativamente pequeña frente a los grandes países cafeteros, pero con una característica que ha acompañado al sector durante años: la búsqueda de calidad, diferenciación y mercados para un grano que nace en pequeñas parcelas y puede terminar en una taza al otro lado del mundo.
Fuente: Publiagro, IBCE, INE, Iniaf
Redacción: Publiagro


















