Mientras el 2025 la exportación de grano de soya apenas alcanzó los $US 17.16 millones de dólares, la transformación industrial de subproductos industrializados superó los $US 1.000 millones. Los subproductos representaron aproximadamente diez veces el volumen exportado y más de doce veces el valor en divisas obtenido por las ventas de grano

El objetivo de la industria oleaginosa es transformar el grano de soya, dándole valor agregado. Los datos económicos reflejan una clara realidad: “el verdadero impacto en la generación de divisas para Bolivia proviene de la industrialización de la soya y no de la venta de materia prima sin procesar», como señala Jorge Amantegui, presidente ejecutivo de la Cámara de Industrias Oleaginosas de Bolivia (CANIOB).
El peso indiscutible de la industrialización
Bolivia cuenta con una capacidad industrial instalada y una infraestructura consolidada —representada de forma destacada por el sector oleaginoso asociado a la CANIOB— que permite procesar más de 5 millones de toneladas de grano anualmente, pero la producción boliviana solo alcanza a aproximadamente 3 millones de toneladas.
Las exportaciones bolivianas de subproductos industriales de la soya, que incorporan valor agregado, generan un aporte sustancialmente mayor en volumen y divisas que las ventas de grano sin procesar.
En 2024, la exportación de subproductos alcanzó 2,03 millones de toneladas, por un valor de US$ 987,86 millones, frente a las 202.406 toneladas de grano de soya exportadas, que generaron US$ 81,11 millones.
Es decir, los subproductos representaron aproximadamente diez veces el volumen exportado y más de doce veces el valor en divisas obtenido por las ventas de grano.
La diferencia se mantuvo en 2025: los subproductos sumaron 2,52 millones de toneladas y US$ 1.034,83 millones, mientras que el grano alcanzó 49.662 toneladas y US$ 17,16 millones.
Entre enero y agosto de 2026, las exportaciones de subproductos registraron 1,88 millones de toneladas, por un valor de US$ 752,50 millones; en cambio, las ventas de grano llegaron a 97.096 toneladas y US$ 36,69 millones.


Estas cifras evidencian el papel estratégico de la industria oleaginosa en la economía boliviana: transformar el grano en productos industriales permite multiplicar el valor de las exportaciones y fortalecer la generación de divisas. Si se pudiera aprovechar totalmente la capacidad productiva instalada, se podría hasta duplicar la oferta exportable del país.
Dicha diferencia demuestra que el valor agregado multiplica exponencialmente los ingresos para el país.
“El verdadero impacto económico y la generación sostenible de divisas para Bolivia provienen de transformar nuestra materia prima; el valor agregado multiplica exponencialmente los ingresos y dinamiza toda la cadena productiva nacional», afirma Jorge Amantegui.
El círculo virtuoso de la cadena oleaginosa
Procesar la soya dentro del territorio nacional genera un círculo virtuoso que va mucho más allá del valor reflejado en una factura de aduana. Involucra transporte, acopio, almacenamiento, empleo industrial, energía y servicios especializados que dinamizan la economía local.
Para esto, el sector productivo y agroindustrial oleaginoso están gestionando con el gobierno la aprobación de eventos de biotecnología para obtener semilla mejorada genéticamente e incrementar la producción nacional con rendimientos similares a los de los países vecinos.
Lejos de una oposición de intereses, la agricultura y la industria funcionan de la mano: un sector productor en crecimiento necesita plantas procesadoras eficientes que aseguren una compra constante de su cosecha.
Según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), las exportaciones de soya superaron ya en lo que va del año a las de hidrocarburos. Además, la cadena de la soya sostiene más de 120.000 empleos, además de impulsar actividades como el transporte, el comercio, la gastronomía y la metalmecánica, según estimaciones de dicha entidad.
Por lo tanto, su importancia debe medirse tanto por los ingresos de exportación como por todo su impacto positivo en la economía.
A la luz de estas cifras, el desafío central para el desarrollo económico de Bolivia es «incrementar la producción de grano de soya y potenciar la transformación de productos con valor agregado, el abastecimiento del mercado nacional y generar riquezas para el país con la exportación”, concluye el presidente de CANIOB.
Redacción: CANIOB

















