miércoles, septiembre 16, 2026
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Columna de Opinión: GANADERÍA SIN MANEJO por: Wolf Rolón Roth Ingeniero Agrónomo M. Sc. Consultor en ganadería sostenible. Ex dirigente ganadero

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La crisis estructural de la ganadería bovina en Bolivia y en países vecinos de alto desarrollo pecuario es la insuficiente reposición de terneros. Esto provoca que la extracción de ganado (14,6%) sea mayor que la reposición (7,24%), poniendo en riesgo la continuidad de suministro de la cadena. Si este problema no se enfrenta debidamente en nuestro país, se estima que dentro de unos tres años se reducirá la oferta de carne bovina tanto para consumo interno como para exportación.

Wolf Rolón Roth

Ingeniero Agrónomo M. Sc. Consultor en ganadería sostenible. Ex dirigente ganadero

Todos los países de la región sur comparten el mismo problema, cuya causa principal es la baja productividad expresada en deficientes índices zootécnicos y bajos parámetros productivos. Pero, además, Bolivia arrastra desde siempre en sus tierras bajas una ganadería basada en la práctica del no manejo.

La práctica del no manejo está directamente relacionada con la ausencia de control de pastoreo, lo que significa que en las tierras bajas de nuestro país aproximadamente 5 millones de cabezas (60%) de la ganadería total de 11,3 millones, vagan sin control, ocasionando serios perjuicios, entre los que están: los conflictos con la fauna, el abigeato, los incendios y la baja productividad. Esta ausencia de manejo representa una deficiente gestión del territorio que provoca graves daños a la flora y fauna de las ecorregiones del Bosque Seco Chiquitano, la Sabana Inundable, el Cerrado, el Bosque Amazónico y el Chaco.

En contraste, existe una ganadería progresista y moderna con manejo adecuado (pastoreo controlado, sanidad, genética, bienestar animal) de aproximadamente 3 millones de cabezas en estas mismas ecorregiones, que es donde se inicia la cadena de producción de carne de exportación.  Así mismo, la ganadería bovina de las ecorregiones del Altiplano y los Valles Interandinos, principalmente dirigida a la producción de leche (3,1 mill. de cabezas) controla mejor el pastoreo y registra mejores índices zootécnicos.

Esta realidad basada en investigaciones dispersas que son del conocimiento de los productores, pasa desapercibida en diversos análisis de la situación de la ganadería bovina nacional. Se sigue insistiendo en que el abigeato es un tema exclusivamente policial en vez de exhortar al mejoramiento del manejo; los llamados de atención sobre los conflictos con la fauna se reciben con susceptibilidad, como si fuera un problema exclusivo de los conservacionistas; al no existir pastoreo controlado no se utiliza al ganado como herramienta de gestión del territorio para que reduzca el material lignificado que se convierte en una gran masa de material inflamable, lo que conduce a que las quemas se conviertan en incendios incontrolables; la ausencia de manejo provoca alta mortandad de terneros, mala nutrición en la que el ganado sólo sobrevive sin ganar peso y baja productividad por hectárea por deficiencia en el aprovechamiento tanto de la pastura cultivada como de la natural.

Debe quedar definitivamente claro que no puede existir una ganadería sostenible si no se controla el pastoreo. Mientras los grupos progresistas de ganaderías eficientes aplican Buenas Prácticas Ganaderas, invierten en infraestructura y forman a su personal para que los vaqueros se conviertan en pastores, la ganadería en práctica de no manejo desprestigia al sector porque todavía hay quien cree que la carne de exportación proviene de esa ganadería primitiva, hostil con el medio ambiente.