En las serranías del municipio de Quirusillas, donde el clima templado y los suelos fértiles han convertido a la región en una importante zona frutícola, una huerta familiar guarda parte de la historia agrícola del lugar. En la comunidad de Jucumare, la familia Mancilla conserva cerca de un centenar de plantas de naranja criolla, algunas de ellas con más de 50 años de vida, que continúan produciendo frutos reconocidos por su sabor y calidad.
La huerta no solo representa una fuente de ingresos para la familia, sino también el resultado de décadas de trabajo, dedicación y conocimientos transmitidos de generación en generación, en una región donde el cultivo de cítricos forma parte de la identidad productiva.
Una tradición que sigue dando frutos
Balbino Mancilla, productor de naranjas en Jucumare relata la riqueza de su huerto, conformado por árboles adultos que han resistido el paso del tiempo y nuevas plantas criollas mejoradas que garantizan la continuidad de la producción.
Los enormes naranjos, algunos sembrados hace más de cinco décadas, permanecen vigorosos gracias al manejo permanente que reciben durante todo el año. Cada árbol refleja años de cuidados y experiencia acumulada por la familia Mancilla, que ha aprendido a convivir con los desafíos que presenta el cultivo.
El secreto está en el manejo del cultivo
Don Balbino explicó que el éxito de la producción no depende únicamente de las condiciones naturales de la zona, sino también del trabajo constante que se realiza en la huerta.
Las labores de limpieza, la poda oportuna, el control de plagas y enfermedades y el mantenimiento general de los árboles permiten que las plantas expresen todo su potencial productivo.
«Hay que tener el cuidado respectivo. La limpieza, el control de plagas, la poda… todo eso ayuda para que la misma planta y la naturaleza hagan producir», comentó el productor.
Estas prácticas permiten mantener árboles sanos, mejorar la calidad de los frutos y prolongar la vida productiva de plantas que, pese a superar el medio siglo de existencia, continúan ofreciendo cosechas cada temporada.

Naranjas criollas con identidad propia
Uno de los principales atributos de la producción de la familia Mancilla es que se trata de naranja criolla, una variedad ampliamente valorada por su intenso aroma, su equilibrio entre dulzor y acidez y su abundante jugo.
Según Don Balbino, estas características han convertido a sus naranjas en un producto muy buscado por consumidores provenientes, especialmente, de la ciudad de Santa Cruz, donde son apreciadas por su sabor tradicional.
Aunque gran parte de la huerta está conformada por árboles antiguos, en los últimos años el productor incorporó nuevas plantas criollas mejoradas, buscando mantener la calidad del fruto y asegurar la renovación gradual del huerto sin perder las características que distinguen a esta variedad.
Quirusillas, tierra de frutas
El municipio de Quirusillas es reconocido por su vocación frutícola. Sus condiciones climáticas favorecen la producción de cítricos, duraznos, manzanas, chirimoyas, paltas y otras frutas que abastecen a distintos mercados del departamento de Santa Cruz.
Durante décadas, numerosas familias han encontrado en la agricultura una forma de vida, preservando sistemas tradicionales de producción que hoy conviven con nuevas técnicas de manejo agronómico.
La huerta de la familia Mancilla es un ejemplo de cómo esa tradición continúa vigente, combinando árboles históricos con prácticas modernas de manejo para responder a las exigencias del mercado.
Un patrimonio agrícola que trasciende generaciones
Más allá del valor económico de la producción, cada árbol representa una parte de la historia familiar. Los naranjos más antiguos han acompañado varias generaciones y continúan siendo testigos del esfuerzo cotidiano de quienes han dedicado su vida al campo.
En tiempos en que la agricultura enfrenta desafíos como el cambio climático, las plagas y la volatilidad de los mercados, experiencias como la de Don Balbino Mancilla demuestran que la perseverancia, el conocimiento y el cuidado permanente siguen siendo la base para mantener viva una tradición agrícola que forma parte del patrimonio productivo de Quirusillas.
Entre árboles centenarios y nuevas plantas que comienzan a crecer, la huerta de la familia Mancilla continúa escribiendo su historia, una historia en la que la naranja criolla sigue siendo símbolo de identidad, trabajo y orgullo para una de las regiones frutícolas más importantes de Santa Cruz.
Fuente: Balbino Mancilla
Redacción: Publiagro




















