Especialista plantea trabajo coordinado entre el sector público y privado para reducir impactos climáticos

El fenómeno de El Niño podría alcanzar una intensidad fuerte hacia el último trimestre de 2026, con una probabilidad del 63%, según proyecciones basadas en el monitoreo de organismos científicos internacionales. De concretarse este escenario, sus efectos podrían extenderse hasta mediados del próximo año y generar impactos en la producción agropecuaria, el comportamiento de las lluvias, la disponibilidad de agua y el riesgo de eventos extremos.

El agrometeorólogo Luis Alberto Alpire explicó que este escenario se sustenta en análisis realizados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), entidad que monitorea el comportamiento oceánico y atmosférico a nivel global.

 “Estas probabilidades de un Niño fuerte, que así lo plantean los organismos científicos, en este caso la NOAA, plantean que hay una probabilidad del 63% de que el Niño alcance su tope, su máxima dimensión, en el último trimestre del 2026. Y el Niño marcaría incluso hasta mayo, junio del próximo año, porque su vigencia es de nueve meses a un año”, señaló.

Alpire indicó que actualmente la temperatura del océano todavía no alcanzó el nivel máximo de calentamiento asociado a un evento fuerte, pero las condiciones continúan evolucionando.

“Para que el Niño alcance la categoría de fuerte, tiene que configurarse dos grados por encima del promedio histórico. El promedio histórico está en estos momentos en 26,7 grados centígrados del Pacífico ecuatorial en la zona donde se mide el Niño, en la zona 3-4. Entonces, ellos creen que, en esa fecha, en ese último trimestre, el Niño va a estar por lo menos cerca de 30 grados”, explicó.

Según el experto, un escenario de estas características podría derivar en efectos de alcance transversal, incluyendo eventos extremos como inundaciones o impactos combinados dependiendo de cada región.

En el caso de Santa Cruz, señaló que el comportamiento histórico asociado a estos eventos ha mostrado una mayor incidencia de lluvias por debajo del promedio, elevadas temperaturas, periodos prolongados de sequía y condiciones favorables para incendios forestales.

“Esta campaña de invierno está concluyendo con buenas proyecciones de rendimiento, pero la de verano va a ser un desafío. El productor tendrá que pensar qué sembrar y optar por cultivos más resistentes al estrés hídrico, como el sorgo, la chía o pastos cultivados para alimentar al ganado”

Sequia, aunque tambien podría registrase lluvias/ Foto: Internet
Sequia, aunque tambien podría registrase lluvias/ Foto: Internet

“Puede generar inundaciones, como también puede haber un efecto combinado. Y en el caso del departamento de Santa Cruz, la constante ha sido más el tema de escasez de lluvia o lluvias por debajo del promedio, altas temperaturas y sequías prolongadas en condiciones propicias para que se den los incendios forestales”, afirmó.

Frente a este panorama, Alpire planteó la necesidad de impulsar una estrategia conjunta entre instituciones públicas y privadas orientada a reducir riesgos y fortalecer la capacidad de respuesta.

“Yo siempre digo, mejor es prepararse. Mejor es plantear un trabajo conjunto de equipo para que podamos entre todos, no solo la parte privada, sino también la parte pública, establecer medidas preventivas para mitigar los efectos climáticos”, sostuvo.

Entre las acciones sugeridas mencionó el fortalecimiento de obras preventivas en zonas vulnerables a desbordes de ríos, la planificación anticipada frente a incendios forestales y el manejo eficiente de recursos hídricos.

Asimismo, recomendó al sector productivo trabajar con anticipación en la elaboración de ensilaje, almacenamiento de rollos de pasto, uso eficiente del agua y sistemas de cosecha de agua para enfrentar posibles periodos secos.

Respecto a la próxima campaña agrícola de verano, advirtió que podría representar un desafío mayor para los productores debido a la incertidumbre climática.

“Esta campaña de invierno está concluyendo con buenas proyecciones de rendimiento, pero la de verano va a ser un desafío. El productor tendrá que pensar qué sembrar y optar por cultivos más resistentes al estrés hídrico, como el sorgo, la chía o pastos cultivados para alimentar al ganado”, concluyó.

Fuente: Luis Alpire

Redacción: Publiagro