
El tizón tardío, causado por el oomiceto Phytophthora infestans, continúa siendo una de las enfermedades más devastadoras para los cultivos de papa y tomate a nivel mundial. En condiciones favorables de humedad y temperaturas moderadas, el patógeno puede propagarse rápidamente y ocasionar pérdidas de hasta el 100% de la producción si no se detecta y controla oportunamente.
La enfermedad afecta principalmente a la papa y el tomate, aunque también puede presentarse en otros cultivos de la familia de las solanáceas, como la berenjena. Su desarrollo es favorecido por temperaturas entre 15 y 22 °C, humedad relativa superior al 90%, lluvias frecuentes, neblinas y rocíos prolongados, condiciones que aceleran el ciclo del patógeno, el cual puede completarse en apenas tres a cinco días.
Los primeros síntomas aparecen en las hojas con manchas irregulares de color verde oscuro que posteriormente se tornan cafés o negras, acompañadas de un aspecto húmedo. En los tallos se observan lesiones alargadas que pueden provocar el quiebre y la muerte de la planta, mientras que en los frutos y tubérculos se desarrollan manchas hundidas de color café oscuro a negro que reducen significativamente su calidad comercial.
El patógeno produce esporangios que son dispersados por el viento, la lluvia y el riego, permitiendo que la enfermedad avance rápidamente dentro del cultivo y entre parcelas vecinas, especialmente durante la época lluviosa.

Incidencia en Bolivia
En Bolivia, el tizón tardío representa una de las principales limitantes para la producción de papa, especialmente en las zonas de los valles y el altiplano, donde las condiciones climáticas durante la temporada de lluvias favorecen su aparición.
Los departamentos con mayor incidencia son Cochabamba, La Paz, Chuquisaca, Potosí y Tarija, principales regiones productoras de papa del país. También se presentan brotes en zonas productoras de tomate de Santa Cruz, particularmente en los valles cruceños, así como en Chuquisaca, Cochabamba y Tarija, donde la humedad y las precipitaciones elevan el riesgo de infección.
De acuerdo con reportes técnicos del Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF), universidades y organismos internacionales como el Centro Internacional de la Papa (CIP), el tizón tardío puede reducir los rendimientos entre un 30% y un 70% en parcelas donde no se realiza un manejo adecuado, e incluso provocar pérdidas totales durante campañas con lluvias persistentes.
Prevención, la mejor estrategia
Los especialistas coinciden en que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir el impacto del tizón tardío. Entre las principales recomendaciones se encuentran el uso de semilla certificada y variedades con mayor tolerancia, el monitoreo permanente del cultivo, mejorar la ventilación evitando altas densidades de siembra, controlar el exceso de humedad y aplicar programas preventivos de fungicidas alternando modos de acción para evitar la generación de resistencia.
Asimismo, el manejo integrado puede complementarse con el uso de agentes de control biológico, como Trichoderma spp. y Bacillus subtilis, que ayudan a disminuir la presión de la enfermedad dentro del cultivo.
Los técnicos advierten que uno de los errores más frecuentes es esperar a que los síntomas sean evidentes para iniciar el control químico. Cuando la enfermedad ya está avanzada, el manejo resulta más costoso, aumenta el riesgo de resistencia del patógeno a los fungicidas y las pérdidas económicas para el productor suelen ser mucho mayores.
Con un monitoreo constante y la implementación oportuna de prácticas de manejo integrado, los productores pueden reducir significativamente el impacto de esta enfermedad y proteger el rendimiento y la calidad de dos de los cultivos hortícolas más importantes para la seguridad alimentaria y la economía agrícola del país.
Fuente: Proinpa, Iniaf, UMSS, CIP
Redacción: Publiagro




















