El experto climatólogo Eduardo Sierra advirtió que, de confirmarse las proyecciones actuales, el periodo 2026–2027 podría estar marcado por un evento de El Niño de gran intensidad, incluso considerado entre los más fuertes de los últimos 140 años según registros históricos. Sin embargo, aclaró que aún no existe certeza absoluta sobre su magnitud ni sobre un impacto extremo en Bolivia.
Sierra enfatizó que el comportamiento del clima en el país no responde de manera uniforme a este fenómeno. “No es que automáticamente el Niño signifique la sequía más terrible para Bolivia”, explicó, señalando que cada evento tiene características propias y que el país presenta una respuesta climática variable.
Para el periodo otoño-invierno 2026, indicó que las condiciones se mantendrían cercanas a lo normal, con lluvias dentro de rangos habituales e incluso con ligeros incrementos en mayo. Además, no se prevé un invierno particularmente frío, aunque podrían registrarse eventos de heladas puntuales en regiones como Chuquisaca y Tarija.
El panorama cambia hacia la primavera y el verano 2026-2027, cuando el fenómeno comienza a acoplarse con mayor fuerza. Según Sierra, se espera una reducción de lluvias desde octubre, con déficits más notorios en noviembre y diciembre, y temperaturas elevadas que podrían alcanzar sensaciones térmicas de hasta 40 °C.
Asimismo, alertó sobre un alto riesgo de incendios forestales, especialmente en el este de Santa Cruz y zonas cercanas al Pantanal, debido a la combinación de mayor vegetación acumulada, posibles heladas invernales y posterior sequedad.

En términos generales, Sierra concluyó que será una campaña con dificultades crecientes, donde los efectos del Niño se intensificarán gradualmente hacia el verano, aunque sin llegar a escenarios extremos. En este contexto, recomendó el uso de tecnología y buenas prácticas agrícolas para mitigar los impactos climáticos.
A nivel regional, las perspectivas muestran variaciones importantes:
En la zona integrada de Santa Cruz, como Montero, se prevén temperaturas elevadas que podrían superar los 40 °C desde octubre, con un otoño más frío de lo habitual por incursiones polares y un déficit de lluvias cercano al 40%.
En San Pedro, aunque las precipitaciones suelen ser más intensas, se proyecta una reducción de entre 35% y 40%, con acumulados cercanos a 300 mm y temperaturas ligeramente más moderadas.
Hacia el este, en Pailón y Cuatro Cañadas, el comportamiento sería similar, con lluvias acumuladas alrededor de 300 mm y déficits cercanos al 30%, además de picos de calor marcados y un octubre más seco de lo habitual.
En San Julián se repetiría este patrón, con calor en otoño y reducción de lluvias en torno al 30%. Por su parte, Pozo del Tigre presentaría una ligera mejora, con cerca de 250 mm acumulados, aunque aún por debajo del promedio.
En la Chiquitanía, San José de Chiquitos registraría una caída más marcada de precipitaciones, con apenas 160 mm, mientras que San Ignacio de Velasco enfrentaría condiciones más secas, consolidando un escenario de mayor sequía.
En contraste, Yapacaní mostraría un mejor comportamiento, con lluvias más equilibradas y temperaturas menos extremas.
En la zona sur, especialmente en Yacuiba, se anticipan heladas en invierno por ingreso de aire polar y una marcada sequía, con lluvias muy bajas hacia octubre.
Finalmente, en el Beni, Trinidad acumularía alrededor de 270 mm, lo que representa una disminución cercana al 30% respecto a lo normal.
En síntesis, Sierra advierte que será una campaña con déficits de lluvia generalizados y temperaturas elevadas, cuyos efectos se intensificarán hacia el verano. Aunque no se prevé un escenario extremo, sí se anticipan condiciones desafiantes que requerirán una gestión agrícola eficiente para mitigar riesgos.
Redacción: Publiagro



















