
Especialistas recomiendan intensificar monitoreos ante el riesgo de afectación en la producción de soya

El picudo negro de la vaina de la soja (Rhyssomatus subtilis) continúa expandiéndose en el norte argentino, con recientes detecciones en Córdoba, el sudeste de Santiago del Estero y, por primera vez, en el noroeste de Santa Fe. Estos hallazgos refuerzan la hipótesis de una expansión geográfica sostenida de la plaga en la región, lo que ha llevado a especialistas del INTA y Senasa a recomendar un mayor monitoreo y coordinación técnica, aunque por el momento no se considera una situación de alarma.
En este contexto regional, Bolivia debe prestar especial atención, ya que la plaga fue detectada en el país en 2013, específicamente en Santa Cruz, principal zona productora de soya. Si bien su mayor impacto se ha registrado en Argentina, su avance actual hacia nuevas zonas productivas incrementa el riesgo de una reaparición o mayor incidencia en territorio boliviano.
Monitoreo antes del cultivo y vigilancia permanente
El picudo negro es una plaga de alto impacto, ya que sus larvas se alimentan de los granos dentro de las vainas, provocando pérdidas significativas en el rendimiento si no se controla a tiempo. Además, sistemas productivos basados en monocultivo de soya favorecen su proliferación, por lo que el manejo adecuado incluye rotación de cultivos —especialmente con maíz— y monitoreo constante desde etapas tempranas.

“Lo más importante para tener un control o saber a qué nos enfrentamos en el campo es haciendo monitoreo, realizar prácticas como rotación de cultivo, cobertura en el suelo, y vigilancia permanente para que ante el mínimo hallazgo de una plaga hacer un control inmediato”


Ante este escenario, especialistas como la ingeniera Jovanna Vargas enfatizan la necesidad de intensificar los monitoreos en el departamento de Santa Cruz, donde se concentra la mayor producción de soya del país, advirtiendo que el avance de la plaga en Argentina representa una señal de alerta para Bolivia.
¨Lo más importante para tener un control o saber a qué nos enfrentamos en el campo es haciendo monitoreo, realizar prácticas como rotación de cultivo, cobertura en el suelo, y vigilancia permanente para que ante el mínimo hallazgo de una plaga hacer un control inmediato¨.
A esto se suma un elemento reciente de preocupación: el picudo negro ha vuelto a reportarse en Bolivia, aunque en cultivos de plátano, lo que evidencia su capacidad de adaptación y refuerza la necesidad de vigilancia fitosanitaria. Este escenario incrementa la probabilidad de que la plaga pueda afectar nuevamente cultivos de soya, especialmente en regiones productivas cercanas a zonas de expansión en países vecinos.

Redacción: Publiagro














