El proceso experimental en San Juan de Yapacaní combina Artemia viva y alimento proteico para garantizar el crecimiento de las larvas

El trabajo de investigación sobre los camarones gigantes de Malasia que se desarrolla en INIAF es amplio y complejo, implicando múltiples procesos desde la eclosión de los huevos hasta la etapa de post – cría. Para ello, el INIAF cuenta con un laboratorio ubicado en el municipio de San Juan de Yapacaní, que está dividido en diferentes áreas especializadas para cada etapa del desarrollo del camarón.
La ingeniera Wilma Rollano Mostajo, técnica de campo en acuicultura experimental, explicó que “todo comienza en la caja de eclosión o desove; a partir de esto comienza la larvicultura del camarón gigante de Malasia”.
Las hembras reproductoras, conocidas como ovígeras, son fundamentales para el proceso: una hembrita de aproximadamente 50 gramos puede poner alrededor de 50 mil larvas, mientras que una hembra de 30 gramos produce entre 25 y 30 mil huevitos. Según la ingeniera, “aquí traemos a las hembritas ovígeras; en una semana estas ponen los huevos, sueltan las larvitas, realizamos la cosecha, hacemos un conteo y determinamos la cantidad que requieran las cajas de larvicultura, que es otro estanque en donde quedan las larvas”.

“Todo comienza en la caja de eclosión o desove; a partir de esto comienza la larvicultura del camarón gigante de Malasia”


En estas cajas, las hembras permanecen aproximadamente 10 días hasta depositar todos sus huevos. Posteriormente, se inicia la etapa de larvicultura, considerada crítica para el desarrollo de los camarones, ya que en ella se realiza un monitoreo constante y se asegura una alimentación adecuada. Las larvas se alimentan principalmente con Artemia viva y con un alimento elaborado en forma de budín, compuesto de pulpa de pescado, huevo, leche, vitaminas como C y complejo B, y premix proteico que contiene calcio y aminoácidos. Este alimento especializado refuerza la nutrición de las larvas y contribuye a un desarrollo saludable. La larvicultura se extiende por tres semanas.
La ingeniera Rollano explicó que la alimentación de las larvas se realiza siguiendo un cronograma estricto, desde las 8:00 a.m. hasta las 11:00 p.m., con raciones cada cuatro horas alternando entre Artemia y el budín elaborado. Durante este período se monitorean diversos parámetros, como la alimentación, calidad del agua, mortalidad, tasa de sobrevivencia y temperatura, la cual debe mantenerse alrededor de los 30 grados como máximo. Al finalizar las tres semanas, las larvas se convierten en post-larvas y son trasladadas a cajas o tanques de mil litros. En este estadio, los camarones pueden ser sembrados en sistemas como Bioblock, RAS o estanques piscícolas, donde permanecen según el tiempo requerido; lo recomendable es 15 días antes de su traslado definitivo a estanques o sistemas de producción más amplios.
Sobre las densidades de siembra, la ingeniera señaló que “las densidades que utilizamos, por ejemplo, en estanques de tierra es de 10 unidades por metro cuadrado y en sistemas como Bioblock y RAS se siembra a una densidad de 15 unidades por metro”.
En cuanto a la mortalidad, Rollano explicó que durante los primeros ensayos de larvicultura se perdía aproximadamente el 50% de las larvas debido al desconocimiento inicial sobre el manejo adecuado. Sin embargo, con los estudios y mejoras en los protocolos de alimentación y cuidado, se ha logrado aumentar la tasa de sobrevivencia hasta un 90%, mostrando los avances significativos en la investigación y manejo de esta especie de camarón gigante.

Redacción: Publiagro















