El uso de híbridos Clearfield, herbicidas y rotación de cultivos permite controlar la maleza que más afecta al cultivo

De cara a la próxima campaña de invierno, los productores deben mantenerse en alerta y tomar medidas preventivas para evitar la expansión del Jopo, una maleza parásita que se ha convertido en una de las principales amenazas para los cultivos de girasol. Así lo advierte Pablo Franco, técnico asesor agrícola, quien explica que desde hace varios años esta maleza representa la principal limitante productiva, especialmente en zonas como San Julián, considerada la región más afectada, donde se registran diferentes niveles de infestación.

“Es una maleza que afecta mucho el rendimiento, en terreno muy infectado podemos tener pérdidas del 100%. Hay partes del lote que prácticamente se mueren por el ataque de esta maleza parásita que toma todo del cultivo de girasol, agua, nutrientes, prácticamente lo chupa y lo seca al cultivo”, señala Franco, al describir la gravedad del problema. Esta maleza actúa adhiriéndose a las raíces del girasol, extrayendo los recursos vitales de la planta y debilitándose hasta provocar su muerte.

El especialista explica que cuando el ataque ocurre en etapas tempranas y la infestación es elevada, el cultivo puede perderse por completo. Sin embargo, destaca que desde hace varios años existen tecnologías que permiten el control químico de esta maleza mediante el uso de herbicidas específicos. 

En este sentido, menciona la tecnología Clearfield, desarrollada inicialmente para el control de otras malezas, pero que ha demostrado ser eficaz también contra el Jopo. Este sistema permite la aplicación del herbicida Arsenal, recomendado especialmente cuando el girasol alcanza el estado de cuatro hojas. En casos donde la infestación no es severa, la aplicación puede realizarse entre los 30 y 35 días después de la siembra para lograr un adecuado control.

“Es una maleza que afecta mucho el rendimiento, en terreno muy infectado podemos tener pérdidas del 100%. Hay partes del lote que prácticamente se mueren por el ataque de esta maleza parásita que toma todo del cultivo de girasol, agua, nutrientes, prácticamente lo chupa y lo seca al cultivo”

Foto: Archivo Publiagro
Foto: Archivo Publiagro

“Esta es una herramienta muy importante que permite eliminar las pérdidas. Hasta el momento tenemos un 100% de control. También tenemos que entender que esto puede tener resistencia a un corto plazo por lo que es importante acompañarlo de herbicidas preemergentes que suprimen las malezas por 20 días o más, inclusive el Jopo”, afirma Franco, al subrayar la necesidad de aplicar estrategias integrales y no depender únicamente de un solo método.

En ese sentido, el técnico enfatiza que el control químico debe complementarse con prácticas agronómicas sostenibles, como la rotación de cultivos, utilizando especies como maíz, pasto o braquiaria. Estas plantas estimulan la germinación de la maleza, pero no permiten su reproducción, lo que contribuye a reducir el banco de semillas en el suelo. Asimismo, adelantó que las empresas semilleras podrían disponer próximamente de materiales comerciales con mayor tolerancia o resistencia al ataque del Jopo, lo que representaría una nueva herramienta para los productores.

Actualmente, se estima que existen alrededor de 40.000 hectáreas infestadas con esta maleza, y se prevé que su expansión continúe si no se aplican medidas de manejo adecuadas.

Otra práctica que ha mostrado resultados positivos en regiones más al sur es la siembra directa, un sistema que reduce la remoción del suelo y limita la propagación de la maleza. 

“Si no hay un método que la incorpore al estar en contacto con la raíz, no es tan fácil la infestación, una sembradora al camino a roturar el suelo, la introduce por eso es muy importante limpiar las máquinas”, explica Franco, haciendo hincapié en la importancia de la higiene de la maquinaria agrícola como una medida clave para evitar la dispersión del Jopo entre diferentes lotes.

Frente a este escenario, los especialistas recomiendan a los productores adoptar un manejo integrado que combine tecnología, buenas prácticas agrícolas y monitoreo constante, con el fin de proteger el cultivo de girasol y evitar pérdidas económicas significativas en las próximas campañas.

Redacción: Publiagro