
Productoras resaltan que la especie “no exige mucho y da mucho”, fortaleciendo el desarrollo rural y la economía familiar
En los últimos años, la producción de búfalos ha dejado de ser un espacio predominantemente masculino para convertirse en un escenario donde las mujeres asumen un rol cada vez más visible y determinante. Desde la administración de las cabañas hasta el manejo sanitario, la reproducción y la comercialización de productos lácteos, las mujeres están marcando una nueva etapa en el desarrollo de la ganadería bubalina.
Su aporte no solo se refleja en cifras productivas, sino también en la forma de relacionarse con esta noble especie. El búfalo, conocido por su rusticidad y capacidad de adaptación, encuentra en el manejo femenino una combinación de disciplina, observación y sensibilidad que favorece el bienestar animal y la eficiencia del sistema. Muchas productoras destacan la docilidad e inteligencia del búfalo, cualidades que fortalecen un vínculo basado en la confianza y el manejo responsable.
En este proceso, las mujeres no solo crían animales: lideran proyectos, impulsan el mejoramiento genético, organizan grupos de trabajo y abren nuevos mercados para la carne y la leche de búfala, demostrando que la ganadería moderna también se construye con liderazgo femenino, visión empresarial y pasión por el campo.
Un ejemplo es Tati Roseman, de la propiedad Caparú, quien desde muy pequeña trabajó junto a su padre con ganado vacuno. Sin embargo, encontró en los búfalos una conexión especial que hoy la define como una apasionada de la especie.
“Son impresionantes, son como gatos gigantes que se te acercan y se te amansan en el cuerpo, son animales muy dóciles, cuando se los junta a todos es ver una mancha negra junta es hermoso”, describe, resaltando la experiencia sensorial y emocional que implica trabajar con ellos.

“La cría de búfalos es un negocio familiar, integramos a muchas familias de San Javier tenemos una sala de ordeño muy grande manejada por mujeres y hemos destacado la limpieza, su puntualidad, aquí las mujeres nunca faltan y si tienen que faltar avisan con tiempo es responsable de la familia”


Para Tatiana Virreira, el camino fue aún más determinante: decidió dejar de lado la ganadería bovina para enfocarse exclusivamente en la producción bubalina. Asegura que son animales fáciles de producir, que no exigen grandes complejidades de manejo y que su mansedumbre sorprende a quienes los observan por primera vez.
“Producir búfalos es una experiencia muy interesante, al inicio espantan un poco por lo grande que son, pero es increíble lo dóciles que llegan a ser y lo inteligente”, afirma.
La experiencia también se replica en otros predios. Ana María Campo, productora colombiana asentada en San Javier, señala que en su propiedad Los Tajibos la lechería está mayoritariamente a cargo de mujeres, quienes desempeñan un rol clave en la organización y funcionamiento del sistema productivo.
“La cría de búfalos es un negocio familiar, integramos a muchas familias de San Javier tenemos una sala de ordeño muy grande manejada por mujeres y hemos destacado la limpieza, su puntualidad, aquí las mujeres nunca faltan y si tienen que faltar avisan con tiempo es responsable de la familia”, destaca.
El trabajo femenino en la producción bubalina no solo aporta eficiencia y compromiso, sino que también refleja valores que se asocian a la propia naturaleza del búfalo. Una de las características más sobresalientes de esta especie es su fuerte sentido de unión: viven en manada, permanecen juntos y se protegen entre sí como una familia.
Esa dinámica colectiva encuentra un paralelo en el liderazgo femenino dentro del sector, donde la organización, el trabajo en equipo y la responsabilidad compartida fortalecen tanto la producción como el tejido social en las comunidades rurales. Así, la mujer y el búfalo se convierten en una dupla que simboliza resiliencia, unión y crecimiento sostenible en el campo.

Redacción: Publiagro














