
La reducción en la compra de etanol por parte del Estado enciende la alarma en ingenios y cañeros, que advierten sobre pérdidas económicas, desempleo y retrocesos en un programa que ahorró divisas al país
La decisión del Gobierno de reducir la compra de etanol a los ingenios azucareros ha encendido una fuerte preocupación en el sector cañero boliviano, que ve en esta medida un golpe directo a la sostenibilidad productiva, el empleo rural y una política energética que tardó años en consolidarse. La alerta se activó luego de que los volúmenes comprometidos para la zafra 2025 no fueran retirados en su totalidad por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), pese a la existencia de contratos vigentes.
Desde el sector productor advierten que el programa de etanol nació hace siete años como una iniciativa financiada íntegramente por inversión privada, tanto de ingenios como de agricultores. No implicó gasto fiscal directo y permitió sustituir parte de las importaciones de gasolina, generando un ahorro acumulado estimado en más de 600 millones de dólares al país, según cifras sectoriales.
Para la presente gestión, el compromiso era adquirir alrededor de 230 a 240 millones de litros de etanol anhidro. Sin embargo, hasta ahora solo se habría retirado cerca del 60% del volumen acordado. Esta situación genera un cuello de botella en la industria y un fuerte impacto en los productores, que realizaron inversiones en maquinaria, fertilización y ampliación de áreas cultivadas bajo la expectativa de una demanda garantizada.
El problema no se limita a los ingenios que producen etanol. La cadena productiva de la caña involucra a miles de familias rurales, principalmente del norte cruceño, donde unas 8.000 familias dependen directamente del cultivo. Menos compra estatal implica menos molienda, menos caña cosechada y, en consecuencia, menor generación de empleo temporal y permanente.
El sector también rechaza que se intente responsabilizar al etanol por los problemas recientes en la calidad de la gasolina. Argumenta que el aditivo se usa desde hace siete años sin reportes técnicos concluyentes que lo vinculen con daños a motores. Además, el producto es controlado por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) bajo estándares de calidad específicos antes de su mezcla con gasolina.

“La decisión de disminuir el uso de etanol en la gasolina amenaza con desarticular un modelo productivo construido con inversión privada, miles de empleos rurales y beneficios energéticos para Bolivia”


A nivel productivo, la reducción de cupos no solo afecta ingresos, sino que amenaza con desincentivar la siembra. La caña es un cultivo de planificación plurianual: cuando el productor deja de sembrar o reducir área, la recuperación del volumen toma varios años. Esto convierte la decisión actual en un riesgo estructural para el sector.
Desde los ingenios también se advierte que la industria invirtió en destilerías y plantas deshidratadoras para cumplir con los requisitos técnicos del etanol anhidro. Es decir, no se trata de una producción improvisada, sino de un esquema industrial adaptado a una política pública que hoy entra en duda.
Paradójicamente, el etanol fue promovido como un componente estratégico para reducir la importación de combustibles fósiles, generar empleo interno y disminuir emisiones. En un contexto de escasez de divisas y presión fiscal, los productores consideran que retroceder en esta política contradice la lógica de sustitución de importaciones y transición energética.
Si la reducción se consolida, el impacto podría extenderse a la recaudación tributaria, a la actividad logística y al comercio regional, especialmente en zonas donde la caña es el principal motor económico. La advertencia del sector es clara: no se trata solo de litros de etanol, sino de un modelo productivo completo en riesgo.
Cómo el etanol ingresó a la gasolina boliviana: una cronología
2017–2018:
Se diseñan los primeros acuerdos entre ingenios azucareros y el Estado para incorporar etanol anhidro a la gasolina como aditivo oxigenante.
2019:
Se inicia formalmente la mezcla de gasolina con etanol en porcentajes controlados. Bolivia se suma a países como Brasil, Paraguay y Colombia en el uso de biocombustibles.
2020–2022:
Los ingenios invierten en destilerías y plantas de deshidratación. Los productores amplían áreas de siembra. Se consolida el mercado interno del etanol.
2023–2024:
El programa alcanza volúmenes cercanos a los 200 millones de litros por año. El sector reporta ahorro de divisas por menor importación de gasolina.
2025:
Se firma un compromiso de compra de alrededor de 230 millones de litros. La reducción efectiva en los retiros genera conflicto entre el sector cañero y el Estado.

Redacción: Publiagro














