Entre la presión económica, el acceso limitado a insumos y la necesidad de capacitación, productores pequeños evalúan abandonar la actividad mientras veterinarios impulsan mejoras en genética, nutrición y tecnología

Foto: Internet
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La porcicultura en Cochabamba vive un momento decisivo, caracterizado por una transición compleja en la que se cruzan contrastes productivos, desafíos sanitarios y oportunidades de crecimiento que aún deben consolidarse. En el departamento coexisten diferentes escalas y modelos de producción —familiar, semiintensivo y tecnificado— que expresan no solo la capacidad de inversión de cada productor, sino también brechas evidentes en manejo, bioseguridad, infraestructura y acceso a los mercados. Esta diversidad ha configurado un sector heterogéneo, dinámico y, al mismo tiempo, vulnerable a los cambios económicos nacionales, donde los pequeños criadores siguen teniendo un rol indispensable en el abastecimiento local, mientras que las unidades medianas y grandes avanzan hacia esquemas de mayor eficiencia, inocuidad y competitividad.

Nataniel Torres, médico veterinario de profesión, cochabambino formado en la Universidad Mayor de San Simón, explica que la porcinocultura regional está estrechamente influenciada por la variabilidad del contexto económico y, especialmente, por el comportamiento de los precios de los insumos. Señala que uno de los factores más determinantes es el costo de los productos macros, como el grano de maíz o la soya, que constituyen la base de la alimentación porcina.

“Esto nos pone en crisis, porque cuando son precios muy elevados, la venta del cerdo no compensa la ganancia, entonces es por eso que hay etapas en las cuales el productor, incluso toma la decisión de cerrar la granja, son temas muy delicados los cuales nos afectan por el tema económico nacional, a nivel nacional mayor”.

“Nosotros en Cochabamba trabajamos un grupo de veterinarios para concienciar, capacitar y hacer el lazo de los productores que no están registrados para que hagan un registro y podamos de una u otra manera incluirnos en el grupo y dar un respaldo, un apoyo como productores”

Principales problemáticas

Entre los problemas más notorios identificados por los productores y técnicos se encuentra el difícil acceso a insumos clave, tanto macronutrientes como micronutrientes, indispensables para garantizar un crecimiento adecuado, conversión eficiente y sanidad óptima de los cerdos en la granja. A esto se suma una creciente inseguridad económica relacionada con la competencia desigual entre productores de diferentes escalas.

De acuerdo con Torres, existe un escenario complejo para los pequeños criadores, quienes están en desventaja frente a los grandes productores que cuentan con mayor capital y capacidad para soportar fluctuaciones económicas. Explica que mientras un productor grande puede fijar precios más altos y esperar la recuperación en sus siguientes ciclos productivos, el pequeño no tiene esa holgura: su producción es limitada y cualquier variación en los costos o en el mercado impacta directamente en su rentabilidad. Este desequilibrio ha generado un ambiente de incertidumbre que afecta la continuidad de muchos emprendimientos familiares. En una encuesta realizada a productores pequeños, el 70% manifestó su intención de abandonar la actividad y dedicarse a otro rubro debido a la inestabilidad económica del país.

Perspectivas y proyectos

Frente a este panorama, se vienen desarrollando iniciativas locales orientadas a fortalecer al sector desde la organización, la capacitación y la formalización.

“Nosotros en Cochabamba trabajamos un grupo de veterinarios para concienciar, capacitar y hacer el lazo de los productores que no están registrados para que hagan un registro y podamos de una u otra manera incluirnos en el grupo y dar un respaldo, un apoyo como productores”. El objetivo es crear una red que permita integrar a quienes trabajan de manera informal, de modo que puedan acceder a información técnica, asesoramiento y eventualmente a programas de apoyo.

En el ámbito del mejoramiento genético, las empresas proveedoras de genética líquida han logrado avances notables, incrementando el potencial productivo y la ganancia diaria de peso de los animales. No obstante, el acceso a estas tecnologías continúa siendo limitado para los pequeños productores debido a los altos costos. Por ello, uno de los enfoques del trabajo técnico está dirigido a la capacitación como herramienta para cerrar brechas y ampliar las posibilidades de uso de genética mejorada.

“La única forma de mejorar la producción es capacitándose, actualizándose y también dándoles esa seguridad del tema del acceso a los granos”.

El especialista destaca que el desarrollo sostenible de la porcicultura se sostiene sobre tres pilares fundamentales: nutrición, genética y tecnología. Estos componentes, afirma, deben avanzar de manera integrada. Si un productor decide invertir en genética mejorada, inevitablemente debe acompañar esta decisión con un aumento en la calidad de la nutrición, mejoras en la infraestructura y adopción de prácticas de manejo más eficientes. Todo ello implica mayor inversión y, por lo tanto, la necesidad de acceder a financiamiento, algo que sigue siendo un reto para gran parte del sector.

En conclusión, la porcinocultura cochabambina enfrenta un escenario de desafíos significativos, pero también de oportunidades claras. Con apoyos técnicos permanentes, políticas que faciliten el acceso a insumos y financiamiento, y una mayor organización de los productores, el sector puede avanzar hacia una producción más estable, rentable y competitiva, capaz de sostenerse en el tiempo.

Fuente: Nataniel Torres

Redacción: Publiagro