Especialistas recomiendan análisis de patología en semilla y manejo preventivo de hongos para proteger la producción y mejorar la rentabilidad

El manejo de las enfermedades de la soya es un aspecto crucial para garantizar la productividad y la rentabilidad de este cultivo, uno de los más importantes en Bolivia y a nivel global. El ingeniero Guillermo Barea Vargas explicó que los fitopatólogos clasifican estas enfermedades en tres grandes grupos: las que afectan a la semilla, las que se desarrollan a nivel de suelo y las que impactan en el follaje.

En cuanto a las enfermedades que atacan a la semilla, Barea destacó la mancha púrpura, una de las más conocidas y extendidas a nivel mundial. Esta patología es causada por el hongo Cercospora kikuchii, considerado el agente etiológico único de la enfermedad. Para su manejo, el profesional recomendó el uso de variedades de soya con buen comportamiento sanitario, sembrar semillas libres de patógenos y realizar tratamientos con fungicidas para prevenir infecciones en las plántulas.

Respecto a las enfermedades a nivel de suelo, la más relevante es la Phytophthora, también conocida como fitóftora. Se trata de un hongo u oomyceto, patógeno de múltiples especies agrícolas y considerado una de las principales plagas a nivel mundial. Para prevenir esta enfermedad, Barea aconsejó eliminar residuos de hojas y tallos afectados, seleccionar variedades tolerantes o resistentes, mejorar la ventilación del cultivo y aumentar el drenaje del suelo, evitando áreas con suelos muy arcillosos que favorecen el desarrollo del hongo.

 “Un análisis de patología va a permitir saber si el agricultor está introduciendo un patógeno nuevo al campo o si está sembrando una semilla con una cantidad alta de inóculo”

En cuanto a las enfermedades foliares, Barea mencionó la roya de la soya, la antracnosis de final de ciclo, la mancha púrpura y la mancha anillada. La roya, explicó, es producida por un patógeno biótrofo que necesita un huésped vivo para sobrevivir. Sus esporas son transportadas por el viento y se depositan en la canopia del cultivo, afectando el desarrollo foliar.

“Estas enfermedades se presentan en todas las zonas”, señaló Barea, aclarando que las condiciones más húmedas y cálidas favorecen su presencia. En este sentido, el manejo de las enfermedades depende de tres factores: la susceptibilidad de la planta, las condiciones climáticas y la presencia de inóculo en el campo.

Barea enfatizó la importancia de los análisis de patología en semilla, los cuales deberían ser un requisito para los agricultores. “Un análisis de patología va a permitir saber si el agricultor está introduciendo un patógeno nuevo al campo o si está sembrando una semilla con una cantidad alta de inóculo”, explicó. El inóculo presente en la semilla representa la primera fuente de infección, que posteriormente puede trasladarse a la parte foliar del cultivo. Por ello, los análisis de patología en semilla son altamente recomendables para los productores.

Finalmente, el especialista habló sobre el control de patógenos que generan estructuras de resistencia, como la esclerotinia, una enfermedad crítica no solo en girasol sino también en soya. Este hongo pasa el 90% de su ciclo como escleroto, un órgano de resistencia que puede sobrevivir entre 9 y 10 años en el suelo. La única manera de controlarlo, indicó Barea, es mediante el uso combinado de productos biológicos y fungicidas.

Fuente: Publiagro