Con solo 40-50 % del diésel requerido y cerca de 1,5 millones de hectáreas en vilo, el sector sojero y agrícola de Bolivia exige soluciones urgentes

La cosecha en el norte integrado corre riesgo por falta de diesel / Foto: Internet

Las elecciones ya pasaron, pero para el campo boliviano la campaña agrícola entra en una fase crítica marcada por la incertidumbre del suministro de combustible. En Santa Cruz y el “Norte Integrado” del país, la cosecha de soya de invierno (aproximadamente 350 000 ha con 700 000 toneladas proyectadas) arranca mientras la siembra de verano prepara un desafío aún mayor: cerca de 1,5 millones de hectáreas de cultivo de soya, maíz, sorgo. Sin embargo, ese reto se ve atenuado por una preocupación grave y persistente: la escasez de diésel para mover tractores, sembradoras, cosechadoras, y maquinaria agrícola que depende del combustible. “El abastecimiento de diésel… genera incertidumbre en que los productores puedan llegar a concretar tanto la cosecha como la siembra”, advierte Jaime Hernández, gerente de ANAPO.

El combustible que mueve el agro

Hernández describe una realidad preocupante: los productores, grandes, medianos y pequeños, enfrentan la insuficiencia del diésel ULS (Ultra Low Sulfur) que necesitan para arrancar sus labores de campo ­—tanto para la cosecha de invierno como para la campaña de siembra de verano—. El acceso se ha estado limitando; según el directivo, el abastecimiento actual ronda solo el 40-50 % de lo necesario.
Se están coordinando acciones con entidades como YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos) y la ANH (Agencia Nacional de Hidrocarburos) para intentar asegurar envíos directos a productores o hacerlo mediante sistemas móviles. Pero la realidad muestra filas kilométricas en estaciones de servicio, escasez permanente y costos crecientes, síntomas que han sido corroborados por medios internacionales: un despacho de Reuters señalaba que en Santa Cruz los agricultores ya “están al borde” por la falta de combustible.

Datos clave

Las causas del problema son múltiples: caída de producción de hidrocarburos, caída de reservas internacionales que impiden importaciones de combustible, largas filas, bloqueos, dificultades logísticas. Bolivia importa aproximadamente el 86 % del diésel que consume.

La consecuencia directa: si no se dispone de diésel para arar, sembrar o cosechar, los cultivos pueden perderse, la producción caer, y el riesgo alimentario aumentar.

Impacto sobre la siembra y la cosecha

La falta de diésel afecta dos momentos críticos: la cosecha de invierno y la siembra de verano. En el norte de Bolivia, ya está en marcha la cosecha de la soya de invierno. Hernández advierte que sin el combustible necesario, esa producción proyectada de 700 000 toneladas está en riesgo. Y luego viene la campaña más grande: la siembra de verano con más de 1,5 millones de hectáreas entre soya, maíz y sorgo.

Pero sin maquinaria funcional ni combustible asegurado, los agricultores no pueden avanzar. Y ello genera un efecto dominó: retrasos, pérdidas, menor oferta de granos, mayor costo de operación. Un reportaje de “The Pig Site” advertía que “la escasez de combustible ya está empezando a afectar la capacidad de los agricultores de granos para cosechar”.

Datos clave

“Cuando falta diésel para mover la maquinaria, la siembra de verano y la cosecha de invierno entran en tensión: sin combustible, no hay producción, y sin producción, el agro pierde fuerza”

Hernández también señaló que el sistema de distribución móvil de diésel para pequeños productores fue paralizado hace más de dos semanas, aumentando la preocupación en ese segmento. Asimismo, los productores que adquieren diésel ULS a precio de ~ 9 bolivianos por litro tampoco acceden a la cantidad que requieren.

El agro boliviano, motor esencial de la economía y de la seguridad alimentaria del país, enfrenta un desafío crucial: sin combustible no hay producción, y sin producción el impacto se siente en la mesa del consumidor y en la economía nacional. Las cifras de hectáreas proyectadas, toneladas estimadas y niveles de abastecimiento parcial dejan claro que estamos ante una encrucijada. Para cumplir con la cosecha de invierno, iniciar la siembra de verano y sostener la producción nacional, el abastecimiento de diésel debe ser una prioridad urgente y no una promesa. El sector productivo exige que las palabras se traduzcan en logística, combustible y acción concreta.

Redacción: Publiagro