
Investigaciones en Santa Cruz evidencian que corregir el pH, optimizar nutrientes y combatir la compactación del suelo son pasos esenciales para mejorar rendimientos y preservar la fertilidad a largo plazo

En Santa Cruz, la tierra es mucho más que el soporte de los cultivos: es el recurso vital que sostiene la seguridad alimentaria y el crecimiento económico de la región. Su adecuada nutrición representa uno de los mayores desafíos y, al mismo tiempo, una de las mayores oportunidades para los productores. Cada grano de soya, cada mazorca de maíz o cada hectárea de caña depende del equilibrio de nutrientes presentes en el suelo, de las prácticas de fertilización y del manejo responsable de este recurso. Comprender y atender las necesidades nutricionales del suelo no solo asegura cosechas abundantes, sino que también preserva la fertilidad a largo plazo, garantizando que las futuras generaciones continúen aprovechando la riqueza agrícola de Santa Cruz.
Según el investigador de suelos Nahuel Reussi, quien viene trabajando junto a la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO) desde hace seis años, acumulando 12 campañas en distintas zonas, la clave está en conocer a fondo qué nutrientes limitan la producción de granos y en generar herramientas que faciliten la toma de decisiones de los productores.
El especialista explica que, por ejemplo, “en la zona norte la falta de nutrientes que limitan la producción de granos es el fósforo, potasio, nitrógeno y azufre, y la pregunta es: ¿qué tiene que hacer el productor, qué tiene que medir, qué criterio usar para una fertilización? Y es precisamente esa la información que se trata de llevar a los productores en el programa que se trabaja con ANAPO”.
Añade que “en los últimos años comenzamos a ampliar la zona debido a la expansión de la Chiquitania y ahí lo que vimos fue que para que trabajen en la nutrición de cultivos, primero hay que corregir la nutrición del suelo”.
En esta región, marcada por suelos ácidos, el productor tiene claro —tal vez por influencia de Brasil— que el primer paso es corregir los niveles de pH. Sin embargo, persiste un desconocimiento importante sobre las herramientas locales disponibles para mejorar la nutrición del suelo. Por esta razón, muchos agricultores tienden a aplicar directamente las “recetas” de Brasil, sin considerar que, aunque los suelos sean parecidos, no presentan exactamente las mismas condiciones.
Reussi puntualiza que “el nutriente que hoy le va a hacer ganar dinero en esa zona al productor es el fósforo en soya, fósforo en maíz y después nitrógeno en maíz. Después sí puede aparecer potasio en algunos lotes en particular, pero la clave es el fósforo en esos cultivos. Son suelos muy pobres del que tenemos respuesta de hasta un 50% de incremento en rendimiento en el cultivo de soya por fertilizar”.
El investigador insiste en concienciar a los agricultores sobre un aspecto fundamental: “el suelo tiene vida y tiene memoria; lo bien o mal que hagamos el suelo lo recuerda, y hay muchas cosas que se pueden hacer para devolverle la vida”. Entre esas prácticas menciona:
- Medir el punto de partida del lote, es decir, conocer si existen problemas físicos, químicos o biológicos.
- Evaluar la situación inicial y, en base a ello, decidir estrategias como trabajar la compactación del suelo o corregir problemas de sodio, algo frecuente en algunas zonas. Para ello recomienda, por ejemplo, aplicar yeso agrícola que permite reducir los niveles de sodio, o implementar cultivos de servicio para mejorar la estructura y el equilibrio del terreno.

«El nutriente que hoy le va a hacer ganar dinero en esa zona al productor es el fósforo en soya, fósforo en maíz y después nitrógeno en maíz. Después sí puede aparecer potasio en algunos lotes en particular, pero la clave es el fósforo en esos cultivos. Son suelos muy pobres del que tenemos respuesta de hasta un 50% de incremento en rendimiento en el cultivo de soya por fertilizar”


Cómo trabajar en la compactación del suelo
La compactación es una limitante que afecta la productividad al reducir la porosidad, dificultar la infiltración del agua y restringir el crecimiento radicular. Su manejo requiere un enfoque integral que combine diagnóstico, prácticas mecánicas, estrategias biológicas y planificación del tránsito de maquinaria.
- Diagnóstico del problema
- Observación en campo: encharcamiento, raíces superficiales, baja infiltración de agua.
- Pruebas de penetración: uso de penetrómetros o incluso una varilla de hierro para medir resistencia.
- Monitoreo de cultivos: bajos rendimientos aun con buena fertilización.
- Prácticas mecánicas de manejo
- Subsolado o escarificado profundo: rompe capas compactadas, mejorando la infiltración y aireación.
- Labranza mínima o de conservación: evita la repetida pasada de maquinaria que empeora la compactación.
- Uso de neumáticos adecuados: reducir presión con llantas anchas o de baja presión.
- Estrategias biológicas
- Cultivos de cobertura (ej. mucuna, nabo forrajero, crotalaria): sus raíces penetran en profundidad y “abren” el suelo.
- Rotación de cultivos: alternar gramíneas (maíz, sorgo) con leguminosas (soya, poroto) mejora la estructura y la materia orgánica.
- Incorporación de residuos orgánicos: estiércol, compost y abonos verdes aumentan la actividad microbiana y favorecen la formación de agregados estables.
- Manejo del tránsito de maquinaria
- Diseñar calles de tráfico fijo (CTF): concentrar el tránsito en carriles permanentes para no compactar toda la superficie.
- Evitar labores con suelo húmedo: trabajar en suelos mojados multiplica la compactación.
- Recuperación a largo plazo
- Incrementar materia orgánica: más actividad biológica = mayor porosidad.
- Uso de enmiendas (yeso agrícola, cal): mejoran la estructura en suelos arcillosos.
- Integrar pasturas perennes: raíces profundas de gramíneas ayudan a recuperar suelos en sistemas mixtos agrícola-ganaderos.
Finalmente, Reussi enfatiza que existen alternativas de manejo que se pueden aplicar para mejorar la situación de los lotes, pero que para mejorar algo primero es necesario saber cuál es el punto de partida. Esa es, precisamente, la base de una agricultura sostenible y rentable en Santa Cruz.
Redacción: Publiagro














