
Especialistas advierten que el manejo, el transporte y la calidad en granja son claves para evitar mermas en carne, piel y rendimiento productivo

Evitar pérdidas en la avicultura no solo depende del manejo adecuado en la granja, sino también de la eficiencia y el cuidado en los procesos posteriores al retiro de las aves del campo y su traslado hasta la planta de faena. Esta etapa, considerada crítica por los especialistas, puede definir el resultado final del negocio, ya que factores como el estrés animal, el manejo inadecuado, las condiciones de transporte y la bioseguridad impactan de manera directa en la calidad de la carne, el rendimiento productivo y la rentabilidad del productor.
Eder Barbon, especialista en procesos de faena de COBB, explica que entre las principales causas de pérdidas económicas se encuentran “las contaminaciones durante el proceso de la faena, especialmente cuando el procesamiento de la canal se ve afectado por la contaminación interna, provocada por el rompimiento de las vísceras”. Este tipo de incidentes no solo compromete la inocuidad del producto, sino que obliga a descartes parciales o totales, generando pérdidas inmediatas.
La segunda causa señalada por Barbon es la calidad de la piel, un aspecto que, según él, “en Brasil es un desafío muy grande” debido a que desde la etapa de crianza influyen factores como la calidad de la cama, la densidad poblacional —es decir, el número de pollos por metro cuadrado— y el manejo general de las aves.
“Lo recomendable en este caso es abrir el galpón, que exista espacio entre pollitos para lograr más calidad de piel. La calidad de las patas es muy importante para evitar pérdidas en Brasil”, enfatizó.

«Las contaminaciones durante el proceso de la faena, especialmente cuando el procesamiento de la canal se ve afectado por la contaminación interna, provocada por el rompimiento de las vísceras”


El especialista recalca que los problemas originados en el campo repercuten directamente en la planta de faena.
“La planta de faena no consigue concertar los pollos que vende el campo; si la canal llega con hematomas, fracturas, problemas de alas rotas o patas con callos, la planta no consigue buenos resultados y las pérdidas son mayores”. En su criterio, “el impacto hoy en el campo es mucho más grande que el impacto en la planta de faena”, razón por la cual el control y el buen manejo deben comenzar desde la crianza.
Otro punto clave abordado por Barbon es la gestión de los flujos de valor tanto en granjas como en plantas de faena. El costo de producción es un indicador vital para las empresas avícolas, y dentro de este, la alimentación representa entre el 60% y 70% del total. “Esto significa —explica— que cualquier mejora en la calidad del alimento y en el manejo de los pollos repercute directamente en el rendimiento final”.
De acuerdo con experiencias técnicas, reducir el estrés durante la captura y el transporte, capacitar al personal en manejo humanitario y estandarizar los procesos de carga y descarga son medidas que pueden marcar la diferencia entre una faena rentable y una llena de descartes. Asimismo, la implementación de protocolos estrictos de bioseguridad contribuye a minimizar riesgos sanitarios y a proteger la calidad del producto final.
Fuente: Eder Barbon
Redacción: Publiagro














