El veterinario Agustín Ablanedo de Hy-Line detalla las claves para extender el ciclo de postura, con énfasis en el calcio, la fibra y un manejo integral desde la recría

Foto: Publiagro
Foto: Publiagro

La gallina de las cien semanas es el resultado de un manejo productivo eficiente y de un cuidado continuo que permite prolongar la vida útil y la capacidad de postura de las aves más allá de los ciclos convencionales. Alcanzar este objetivo requiere una planificación minuciosa desde la etapa de recría, una nutrición balanceada y un control riguroso de la sanidad, de modo que el ave llegue a esta meta en óptimas condiciones físicas y productivas.

La preparación de estas gallinas no solo implica ajustes en la alimentación y el manejo ambiental, sino también la implementación de estrategias para mantener la calidad del huevo, la salud del sistema reproductivo y el bienestar general del animal.

Agustín Ablanedo, médico veterinario y responsable de nutrición de Hy-Line, considera que todas las etapas del ave son importantes, poniendo especial énfasis en las primeras cinco semanas de vida, cuando se desarrollan el sistema digestivo e inmunitario. También destaca la etapa de prepostura, en la que se llenan las reservas de calcio que sostendrán toda la vida productiva del ave.

Respecto a la fase inicial de postura, el especialista señala:

“Otra etapa clave y quizás la más difícil para nosotros los nutricionistas es la etapa de inicio de postura, donde el animal se encuentra con otro tipo de alimento en condiciones distintas y tiene que arrancar a poner lo más rápido posible. Está creciendo y queremos que aumente el tamaño del huevo lo más rápido para que sea más interesante la venta de ese huevo, y todo eso lo hace comiendo poco, por eso es una etapa compleja”.

«Otra etapa clave y quizás la más difícil para nosotros los nutricionistas es la etapa de inicio de postura, donde el animal se encuentra con otro tipo de alimento en condiciones distintas y tiene que arrancar a poner lo más rápido posible. Está creciendo y queremos que aumente el tamaño del huevo lo más rápido para que sea más interesante la venta de ese huevo, y todo eso lo hace comiendo poco, por eso es una etapa compleja”
Foto: Publiagro
Foto: Publiagro

Ablanedo explica que, en el caso de estas aves cada vez más productivas —que muchas veces no tienden a cambiar de dieta debido a la alta producción que mantienen—, es importante saber que el calcio y el fósforo son nutrientes que sí requieren ajustes con el tiempo. Según el experto, por edad hay que ir cambiándolos, aumentando el calcio no a niveles dramáticos —porque el exceso tampoco es bueno—, pero sí de forma gradual, mientras que el fósforo digestible debe reducirse.

Energía y engorde

El nutricionista advierte que conseguir energía para el ave es costoso, y proporcionarle más de la necesaria no solo incrementa los gastos, sino que también provoca engorde, algo indeseable en la producción.

Además, Ablanedo hizo especial hincapié en la importancia de la fibra en la dieta de las aves:

“Cuando hablamos de fibra, nos decían que los alimentos de monogástricos se analizaban mediante el sistema de Wendi, donde la fibra cruda era un poco menospreciada porque la definición de fibra era el material indigestible que pasa sin ser alterado. Entonces, los que estudiábamos monogástricos y confiábamos en este sistema, ahora descubrimos que esa fibra tiene un montón de funciones, no solo el llenado”.

De acuerdo con el especialista, implementar fibra en la dieta de las aves trae múltiples beneficios: las tranquiliza, mejora la flora intestinal, optimiza la calidad del guano y genera una serie de efectos positivos en la salud general. Antes, al considerarse un elemento prescindible y costoso, no se le daba la importancia que hoy se reconoce.

Fuente: Agustín Ablanedo
Redacción: Publiagro