
Solo el 80% de las 400 mil hectáreas previstas pudo sembrarse; la soya en etapa de floración depende de lluvias para evitar pérdidas mayores

El presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Bolivia (CIAB), Juvenal Bonilla, informó que el estrés hídrico se ha convertido en un factor determinante que está afectando los rendimientos de los cultivos para la siembra de aproximadamente 400 mil hectáreas en el Norte Cruceño, donde hasta el momento solo se ha alcanzado el 80% del área prevista.
La situación no solo afecta a la soya, sino también a otros cultivos estratégicos como el maíz, la chía, el trigo y el sorgo, en los que la falta de lluvias ha impedido el adecuado llenado de vainas, lo que inevitablemente se traducirá en un menor rendimiento productivo.
Bonilla explicó que “la humedad que quedó de la pasada campaña ayudó a la siembra y desarrollo, pero luego el agua paró y no ha llovido, eso está impactando en la productividad que se pueda generar, tomando en cuenta que las primeras siembras están destinadas para semilla de la próxima campaña grande. Todavía estamos confiados en que llueva y se pueda revertir ese panorama”.
Respecto a la soya, el especialista advirtió que, debido a la situación que atraviesa el país, la importación de semillas desde Argentina es inviable, por lo que la esperanza está puesta en la producción que pueda lograrse en esta campaña.
En ese sentido, Bonilla resaltó que aún se mantienen expectativas favorables.
“Hay pronósticos de lluvias para esta semana, eso podría ayudar ya que la soya está en etapa de floración y en ese caso el agua podría contribuir al llenado de vainas y, por ende, a una mayor productividad”.
Con este panorama, el sector agrícola se encuentra en una etapa de incertidumbre, dependiendo de la llegada oportuna de precipitaciones para mitigar los efectos del estrés hídrico y garantizar el abastecimiento de semillas y granos en la próxima campaña.

«Hay pronósticos de lluvias para esta semana, eso podría ayudar ya que la soya está en etapa de floración y en ese caso el agua podría contribuir al llenado de vainas y, por ende, a una mayor productividad”

Enfoque de 5 años
Desde 2020, la campaña de invierno de la soya en Bolivia se volvió un termómetro de la crisis climática. 2020 quedó como referencia de un año “normal” en los reportes sectoriales. Al año siguiente ya hubo alertas: invierno 2021 registró afectación por sequía y menor desempeño, según ANAPO, aunque sin cifras consolidadas públicas para cuantificar la merma a nivel nacional.
El deterioro se hizo evidente en invierno 2022, cuando los soyeros reportaron pérdidas cercanas al 50% de los cultivos de invierno y un daño económico de ~US$300 millones en la cadena, un golpe directo a la oferta de grano para la industria y el mercado interno.
La película cambió en invierno 2023: con lluvias más oportunas, el rendimiento superó las 2 t/ha en zonas productivas y el ciclo fue, en general, positivo para la soya, ayudando a recomponer stocks y flujo de caja del productor.
El rebote duró poco. Invierno 2024 marcó la peor campaña en 30 años para los cultivos de invierno; en soya, los rendimientos cayeron a ≤1,2 t/ha en áreas críticas y ANAPO advirtió una merma de ~300.000 t sólo en la cosecha invernal de soya. La caída se sintió en toda la cadena: menos grano para industria y exportación, y productores apretados por costos.
En invierno 2025, la sequía volvió a condicionar la oferta: en el Norte Integrado de Santa Cruz apenas se alcanzó el 80% del área de siembra prevista (400.000 ha proyectadas); es decir, 20% quedó sin sembrar, con reportes de baja de productividad y cosecha retrasada. A nivel de cultivos de invierno, gremios estiman pérdidas de hasta 400.000 t por falta de lluvias, lo que vuelve a tensionar la disponibilidad de grano.
Fuente: Juvenal Bonilla
Redacción: Publiagro














