La especialista Claudia Carranza advierte sobre la latencia del virus, la importancia de la bioseguridad y la vacunación continua para prevenir pérdidas productivas y económicas

La laringotraqueitis infecciosa aviar (LTI) es una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta el sistema respiratorio de las aves, especialmente pollos y gallinas ponedoras. Provocada por un herpesvirus aviar, esta patología representa un desafío constante para la industria avícola debido a su alta morbilidad y a las pérdidas económicas que ocasiona por la disminución en el rendimiento productivo.

La doctora Claudia Carranza, médico veterinario especialista en epidemiología, explicó que el virus, una vez que infecta a las aves, tiene la capacidad de permanecer en estado de latencia. “El virus luego de infectar a las aves genera latencia, lo que significa que persiste en las aves, y los programas de vacunación tienen que ir enfocados tomando en cuenta esa característica especial que tiene el virus de infectar y permanecer en las aves”, subrayó.

Signos clínicos

La especialista detalló que la enfermedad se manifiesta inicialmente con signos respiratorios como “burbujas en las comisuras internas del ojo, ojos achinados y, cuando empieza una replicación más aguda del virus, los daños se generan en la tráquea y en casos más severos se observan hemorragias y coágulos que finalmente provocan la mortalidad en las aves por asfixia”. Carranza agregó que, si bien la incidencia de la LTI ha disminuido en el rubro avícola, “es necesario no descuidar la bioseguridad, porque es gracias a eso que el virus ya no está muy presente, además de la aplicación de vacunas vectorizadas HBT y aquellas con vector viruela de manera continua”.

Bioseguridad y vacunas

La doctora enfatizó que la bioseguridad implica múltiples acciones que van desde la elección del lugar donde se ubica la granja hasta prácticas de manejo y comercialización. En cuanto a la vacunación, señaló que “las vacunas tienen dos objetivos principales: disminuir la incidencia clínica de la enfermedad en las aves y disminuir la excreción viral del virus en caso de que haya un desafío, lo que tiene un beneficio clínico en las aves, pero también un beneficio epidemiológico en la zona”.

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Foto: Publiagro
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Diagnóstico y pruebas

Para detectar la LTI, Carranza indicó que se pueden realizar “serologías, estrategias DIVA (diferenciación de animales vacunados e infectados), histopatologías —que deben efectuarse en un momento específico post infección para detectar los corpúsculos en la tráquea—, así como estudios moleculares mediante raspado de tráquea cuatro días después del inicio de los síntomas”.

Aislamiento y medidas posteriores

Ante un brote, la especialista recomendó tratar “el lote como un lote en cuarentena, trabajarlo de una manera diferenciada porque si las aves no han sido correctamente inmunizadas van a excretar el virus, y esa excreción se da durante 10 días posteriores a la infección, pero no ocurre en todo el lote al mismo tiempo, por lo que el proceso de excreción será más largo”. Las medidas posteriores incluyen desinfección, manejo de cama y tiempos de vacío.

“El tiempo de vacío ideal luego de un brote es de 21 días, y ya se puede disminuir considerablemente la carga viral, pero hay trabajos que indican que para tener cero presencia del virus a veces se necesitan más de 40 días”, puntualizó.

Análisis de riesgo

Finalmente, la doctora Carranza explicó que el análisis de riesgo toma en cuenta factores espaciales y geográficos. “En geográficos, se evalúa la distancia entre una granja afectada y otra de traspatio o con antecedentes de laringotraqueitis. En espaciales, se considera la dirección del viento, tomando un promedio de tendencia durante los 14 días posteriores al inicio de los signos clínicos en los galpones evaluados”, detalló.

Fuente: Claudia Carranza
Redacción: Publiagro