En un contexto donde la sostenibilidad agrícola se vuelve cada vez más urgente, los cultivos de cobertura —también conocidos como cultivos de servicio— han ganado protagonismo como una herramienta efectiva para mejorar la salud del suelo, reducir la erosión y aumentar la eficiencia productiva. A diferencia de los cultivos convencionales, estos no se siembran con el objetivo de ser cosechados, sino para cumplir funciones ecológicas específicas: proteger el suelo, fijar nitrógeno atmosférico, mejorar la estructura del terreno y su biodiversidad.
Carla Barranco, técnica del área de desarrollo, explicó que se están impulsando estrategias concretas para que los productores de la zona norte adopten estas prácticas.
“Se está incentivando para el productor de la zona norte a implementar los cultivos de cobertura o de servicio. En la zona norte hay un 95% de erosión de los suelos, compactados, y una buena estrategia es el cultivo de cobertura para recuperar el suelo”, sostuvo.
Existen diferentes alternativas para aplicar estos cultivos de cobertura, ajustándose a las características del suelo de cada productor. Uno de los esquemas recomendados es el uso de maíz combinado con Mombasa.
“Al ser gramíneas ambas, ayuda a suprimir malezas y retiene humedad en el suelo”, indicó Barranco.
Otro cultivo destacado es el trigo morisco, cuyas raíces tienen micorrizas que contribuyen a la disponibilidad de fósforo.
“Esta ayuda en la fijación del fósforo para tener fósforo 100% disponible para el cultivo sucesivo o entrante”, explicó la técnica.

“Queremos concientizar a todos los agricultores y que realicen estas estrategias, que ayudan a su rentabilidad así como al suelo. No nos olvidemos que el suelo es un organismo vivo que necesita ser alimentado y lo correcto es devolver lo que nos brinda”


En cuanto a las leguminosas, la Mucuna Gris, Negra y Enana se presentan como opciones valiosas por su capacidad de fijar nitrógeno y eliminar malezas. Al ser una maleza rastrera, suprime totalmente las malezas que van a venir, un banco de semillas, por ejemplo, te las suprime y ayuda a retener humedad en el suelo.
El mileto, por su parte, es un cultivo de ciclo corto muy utilizado en la zona norte, que ayuda a restructurar el suelo, deja potasio disponible para el cultivo siguiente y brinda un buen porcentaje de materia seca. De igual manera, el sorgo forrajero se destaca por su capacidad de aportar gran cantidad de materia verde, con hasta dos o tres cortes por ciclo. “Va a ayudar en un buen porcentaje de materia seca, suprime malezas y descompacta el suelo, además de ser una excelente alternativa forrajera”, indicó Barranco.
Otro cultivo con ventajas específicas es la crotalaria, que tiene un efecto biocida natural. Este cultivo exuda en su raíz un compuesto que se llama monocrotalina; esto ayuda a bajar nematodos y disminuir las enfermedades del suelo. Y algo muy interesante es que aporta alrededor de 500 kilogramos de nitrógeno, lo que es equivalente a una tonelada de urea viendo el costo-beneficio que da este cultivo.
La lista continúa con el Lab Lab, una leguminosa rastrera que también actúa como supresora de malezas y deja el terreno limpio para el cultivo siguiente. Y para quienes buscan un enfoque integral.
Barranco resaltó el uso de un mix de cobertura: “Estamos realzando que sería el mix ideal para la descompactación del suelo, porque lleva una brachiaria ruziziensis, crotalaria, mileto y nabo forrajero”.
Finalmente, Barranco hizo un llamado a la conciencia y a la acción por parte de los productores.
“Queremos concientizar a todos los agricultores y que realicen estas estrategias, que ayudan a su rentabilidad así como al suelo. No nos olvidemos que el suelo es un organismo vivo que necesita ser alimentado y lo correcto es devolver lo que nos brinda”, concluyó.
Fuente: Carla Barranco
Redacción: Publiagro

















