Los expertos sostienen que los incendios forestales del año 2019 fueron un verdadero desastre al quemarse ese año 28.425 hectáreas y ahora vuelve el terror de las autoridades y habitantes de las zonas ante el temor de que nuevamente el fuego arrase con los bosques llenos de fauna y flora silvestre.

La Chiquitanía es el nombre de una extensa llanura de Bolivia, ubicada en la zona transicional entre el Gran Chaco y la Amazonia hoy de nuevo amenazada por pavorosos incendios que se producen a diario y que han consumido cientos de miles de hectáreas, las cuales, según afirman los expertos, tardarán más de 100 años en regenerarse.
Un informe especial de la Red Unitel presentado desde las regiones de Tucabaca y Ñemby Guasu, a través del programa La Revista muestra el drama que se palpa en esa extensa región del departamento de Santa Cruz.
Hace dos años los incendios forestales devoraron gran parte de la vegetación en la Chiquitanía y quedan aún grandes cicatrices, Miles de animales y vegetación fueron devorados por las llamas en esa ocasión y hoy de nuevo ya comienza a apreciarse el mismo y tenebroso escenario.
Cien años para la recuperación
Los expertos afirman que la recuperación de los bosques se realizará de forma natural, pero demora cien años para ver de nuevo esos bosques como lo eran anteriormente.
El incendio de 2019 fue considerado de quinta generación, algo que consideran fue catastrófico y ahora la lucha de decenas de bomberos, personal del ejército y voluntarios está centrada en impedir que ese dramático panorama se repita, aunque la situación se torna desde ahora difícil de poder controlarla.
El valle de Tucabaca es un área protegida con una superficie de 262.305 hectáreas (Ha). De acuerdo a los registros de las autoridades en 2019 se quemaron 28.425 Ha.
Hoy puede apreciarse esa zona totalmente devastada con árboles chamuscados formando un ambiente tétrico que no puede repetirse.
Juanito Cuellar, un agricultor de Santiago de Chiquitos, cultiva yuca, naranjas y limones, pero en vista de la situación presentada con el incendio de los bosques es además un bombero forestal, junto a otros comunarios.
«Gran parte de los bosques no se han quemado, porque nosotros los hemos defendido», refiere el campesino.
En Tucabaca existen 55 especies de vegetación nativa el lugar y de acuerdo al experto Julio Zebers, de la Unidad de Gestión de Riesgo, el bosque quemado por sí mismo se auto regenera. Por ello considera que no se debe emplear la mano del hombre para restaurar esa tierra quemada.
En lo referido a fauna en Tucabaca habitan 553 especies de animales silvestres que le dan a esa selva un ambiente realmente maravilloso, según lo considera el biólogo alemán Steffen Reichle, quien hace 27 años vino a realizar unos estudios y desde esa época se quedó a convivir con la naturaleza que ofrece la Chiquitanía.
«Aquí se pueden apreciar aves diferentes, roedores, anfibios y en general animales que sorprenden a muchos y por ello se debe proteger».

Richard Rivas, director del área protegida de Tucabaca señala que una parte de la fauna se ha visto afectada, en especial la microfauna.
Considera que la región quemada no se precisa reforestar, aunque sí estima necesario la puesta en marcha de un plan forestal con los tres niveles de gobierno para proteger toda la zona de los incendios.
En la zona sur de la provincia de Santa Cruz se encuentra la provincia Cordillera y en ella está el área de conservación Ñemby Guasu, palabra guaraní que significa «el gran escondite».
A ese lugar acompañó al equipo de Unitel el biólogo Reichle, quien manifiesta que el impacto ambiental es irreversible.
«Lo que ocurrió en 2019 fue como una bomba de fuego. Todo lo que vivía en esa región pereció por la acción de las llamas y ahora apenas se puede apreciar las primeras plantas que empiezan a salir, pero tardarán muchos años en regenerarse».
En efecto, hasta el momento solo se ha recuperado el tres por ciento de los bosques que se perdieron, señalan los estudios realizados por los especialistas.
Pese al desastre presentado hace dos años, la vida silvestre regresa lentamente al lugar. Ya se pueden apreciar en Ñemby Guasu diferentes animales silvestres que regresan a hacer su vida en los bosques que se habían quemado.
Los asentamientos es otro peligro
Pero no son solo los incendios los que afectan la extensa zona, sino los asentamientos humanos que ha otorgado el INRA para las áreas protegidas.
En total se han otorgado 81 asentamientos de tierras en la zona sur del Ñemby Guasu lo que para muchos no debería presentarse por considerar que son zonas en resguardo y, por tanto, de acuerdo al Reglamento General de Áreas Protegidas, solo pueden otorgarse concesiones de uso con fines de protección de la biodiversidad, investigación científica y ecoturismo.
Prudencio Guarumba, uno de los protectores de la Chiquitanía señala que no hay asentamientos de personas, pero si los han otorgado, lo que podría significar que muy pronto podrían estar habitados.
«Hemos solicitado al INRA que no siga otorgando más asentamientos de personas para estas zonas de la Chiquitanía», recalcó para finalizar.
Fuente: Unitel














