La cadena de uvas, vinos y singanis genera más de 5.000 puestos de trabajo y factura anualmente unos $us 200 millones. El sector considera muy alto el monto desde el que se penaliza al contrabandista

Debido al incremento del contrabando en las fronteras del sur del país, particularmente en Tarija, cada vez más, el sabor amargo gana terreno en la actividad vitivinícola boliviana.
Desde la Asociación de Industriales Vitivinícolas de Bolivia (ANIV), informaron que, debido a una escalada sin precedentes del contrabando, la demanda de uva boliviana, en esta cosecha que termina fue menor en un 35% con respecto a 2020.
Luis Pablo Granier, presidente de la ANIV y de la bodega Campos de Solana y singani Casa Real, explicó que esta merma en la compra del principal insumo para la elaboración de estas bebidas se debe a que la competencia de marcas argentinas y brasileñas, que ingresan de forma ilegal al mercado boliviano, han afectado la rentabilidad de las pequeñas, medianas y grandes bodegas nacionales.
Granier detalló que la cadena de uvas, vinos y singanis es la actividad productiva más importante del sur de Bolivia, generando más de 5.000 fuentes de empleo directo e indirecto a escala nacional.

El empresario sostuvo que dejar de comprar un 35% de la uva cosechada significa provocar un daño económico a unos 1.000 productores, de los 4.200 que se dedican a esta actividad y que en conjunto con la industria vitivinícola generan más de $us 200 millones anuales, aportando, de acuerdo con Granier millones de dólares en impuestos. Además, de convertir la industria en motivo de identidad y orgullo boliviano.
El titular de ANIV calculó que actualmente el consumo de vino de contrabando en Bolivia es de un 40% y que su incremento se debe a la fuerte devaluación del peso argentino de los últimos años, lo que está provocando un aumento en el ingreso de productos del mercado negro hacia el país.
“La cadena de uvas, vinos y singanis crea un hilo productivo que tiene un impacto positivo y profundo en áreas rurales y urbanas. Genera el impulso de actividades económicas paralelas al sector, como la turística, y a través de su interrelación con la identidad tradicional tarijeña y boliviana, aporta a la cohesión social. Todo este ecosistema económico, social y cultural está seriamente amenazado por el mercado ilegal del contrabando”, observó Granier.
Fuente: El Deber














