
Con US$ 420 millones invertidos en biodiesel y etanol, Bolivia enfrenta desafíos estructurales que limitan la sustitución de combustibles fósiles y tensionan el uso de granos y caña para energías alternativas


A pocas semanas del cierre del mandato del presidente Luis Arce, el sector agrícola reflexiona sobre los proyectos de biocombustibles impulsados por su Gobierno, con una inversión estimada en US$ 420 millones. A pesar de la infraestructura instalada, los avances no alcanzan a cubrir la demanda del país, y generan presiones sobre insumos agrícolas clave.
Biodiésel: inversión sin cobertura real
Bolivia cuenta con dos plantas estratégicas de biodiésel: la Planta I en Santa Cruz, ya operativa desde marzo de 2024, y la Planta II en El Alto, cuya inauguración está prevista para septiembre. Ambas poseen una capacidad transformadora de 1.500 barriles diarios de biodiésel, elaborados a partir de aceite vegetal y reciclado. Sin embargo, según expertos, la producción está estancada y no logra reemplazar significativamente el diésel fósil, especialmente en ausencia de liquidez en dólares para completar procesos como HVO (hidrocarburos vegetales).
Etanol: producción en crecimiento pero limitada
Desde la promulgación de la Ley 1098 (2018), Bolivia ha expandido gradualmente su producción de etanol. YPFB compró 45 millones de litros en el primer año, y estima cerrar 2025 con 140 millones de litros, gracias a aumentos en la mezcla de etanol en gasolina de 8% a 10% ([turn0search0]). A pesar del avance, el consumo total de gasolina diaria alcanza 5 millones de litros, lo que requeriría hasta 600.000 litros de etanol diarios para una sustitución significativa ([turn0search2]).
Consumo de granos y caña: una tensión latente
Convertir cultivos como caña de azúcar y aceite vegetal en biocombustibles pone en riesgo la seguridad alimentaria. El uso de soya o caña para energía compite con el abastecimiento de alimentos y mercados internos, en especial cuando la soya es un motor de exportación agroindustrial vital para Bolivia ([turn0search1], [turn0search8]). Además, producir biodiésel implicaría consumir millones de litros de aceite de uso comestible, lo que encarece el mercado alimentario y reduce su disponibilidad.
Cuadro: Inversión vs. cobertura y consumo

*Estimación basada en consumo diario promedio de combustibles (~5 millones de litros de gasolina; ~100 mil barriles de diésel).

«Los proyectos de biocombustibles en Bolivia tienen potencial, pero están lejos de responder a la demanda interna, afectan la disponibilidad de cultivos alimentarios y revelan tensiones entre políticas energéticas y agropecuarias”


Bolivia ha destinado recursos importantes a biocombustibles, pero la realidad muestra una cobertura insuficiente ante la demanda nacional, desplazamientos en la producción de alimentos y una programación que todavía no logra estabilidad estructural. El futuro exige una planificación más equilibrada entre producción agroalimentaria y energías alternativas —y una política que permita competir sin comprometer la seguridad alimentaria ni el bienestar del productor boliviano.
Agropecuaria: Insumos, demanda y sostenibilidad de los biocombustibles en Bolivia
Insumos agrícolas requeridos y su participación en la producción nacional
Los proyectos de biocombustibles en Bolivia exigen cantidades significativas de granos y caña. Según los planes de mezcla obligatoria de biodiésel (5 %):
- Soya: Se necesitan hasta 505.000 toneladas anuales (~95.000 toneladas de aceite), lo que podría producir unos 105 millones de litros de biodiésel. Esto equivale a casi un 17 % de la producción nacional actual de soya (~3 millones toneladas).
- Para etanol, si bien no se precisan cifras exactas para Bolivia, modelos regionales muestran que sustituir entre 5 % y 10 % de la gasolina requiere una porción considerable de caña de azúcar, lo que puede restar hectáreas a cultivos alimentarios esenciales.
Palma aceitera: una alternativa de alta productividad
La palma aceitera surge como una opción prometedora:
- Produce hasta 5–7 veces más aceite por hectárea que cultivos de ciclo corto como la soya.
- En condiciones óptimas, una hectárea de palma puede generar 3.000 kg de aceite de palma y 750 kg de palmiste al año.
- Bolivia tiene zonas aptas para este cultivo en Beni, Pando, Cochabamba, Santa Cruz y el norte de La Paz.
Insumos requeridos para biocombustibles y su participación en la producción

(N/D: no disponible en fuentes consultadas)
El uso intensivo de soya para biodiésel eleva la competencia por el alimento y empuja los precios del aceite comestible a niveles que afectan al consumidor y al productor. Además, la expansión hacia palma aceitera trae ventajas productivas, pero también riesgos ambientales como deforestación y pérdida de biodiversidad si no se maneja con criterios de sostenibilidad y planificación territorial.
Redacción: Publiagro













