
Conocer la calidad de la harina y el aceite es clave para optimizar la digestibilidad, la conversión alimenticia y el rendimiento de los pollos

El procesamiento de la soya constituye una de las actividades agroindustriales más relevantes en Bolivia y el mundo, ya que permite transformar el grano en una amplia variedad de derivados de alto valor agregado destinados tanto al consumo humano como a la alimentación animal y a la industria. Su importancia radica no solo en el volumen de producción, sino también en la calidad de los productos finales, los cuales dependen de un adecuado control durante todo el proceso.
Para garantizar la calidad de estos derivados, es fundamental llevar a cabo una correcta evaluación del proceso de industrialización, que involucra desde la selección de la materia prima hasta las técnicas de extracción y refinación. Entre los parámetros más importantes a controlar se encuentran el contenido de proteína, humedad, acidez, índice de peróxidos y composición de ácidos grasos, ya que estos determinan la inocuidad, estabilidad y valor nutricional de los productos finales.
En el caso particular de la producción avícola, la nutricionista en aves, Maité Vidal, advierte que “no realizar un buen procesamiento de la soya puede generar un subcalentamiento, mal rendimiento en los animales generando una hipertrofia pancreática en el organismo en un intento del páncreas de reducir estos factores antinutricionales”.
Asimismo, explica que otro de los riesgos es el sobreprocesamiento, donde “la lisina hace unir azúcares en donde los aminoácidos no serán aprovechados, la proteína no es aprovechada ocurriendo una caída en los rendimientos de los animales”.
De esta manera, los factores que deben conocer y considerar los productores avícolas en relación con el procesamiento de la soya son los siguientes:

«No realizar un buen procesamiento de la soya puede generar un subcalentamiento, mal rendimiento en los animales generando una hipertrofia pancreática en el organismo en un intento del páncreas de reducir estos factores antinutricionales”


- Eliminación de factores antinutricionales: la soya cruda contiene inhibidores de tripsina, lectinas y otros elementos que afectan la digestibilidad y absorción de proteínas. Un tostado adecuado es crucial: si está insuficientemente procesada, las aves no aprovecharán bien las proteínas; pero si está sobreprocesada, se destruyen aminoácidos esenciales como la lisina.
- Contenido proteico y perfil de aminoácidos: la harina de soya es la principal fuente de proteína en la alimentación avícola. Es importante verificar el contenido de proteína bruta (aprox. 44–48%) y, sobre todo, la disponibilidad de aminoácidos esenciales como lisina, metionina y treonina.
- Nivel de energía metabolizable: parte de la energía proviene del aceite residual presente en la harina. El nivel de extracción durante el proceso influye directamente en la energía que podrán aprovechar las aves.
- Calidad del aceite de soya:en dietas para pollos de engorde y ponedoras, la inclusión de aceite de soya refinado o crudo desgomado mejora la conversión alimenticia y la palatabilidad. Es fundamental controlar la acidez y rancidez, ya que estos problemas pueden generar trastornos digestivos y oxidativos.
- Digestibilidad de nutrientes: una harina correctamente procesada asegura alta digestibilidad de proteínas y aminoácidos. Esto se traduce en mejores índices de conversión alimenticia (ICA) y crecimiento uniforme en el lote.
- Ausencia de contaminantes: es clave monitorear micotoxinas (aflatoxinas, fumonisinas, DON), así como contaminantes químicos o metales pesados. Estos no solo afectan la salud de las aves, sino también la inocuidad de la carne y el huevo destinados al consumo humano.
- Uniformidad y granulometría: una molienda adecuada evita la separación de partículas en el alimento balanceado. Esto garantiza que cada ave consuma una dieta homogénea y completa.
En conclusión, los productores avícolas deben prestar especial atención a la calidad de la harina y del aceite de soya que adquieren, asegurándose de que hayan pasado por un procesamiento correcto (tostado, extracción, refinación) y que cuenten con respaldo técnico a través de análisis de proteína, aminoácidos, energía y ausencia de toxinas.
La soya, correctamente procesada, se convierte así en un insumo estratégico no solo para el desarrollo de la industria avícola, sino también para la sostenibilidad de la producción agroalimentaria en Bolivia.
Redacción: Publiagro














