Bolivia detuvo la cacería de los jaguares que eran vendidos en el Asia

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El felino fue desapareciendo paulatinamente, pero con la acción de los organismos encargados se logró detener a numerosos traficantes que vendían partes del felino, especialmente los colmillos. Sin embargo, no se sabe si ahora podría tratarse también de nuevas modalidades para continuar con el comercio ilegal.

Bolivia ha empezado a actuar y participa en una de las campañas más fuertes a nivel latinoamericano que une a científicos con entidades públicas para detener la pérdida de una población de jaguar que se estima entre los seis mil y siete mil ejemplares dentro del país, reporta un portal de un medio informativo nacional.

Esta última cifra es optimista, según Marco Ribera, asesor científico de Operación Jaguar y socio de la ONG Savia, tomando en cuenta los incendios de 2019 en espacios importantes para el jaguar y la ausencia de incautaciones. hacen que muchos se pregunten ¿Qué está sucediendo con el jaguar en Bolivia?

Las grietas que facilitan el tráfico
Las primeras denuncias en voz alta del tráfico de colmillos y partes del jaguar fueron hechas por los científicos que lo estudiaban dentro de áreas naturales protegidas.

Rob Wallace, que lidera junto a Guido Ayala y María Viscarra un estudio de Wildlife Conservation Society (WCS) sobre la población de este felino en el Parque Nacional Madidi, cuenta que, en el 2014, en medio de la instalación de cámaras trampa, escucharon un mensaje en la radio que no habían oído desde el 2000, cuando comenzó el trabajo en la zona. Como quien coloca un aviso de compra de una cocina, el anuncio ofrecía comprar dientes de jaguar.

La Operación Jaguar, un proyecto desarrollado por la UICN en Holanda con la organización Savia en Bolivia, indica que entre el 2014 y 2016 se incautaron 760 colmillos.

Lo alarmante vino cuando hicieron los cálculos: 200 jaguares tuvieron que ser asesinados. Solo el servicio postal boliviano, Ecobol, descubrió 300 de estos en 16 paquetes que se dirigían a Asia.

Un año más tarde, en el 2017, los biólogos Ángela Núñez y Enzo Aliaga empezaron a reunir todos los casos conocidos y reportados ante distintas entidades públicas. Encontraron decomisos de partes de jaguar hechos durante inspecciones en casas o en detenciones asociadas a otros delitos.

También reunieron casos asociados a los avisos de radio, el método más usado para solicitar los colmillos, muchos de los cuales terminaron con la detención de numerosos involucrados.

En uno de ellos incluso se anunciaban los precios de los colmillos: entre $us 120 y $us150 cada uno. «Este ofrecimiento es un incentivo económico fuerte y tentador para los locales (…) los traficantes toman ventaja de estas necesidades», sostienen los especialistas.

Desde enero de 2019 hasta la fecha, la Policía Forestal Medio Ambiental y Ecológica (Pofoma) no volvió a reportar nuevos hallazgos de partes de jaguar.

«No sabemos si lamentar o estar felices de ya no haber recibido reportes sobre tráfico de jaguar en Bolivia, mucho menos denuncias», señala Rodrigo Herrera, asesor legal de la DGBAP del Ministerio de Medio Ambiente.

No están en condiciones de afirmar que se ha registrado una baja en el tráfico de este felino, pues podría tratarse también de nuevas modalidades para continuar con el comercio ilegal.

Sin embargo, lo que sí pueden confirmar es que el tráfico de otras especies de vida silvestre ha aumentado, incluidos otros felinos como el puma y el ocelote. «Sabemos que el mercado asiático no solo se provee del jaguar», dice Herrera.

La comunidad científica tiene claro que esta ausencia de incautaciones es una noticia alarmante.
«Los biólogos estamos preocupados por esta situación, lo hemos discutido en los talleres que se han realizado este año. Nos preguntamos si es que la judicialización de 21 casos de tráfico ha tenido efecto o es que están trabajando de formas menos evidentes, como hacen las mafias», comenta Marco Ribera de Operación Jaguar.

Fuente: Publiagro