miércoles, octubre 21, 2026
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El CIAT evalúa alternativas vegetales para mejorar el manejo del suelo agrícola

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Trigo Morisco, además de aportar nutrientes al suelo ya se usa en la industria/ Foto: Publiagro
Trigo Morisco, además de aportar nutrientes al suelo ya se usa en la industria/ Foto: Publiagro

Las parcelas demostrativas permitieron conocer las características y usos del trigo morisco, las leguminosas, el nabo forrajero y otras gramíneas de interés agrícola y pecuario

Dos variedades de crotalaria/ Foto: Publiagro
Dos variedades de crotalaria/ Foto: Publiagro

El Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT) trabaja con siete variedades de cultivos de servicio y cobertura orientadas a promover el cuidado del suelo y diversificar las alternativas de manejo en los sistemas productivos. Entre los cultivos está el  trigo morisco, frijol caupí, nabo forrajero, dos especies de crotalaria, sorgo forrajero y mijo, con diferentes usos agrícolas y pecuarios.

Abner Masibi, técnico del CIAT, explicó que los ensayos se desarrollaron en un suelo de textura franco arenosa y tuvieron como objetivo mostrar a los productores las funciones que cumplen estas especies, tanto en la protección del terreno como en la generación de biomasa y el aprovechamiento forrajero.

“Cada uno tiene su uso, una utilización diferente”, señaló Masibi, al destacar que la elección del cultivo depende de las necesidades del productor y del objetivo que se busque dentro del sistema de producción.

Trigo morisco: cobertura rápida y aporte de materia orgánica

Entre las especies presentadas, el trigo morisco fue destacado por su ciclo corto y su utilidad como cobertura vegetal. Según Masibi, el cultivo podría suprimirse o rolarse alrededor de los 50 días, de acuerdo con el manejo previsto, para dejar sus residuos sobre el terreno.

“Sirve como cobertura del suelo, sirve como colchón para evitar la erosión”, explicó el técnico.

Desde el punto de vista agronómico, la cobertura vegetal reduce el impacto directo de las gotas de lluvia sobre el suelo, limita el arrastre de partículas y ayuda a conservar la humedad superficial. Cuando los residuos se descomponen, aportan materia orgánica, que contribuye a mejorar la estructura y la actividad biológica del suelo.

El trigo morisco también tiene un aprovechamiento comercial, ya que sus semillas se utilizan para elaborar harina sin gluten. De esta manera, el cultivo ofrece una alternativa que combina la protección del terreno con un posible uso alimentario.

Frejol caupí y crotalarias: leguminosas para los sistemas productivos

El frijol caupí, conocido también como frijol de ojo negro, fue otra de las especies incluidas en la muestra del CIAT. Además de su aprovechamiento alimentario, esta leguminosa puede utilizarse como cultivo de cobertura y contribuir al manejo de la fertilidad del suelo.

Una de sus principales características es su capacidad de establecer asociaciones con bacterias que fijan nitrógeno atmosférico en sus raíces. La cantidad que queda disponible para el cultivo siguiente depende de factores como la biomasa producida, las condiciones del suelo y el manejo de los residuos.

 El ensayo también incluyó dos especies de crotalaria: Crotalaria spectabilis y Crotalaria juncea. Masibi explicó que estas se destinaban principalmente a la incorporación de biomasa al suelo.

Su uso como abono verde permite generar residuos vegetales que, al descomponerse, contribuyen al reciclaje de nutrientes y al incremento de la materia orgánica. La elección de la especie y el momento de manejo son importantes para aprovechar sus beneficios dentro de la rotación agrícola.

 

“Estamos incentivando para que también la gente conozca”

Abner Masibi, técnico del CIAT/ Foto: Publiagro
Abner Masibi, técnico del CIAT/ Foto: Publiagro

Nabo forrajero: raíces que contribuyen al manejo del suelo

El nabo forrajero formó parte de las alternativas evaluadas por el CIAT, tanto por su potencial de cobertura como por su utilización en la alimentación animal.

Masibi señaló que esta especie también se aprovechaba para el ganado y destacó su palatabilidad. Desde el punto de vista técnico, el nabo forrajero desarrolla una raíz pivotante que puede explorar capas más profundas del perfil y generar canales biológicos que favorecen el movimiento del agua y el crecimiento posterior de otras raíces.

Además, puede captar nutrientes residuales y contribuir a reducir la erosión cuando logra una cobertura suficiente. Sin embargo, sus beneficios dependen de las condiciones del suelo, el establecimiento del cultivo y su combinación con otras especies cuando se necesita una protección más completa de la superficie.

Sorgo forrajero y mijo: biomasa para la alimentación del ganado

La muestra se completó con sorgo forrajero y mijo, dos gramíneas que pueden producir biomasa y utilizarse en sistemas de alimentación animal.

El sorgo forrajero se emplea para producir forraje destinado al pastoreo o la conservación, según el material genético y el manejo aplicado. El mijo también puede aportar cobertura vegetal y biomasa, además de utilizarse como alimento para el ganado.

Como cultivos de servicio, estas gramíneas pueden ayudar a proteger la superficie del suelo, reducir el impacto de la lluvia y aportar residuos vegetales. Sus sistemas radiculares también contribuyen a mantener la estructura del terreno, mientras que la descomposición de sus restos favorece el reciclaje de nutrientes.

La selección entre estas especies depende del objetivo del productor, ya sea priorizar la generación de forraje, producir cobertura o incorporar biomasa al sistema agrícola.

El CIAT promueve el asesoramiento técnico a productores

Además de mostrar las características de los siete materiales, el trabajo del CIAT busca acercar estas alternativas a los productores y explicar sus posibles aplicaciones en campo.

Masibi señaló que la iniciativa pretende generar mayor conocimiento sobre los cultivos de servicio y promover el intercambio directo con los agricultores para identificar sus necesidades y orientar las recomendaciones técnicas.

“Estamos incentivando para que también la gente conozca”, expresó, al invitar a los productores a visitar las parcelas, consultar sobre las especies y conocer qué alternativas pueden adaptarse a sus sistemas productivos.

La experiencia permitió mostrar que los cultivos de servicio no cumplen una única función: algunos priorizan la cobertura y la protección contra la erosión; otros aportan biomasa, contribuyen al reciclaje de nutrientes o sirven como forraje. Su incorporación, de acuerdo con los objetivos de cada establecimiento y las condiciones locales, puede complementar las estrategias de conservación del suelo y diversificación productiva.

Fuente: Abner Masibi

Redacción: Publiagro