En las comunidades indígenas tsimanes del departamento del Beni, la producción y comercialización de plátano representa una actividad marcada por largas jornadas de trabajo, dificultades de transporte y bajos precios de venta. Para muchas familias, llevar su producción hasta los centros de comercialización implica horas de navegación y elevados gastos en combustible que reducen aún más sus ingresos.
Los racimos de plátano son trasladados desde las zonas de producción hasta la playa de la comunidad Puerto Arenales mediante pequepeques, pequeñas canoas de madera construidas tradicionalmente a partir de troncos de árboles y equipadas con motores que funcionan a combustible.
El tiempo de traslado depende de la distancia y de las condiciones del río y puede extenderse entre una y cuatro horas. En algunos casos, los productores deben realizar recorridos todavía más prolongados para llegar hasta otros puntos de comercialización.
Esta situación genera un fuerte contraste entre el esfuerzo realizado y el precio que reciben por su producción. Un racimo de plátano puede comercializarse aproximadamente en Bs 20, mientras que el litro de gasolina llega a costar hasta Bs 30 en estas comunidades. La botella de dos litros, conocida popularmente como “bimbo”, puede alcanzar los Bs 60.
Manuel Cari, productor de la comunidad Ivasichi, relató que tarda aproximadamente cuatro horas en llegar hasta el punto donde comercializa su producción. Según explicó, el transporte representa uno de los principales gastos para las familias productoras.
“Los pequepeques funcionan con gasolina que conseguimos en 30 bolivianos el litro, es muy caro”, señaló.


A las dificultades del transporte se suma el bajo precio de comercialización. Los productores aseguran que, pese al esfuerzo y los costos que implica sacar la producción de las comunidades, los ingresos obtenidos no siempre compensan la inversión realizada.
Juan Canchi Cari, profesor indígena tsimane y productor, explicó que en su caso puede tardar hasta dos días en llegar hasta Misión Fátima para comercializar su plátano.
“Traemos a vender para que no se nos pierda la cosecha, porque no ganamos. Vendemos a veces por docena, de 5 a 7 bolivianos. No estamos bien pagados, pero tenemos que vender”, explicó.
La situación refleja las dificultades que enfrentan las familias productoras tsimanes para insertar su producción en los mercados. Las largas distancias, la dependencia del transporte fluvial, el elevado costo del combustible y los bajos precios de venta configuran un escenario en el que una parte importante del esfuerzo y de los costos de producción no se refleja en el ingreso final de los productores.
Para estas comunidades, comercializar el plátano no solo significa generar ingresos, sino también evitar que la cosecha se pierda. Sin embargo, el reducido precio que reciben por sus productos frente al costo del transporte y del combustible mantiene a las familias en una situación económica compleja.
Fuente: Beni lo Dice
Redacción: Publiagro


















