El cultivo de tarwi (Lupinus mutabilis), una leguminosa originaria de los Andes y considerada uno de los alimentos con mayor contenido de proteínas de la región, comienza a despertar interés como una alternativa para diversificar la producción agrícola en los valles cruceños. Productores e investigadores realizan ensayos con diferentes variedades para evaluar su adaptación a las condiciones agroclimáticas de la zona y su potencial como cultivo de rotación.
El empresario y productor Edil Durán Álvarez destacó que el tarwi reúne características que podrían beneficiar tanto a los agricultores como a los sistemas productivos de la región, especialmente por su aporte a la recuperación de suelos y su valor alimenticio.
«Haciendo un trabajo de investigación precisamente del tarwi,que tiene diferentes variedades y que ya se están manejando, obviamente, con profesionales viendo precisamente las características y las bondades de este cultivo, y tratando de quererlo difundir acá en los Valles¨.
Una alternativa muy interesante para el productor, porque es un cultivo diferente, es un cultivo que también aporta para hacer una rotación, digamos, de nuestros campos, aporta, mucho nitrógeno en el suelo, y sería una gran alternativa para tener para productores en la zona.
El productor explicó que las investigaciones buscan determinar el comportamiento de diferentes materiales genéticos y promover un cultivo que contribuya a mejorar la sostenibilidad de los sistemas agrícolas de los valles cruceños, donde la diversificación y el manejo adecuado de los suelos representan desafíos permanentes para los agricultores.
Un cultivo estratégico para la agricultura sostenible
El tarwi, también conocido como chocho o lupino andino, es una leguminosa cultivada desde tiempos preincaicos y adaptada a diferentes pisos ecológicos de la región andina. En Bolivia su producción se concentra principalmente en los departamentos de Cochabamba, La Paz, Potosí, Chuquisaca y Tarija, aunque en los últimos años se han impulsado investigaciones para ampliar su cultivo hacia otras regiones con condiciones favorables.

Desde el punto de vista agronómico, el tarwi constituye una excelente alternativa para la rotación de cultivos debido a su capacidad de establecer una relación simbiótica con bacterias del género Bradyrhizobium, las cuales fijan nitrógeno atmosférico y lo incorporan al suelo. Este proceso reduce la necesidad de fertilizantes nitrogenados y mejora la disponibilidad de este nutriente para los cultivos posteriores.
Además de aportar importantes cantidades de biomasa vegetal, el cultivo deja residuos orgánicos que favorecen el incremento de la materia orgánica del suelo, mejoran su estructura, aumentan la retención de humedad y contribuyen a disminuir los procesos de degradación y erosión. Estas características resultan especialmente valiosas en áreas donde los suelos presentan deficiencias nutricionales o han sido sometidos a una explotación intensiva.
Alto valor nutricional
El tarwi también destaca por su sobresaliente composición nutricional. Sus semillas contienen entre 40% y 50% de proteínas de alta calidad, porcentaje superior al de muchas otras leguminosas, además de entre 18% y 24% de aceites ricos en ácidos grasos insaturados beneficiosos para la salud cardiovascular.
Asimismo, constituye una fuente importante de fibra dietética, calcio, fósforo, hierro, magnesio y vitaminas del complejo B, lo que lo convierte en un alimento de gran valor para la seguridad alimentaria y la nutrición. Antes de su consumo, las semillas deben pasar por un proceso de desamargado mediante lavado y remojo para eliminar los alcaloides naturales presentes en el grano.
Además de su utilización en la alimentación humana, el tarwi puede emplearse como materia prima para la elaboración de harinas, bebidas vegetales, productos proteicos y alimentos balanceados destinados a la producción pecuaria, ampliando así las oportunidades de generación de valor agregado para los productores.
Los ensayos que actualmente se desarrollan en los valles cruceños buscan establecer qué variedades ofrecen un mejor comportamiento agronómico, mayor productividad y mejor adaptación a las condiciones locales. De confirmarse resultados favorables, el tarwi podría consolidarse como una opción para diversificar la producción agrícola, fortalecer la fertilidad de los suelos y ampliar la oferta de cultivos con alto valor nutricional en el departamento de Santa Cruz.
Fuente: Edil Durán Álvarez
Redacción: Publiagro



















